11 Julio 202115 Tiempo Ord

Homilia de Padre Phil Bloom
Stmaryvalleybloom.org
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Estamos en la quinta semana de nuestra serie sobre gratitud. Hemos hablado de gratitud por las pequeñas cosas y gratitud por las grandes cosas: la paternidad, los hijos y la patria. Hoy consideramos cómo podemos estar agradecidos incluso cuando experimentamos aflicción.

La semana pasada escuchamos a San Pablo decir: " llevo una espina clavada en mi carne, un enviado de Satanás, que me abofetea para humillarme". No sabemos exactamente cuál fue la "espina". Algunos consideran que puede haber sido una forma de lo que llamamos depresión. En Catholic Guide to Depression, el Dr. Keriaty explica que la palabra depresión no hace justicia a la aflicción. Sugiere un ligero desnivel en una superficie plana como una depresión en la carretera. El Dr. Keriaty responde: "La experiencia de la depresión, por el contrario, no es solo una bajada, sino un pozo oscuro y miserable. Es causa intensa y seria de sufrimiento mental, físico y espiritual".

Todos conocemos el desamparo cuando un ser querido, especialmente un joven, sufre depresión. El Dr. Keriaty y el P. Cihak muestra que hay ayuda disponible. Algunas personas piensan que los cristianos deberían confiar en la fe. Bueno, parte de la fe implica buscar los remedios naturales que Dios proporciona, en este caso, medicinas, médicos y terapias.

Al mismo tiempo, reconocemos que Dios tiene un proposito al permitir la aflicción. El Dr. Keriaty habla de los católicos y otros cristianos que ha tratado. Muestra cómo las prácticas espirituales como la meditación, el rosario, la asistencia a misa y la lectura de la Biblia pueden ser parte de la recuperación. El sufrimiento, si no llega a la desesperación total, puede llevar una persona a Dios.

En el evangelio de hoy, Jesús envía discípulos con poder para expulsar demonios y sanar a los enfermos. Las personas que sufren depresión pueden recibir oraciones, incluyendo la imposición de manos y la unción de los enfermos.

San Pablo sufrió múltiples aflicciones, incluido ese constante aguijón en su carne. Sin embargo, dice: "Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en élcon toda clase de bienes espirituales y celestiales...."

San Pablo considera a Jesús la fuente de todas las bendiciones. Él escribe: "Él (Jesús) es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra, lo visible y lo invisible ..." El universo fue creado a través de Jesús, que es la Sabiduría de Dios. Jesús también es el objetivo de la creación. Como nos dice hoy San Pablo, Éste es el plan que había proyectado realizar por Cristo, cuando llegara la plenitud de los tiempos: hacer que todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, tuvieran a Cristo por cabeza.

En la miseria de nuestro mundo, Dios obra en Cristo para unir todas las cosas en su plan perfecto. Debido a ese plan perfecto, San Pablo puede hacer esta declaración: "Porque esta leve y momentánea aflicción nos produce un eterno peso de gloria sin comparación..."

El próximo domingo escucharemos a San Pablo decir: "Jesús es nuestra paz". Confiar en Jesús abre nuevos mundos. No te lo pierdas.

Esta confianza no hace desaparecer el sufrimiento, pero nos permite vislumbrar el plan de Dios y saber que podemos sentir gratitud incluso en medio de la aflicción. Amén.


Homilia de la Parroquia Nuestra Senora de la Caridad del Cobre, Caracas
Homilia.org
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Todos somos creaturas de Dios. Pero hijos de Dios, no todos. ¿Cómo?!!! Unos sí y otros no.

“Son hijos de Dios los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios”, nos dice San Pablo (Rom 8, 14). Y San Juan lo declara al no más comenzar su Evangelio como para que lo tengamos bien claro desde el principio: “los que lo recibieron, que son los que creen en su Nombre, les concedió ser hijos de Dios” (Jn 1, 11-12).

¿Y no y que somos hijos de Dios por el Bautismo? Cierto. El Bautismo nos hace hijos de Dios. Pero cada vez que hemos pecado hemos renunciado a ese derecho, porque con el pecado rompemos nuestra relación con Dios. Pero ¡ánimo! que esa relación se re-establece con el arrepentimiento y la Confesión. Así, arrepentidos y absueltos, volvemos a ser hijos de Dios.

Y ¿qué significará ser hijo, hijo de Dios? Significa que podemos llamar a Dios “Padre”, porque realmente somos sus hijos. Pero ¡ojo! Tenemos que cumplir las condiciones de hijos.

Lo que significa “Padre Nuestro” es queDios es Padre de Jesucristo y Padre mío también. Y eso, porque Jesucristo no le bastó redimirnos, sino que quiso compartir su Padre con nosotros. ¿Qué tal? Adicionalmente, somos herederos: Con Cristo somos herederos también nosotros” (Ef 1, 11).

Y ¿cuál es nuestra herencia? El derecho al Cielo. Esa es nuestra herencia. ¡Nada menos! Y todos tenemos derecho a esa herencia. Lo que sucede es que muchos la rechazan (se ponen en contra de Dios) o la cambian por menudencias (por los placeres y por apegos materiales, por el pecado).

Entonces, el llegar a ser hijos de Dios y heredar el Cielo es una opción. Una opción abierta a todos, inclusive a los no-cristianos. Pero esa opción supone condiciones.

Una de estas condiciones es la fe en Dios y en su Hijo Jesucristo. Esto es lo que significa el “recibir” a Jesucristo que nos habla San Juan. Y recibirlo es aceptarlo a Él y aceptar todo lo que Él nos ha propuesto y nos exige.

Pero otra condición, consecuencia de esa fe, es que son hijos de Dios “los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios”. Y dejarse guiar por el Espíritu de Dios es ir aceptando la Voluntad de Dios para nuestra vida. Es ir descubriendo “el misterio de su Voluntad” (Ef 1, 9).

Así podremos llegar a ser santos e irreprochables ante Él (Ef 1, 4), y así recibir la herencia prometida: el Cielo en el momento de nuestra muerte y la gloria de la resurrección al fin de los tiempos en el Juicio Universal.

Ese es el camino de los hijos de Dios. Pero si nos quedamos siendo sólo creaturas, nos perdemos de todo esto.

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