30 Mayo 2021Santísima Trinidad

Homilia de Padre Phil Bloom
Stmaryvalleybloom.org
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Santísima Trinidad

Llamando a Dios por su Nombre Correcto

(30 de mayo de 2021)

Bottom line: cuando escogemos a Dios, el Dios verdadero: Padre, Hijo y Espíritu Santo, trae paz y libertad.

El domingo pasado concluimos los cincuenta días de Pascua con Pentecostés - Fiesta del Espíritu Santo. Este domingo estamos ante el misterio de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Me gustaría acercar a este misterio con una historia chistosa. Se trata de un hombre que se resbala al borde de un precipicio y de alguna manera agarra una rama. Empieza a gritar pidiendo ayuda.

Una voz desde arriba responde: "Yo te rescataré".

"Oh, gracias a Dios", dice, "¿Quién eres?"

"Lo que dices. Yo soy Dios y te rescataré, pero debes hacer exactamente lo que te digo".

"Cualquier cosa", dice el hombre.

La voz dice: "Suelta la rama y te sostendre en mis brazos".

El hombre mira hacia abajo, treinta metros más abajo ve el fondo. Vuelve la mirada hacia arriba y pregunta: "¿Hay alguien más allí?"

Bueno, tenemos la respuesta en la primera lectura de hoy:

Reconoce, pues, y graba hoy en tu corazón que el Señor es el Dios del cielo y de la tierra y que no hay otro. 

No hay otro. Podemos intentar sustituir otra cosa por Dios. Podemos intentar comer nuestro pastel y tenerlo también. No funcionará. C.S. escribió esto:

"Todo lo que llamamos historia humana - dinero, pobreza, ambición, guerra, prostitución, clases, imperios, esclavitud - [es] la larga y terrible historia del hombre tratando de encontrar algo más que Dios que lo haga feliz".

Los seres humanos, naturalmente, nos alejamos de Dios. Preferimos seguir nuestro propio camino y eso nos lleva a la miseria. Afortunadamente, Dios no nos dejó solos. Entró en la historia de la humanidad: Primero, formando un pueblo: el pueblo judío, luego enviando a su Hijo.

No fue fácil para Dios ya que nos creó libres y respeta nuestra libertad. Desde enero he estado escuchando el podcast La Biblia en un año del P. Mike Schmitz. Lee secciones consecutivas de la Biblia, dice una oración y hace breves comentarios. Aproximadamente al día 150, lo que me llama la atención es que la Biblia cuenta esta historia: por un lado, la infidelidad humana y por otro lado, la fidelidad de Dios. En el evangelio de hoy vemos el cumbre de esta historia. Jesús, muerto por hombres pecadores, resucita de entre los muertos. Justo antes de ascender al cielo, instruye a sus seguidores:

 Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

Ahora, hay mucho que podría decir sobre este versículo. La Arquidiócesis de Seattle está promulgando un plan pastoral basado en la Gran Comisión de Jesús. En lugar de entrar en detalles, me gustaría subrayar la importancia del "nombre".

De vez en cuando, di un nombre incorrecto. Por ejemplo, en una boda llamar a la novia “Jennifer” en lugar de Jessica. Créame, me corrigió el novio. Tengo que usur el nombre exacto.

Lo mismo pasa con Dios. Tenemos que usar su nombre correcto. Bautizamos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Ese es el verdadero nombre de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Para tener una relación con alguien, debes conocer su nombre correcto. Si sigo llamando a alguien "Fredi" en vez de "Franco", en el mejor de los casos podría divertirse, pero realmente no podríamos tener mucho de relación. Conocer el nombre de alguien es el primer paso.

Ahora, las relaciones humanas pueden crecer o debilitarse. Algo semejante se aplica a Dios. Aunque Dios siempre permanece fiel, podemos volvernos infieles. Cuando elegimos otra cosa en lugar de Dios, caemos en la tristeza, incluso en la esclavitud. Pero cuando escogemos a Dios, el Dios verdadero: Padre, Hijo y Espíritu Santo, trae paz y libertad. San Pablo lo resume así:

Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios. No han recibido ustedes un espíritu de esclavos, que los haga temer de nuevo, sino un espíritu de hijos, en virtud del cual podemos llamar Padre a Dios.


Homilia de la Parroquia Nuestra Senora de la Caridad del Cobre, Caracas
Homilia.org
Santísima Trinidad

El misterio de la Santísima Trinidad es el gran misterio: un solo Dios en tres Personas. Y es grande porque es grande como es Dios. ¡Grandísimo! Pero es grande también por lo imposible de entender. ¡Ni hablar de tratar de explicarlo!

Cuéntase que mientras San Agustín se encontraba caminando en la playa, preparándose para dar una enseñanza sobre el misterio de la Santísima Trinidad, se distrajo con un niño que está tratando de vaciar agua del mar en un hoyito que había hecho en la arena. Al preguntarle al niño qué estaba haciendo, éste le respondió que estaba tratando de vaciar el mar en el hoyito. “Pero, ¡estás tratando de hacer una cosa imposible!” Y el Niño le replicó: “No más imposible de lo que es para ti entender o explicar el misterio de la Santísima Trinidad”. Y desapareció el Niño.

Sin embargo, lo importante de este misterio no es explicarlo –que no podemos, de todos modos. Lo importante es vivirlo. Pero… ¿no será eso más difícil aún? … No tanto...

Recordemos que fuimos hechos -no para quedarnos aquí en la tierra- sino para vivir unidos a Dios en el Cielo… ¡unidos a la Santísima Trinidad! Pero desde aquí en la tierra podemos comenzar esa unión. ¡Woao! ¿Será posible? ¿Desde ahora mismo?

Bueno, fue Jesucristo el que nos habló de esa posibilidad: “Si alguno me ama guardará mi Palabra y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él” (Jn 14, 23). Es decir que Dios viene a vivir en el que Lo ama guardando la Palabra de Dios, o sea, en el que sigue lo que Jesús nos enseñó. Eso es amarlo. Entonces ¡sí es posible esa unión desde ahora!

De las Tres Divinas Personas, al Espíritu Santo es a Quien le toca la Santificación de todos y cada uno de nosotros. Y el Espíritu Santo nos va santificando, porque nos va haciendo cada vez más semejantes al Hijo. ¡Claro! Si lo dejamos hacer esto.

¿Y qué hace el Hijo? Jesús nos va mostrado al Padre y nos va llevando a Él. “Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquéllos a quienes el Hijo se los quiera dar a conocer” (Mt. 11, 27).

Entonces… ¿cómo podemos vivir el Misterio de la Santísima Trinidad desde aquí en la tierra? La clave está en dejarnos guiar por el Espíritu Santo. Eso significa que tenemos que ser perceptivos, dóciles y obedientes a lo que el Espíritu Santo nos vaya inspirando.

Y ¿cómo sabemos que las inspiraciones vienen del Espíritu Santo? No es tan difícil. Sabemos que vienen del Espíritu Santo, cuando esas inspiraciones nos llevan a buscar la Voluntad de Dios ¡y a cumplirla!

De esta manera podemos vivir en la tierra este misterio de la unión con la Santísima Trinidad. Eso es precisamente lo que significa la oración trinitaria con que comenzamos cada Misa: La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el Amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo esté con todos vosotros.

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