Home Lecturas Homilías Bilingüe Más Homilías
   
 
Homilies.net          18 Apr 2010         3 Pascua
  Las homilías se anuncian no más tarde que durante la semana antes del domingo que se necesitan.  
 


Homilia de Padre Phil Bloom

http://www.geocities.com/Heartland/2964/span.html
* disponible en inglés - ve homilías Inglés
3 Pascua
Todo Consiste en Estar Preparado
(18 de abril de 2010)


Tema básico: Para traer almas a Jesus, hay que pasar tiempo - diaramente - en oracion y hacer nuestra parte en mantener bien el barco y la red. Todo consiste en estar preparado.

En el evangelio de hoy tenemos una bella imagen de la Iglesia: Los discipulos, encabezado por Pedro, en un barco. Al mandato del Senor bajan la red y recogen una pesca enorme - ciento cincuenta y tres. El numero obviamente tiene significado - y puede decirnos algo sobre la Iglesia. Los primeros escritores cristianos dijeron que el numero implica que el Senor quiere incluir a todos los pueblos en su Iglesia. San Jeronimo nota que los zoologos de aquel tiempo identificaron 153 especies de peces. El numero indica que el Senor quiere que traigamos gente de toda nacion, lenguaje y grupo etnico.

Jesus desea que su Iglesia sea "catolica," es decir, universal. Jesus tiene algo para todo ser humano. Solo el puede satisfacer los anhelos mas profundos de toda persona.

La Iglesia por su naturaleza es catolica - destinada para todos. De hecho, se puede encontrar cristianos en casi todas las naciones del mundo. No obstante, tenemos largo camino para traer a todos a Cristo. Quizas nos sentimos frustrados que tantos estan saliendo de la red!

Tenemos mucho para aprender del Evangelio de hoy. Trabajaron toda la noche, sin pescar nada. Seguian trabajando a pesar de no ver resultados. Pero - precisamente en el momento cuando estaban agostados - Jesus les dijo echar la red. Como los apostoles tenemos que hacer las tareas requeridas, pero tambien estar listos para sorpresas, la presencia no esperada del Senor. El puede abrir una posibilidad - y aun nos sentimos cansados y desanimados - que puede ser el momento de mayor oporunidad. Cuantas veces en mis años como sacerdote he visto los mayores resultados de algo que no he planeado ni esperado. Shakespear dijo: We have a lot to learn from today's Gospel. They worked all night, but caught nothing. They kept at it even though they did not see results. But then - when they were bone tired, ready to call it a night - Jesus tells them to put out the nets. Like the apostles We must do our required tasks, but also be ready for surprises, the Lord's unexpected presence. He can open up a possibility - and even though we might feel exhausted and discouraged - that might be the moment of the greatest opportunity. How often in my years as a priest have I seen the greatest results from something I did not plan or expect. Shakespeare said:

Existe una marea en los asuntos humanos, que, tomada en pleamar, conduce a la fortuna; pero, omitida, todo el viaje de la vida va circuido de escollos y desgracias.

Eso aplica tamien a nuestra fe. Hay un momento para bajar la red, para la cosecha de almas. Para reconocer aquel momento requiere oracion diaria, estar atento a la voz del Senor. Muchas veces, me cuentan que sus preocupaciones sobre sus hijos y nietros que han caido de la practica de la fe. Les animo a pasar tiempo en oracion, especialmente ante el Santisimo. Quizas ellos no son las personas indicadas a decir una palabra a un hijo o nieto. Quizas el Senor enviara a otro - or tocara su corazon en una manera directa. Nuestra tarea es escuchar al Senor y estar listos para hablar o actuar cuando el indica. Para citar a Shakespeare otra vez: "Todo consiste en estar preparado." Tenemos que estar listos par oir la voz del Senor y actuar.

Hay algo mas: Tenemos que matener bien el barco y la red. Me acuerdo visitar a mis parientes en Croacia cuando era joven. Pase una semana con ellos. Eran pescadores. No solamente buscaban el mejor momento para echar la red, sino pasaron bastante tiempo cuidando la red, estando seguro que no habia lugares donde pesces legales podian escapar. Y desde luego, ellos constantemente revisaron su barco para asegurar que todo estaba bien.

Tu y yo tenemos que hacer lo mismo. Tenemos que mantener bien nuestra parroquia y diocesis. No solamente los edificios, sino nuestros programas y gente. Hay que entrenar seminaristas y otros ministros pastorales. Tenemos que trabajar duro en la educacion de nuestros jovenes. Tenemos que tener formas de responder a una variedad de necesidades. Tenemos que mantener bien el barco y la red.

Tu tiene tu parte. No voy a hablar de la Peticion Catolica Anual este fin de semana, pero quiero insistir: El Senor quiere que su Iglesia - guidada por el sucesor de Pedro - traiga gente de todo rincon. Jesus quiere que su Iglesia sea Catolica (universal) porque solo el puede satisfacer los anhelos mas profundos de toda persona. Para traer almas a Jesus, hay que pasar tiempo - diaramente - en oracion y hacer nuestra parte en mantener bien el barco y la red. Todo consiste en estar preparado.

**********

Note: If your computer brings up this page with weird characters (e.g. báásico instead of basico with accent over the "a") please go to "View," scroll down to "Encoding" and change from "Western European" to "Unicode" (or vica versa). One of the encoding languages should bring up the correct Spanish text.

English Version
Back to Top
Homilia de la Parroquia Nuestra Senora de la Caridad del Cobre, Caracas
http://www.homilia.org
3 Pascua
DOMINGO 3 del Tiempo de Pascua- 
Ciclo "C" -
18 de Abril de 2010-

Jesús resucitado sorprendió varias veces a sus Apóstoles y discípulos apareciéndoseles en las maneras más inesperadas. Una de estas apariciones, la tercera, fue en la playa del Lago de Tiberíades. Nos la narra el Evangelio de hoy (Jn. 21, 1-19). Estaban siete de ellos en una barca, regresando de una noche de pesca infructuosa y, al amanecer, “alguien” les dijo desde la orilla: “Muchachos, ¿han pescado algo ... Echen las redes a la derecha de la barca y encontrarán peces”.

Jesús se aparece a los Apóstoles en el Lago de Tiberíades (pintado por William Hole)

Sorprende la docilidad de los Apóstoles quienes, sin la menor observación, obedecieron en el acto. Y sorprende, porque todavía no se habían dado cuenta que era “el Señor”. Puede haber sido que en su interior recordaran la otra pesca milagrosa en el mismo Lago de Genesaret o Tiberíades, cuando Jesús aún no había muerto y resucitado (Lc. 5, 4-11). Y por eso obedecen a este “desconocido” que les dice que hay pesca justo al lado de ellos.

¡Cuántas veces nos habla el Señor desde la orilla y no le reconocemos! Nos pasa como a los Apóstoles, pero no hacemos como ellos, sino que nos damos el lujo de despreciar las instrucciones del mismo Dios. Y -peor aún- cuántas veces, sabiendo que es El quien nos pide algo, no le hacemos caso, francamente le decimos que no o le ponemos dificultades, diciéndole que mejor dejamos el asunto para otro momento.

Pero el Señor siempre está a la orilla, esperándonos, esperando que nos desocupemos de “nuestras cosas”, esperando que le reconozcamos, que oigamos su voz y atendamos sus instrucciones.

¡Cuántas veces nos desgastamos pescando por nosotros mismos en el mar de nuestro quehacer diario, de nuestras preocupaciones cotidianas, de las presiones del trabajo y de estudio, sin escuchar al Señor y sin aprovechar su voz que nos guía! ¡Cómo se nos olvida que debemos buscar primero el Reino de Dios y que todo lo demás se nos dará “por añadidura” (Lc. 12, 31), todo lo demás se nos dará como bonificación extra, si realmente primero buscamos a Dios y hacemos su Voluntad!

Nos dice este relato que pescaron 153 peces y se impresiona el Evangelista San Juan, uno de estos pescadores, porque “a pesar de que eran tantos, no se rompió la red”. Milagro grande la pesca abundante, milagro pequeño que la red resistiera.

No siempre Dios interviene en forma que podamos decir sea milagrosa. Pero Dios siempre está presente y si nos fijamos bien, nos suceden una serie de “coincidencias”, que son como pequeños milagros en que Dios permanece anónimo ... si no nos damos cuenta de su presencia, si estamos tan ciegos que no vemos su intervención. Y la ceguera nos viene porque tenemos puestos los lentes opacos de la mundaneidad, que no nos dejan ver las manifestaciones de Dios en nuestra vida.

Pero ... volvamos a nuestra escena evangélica: la red llena de peces. ¿Se habrán recordado los cinco Apóstoles que en el momento que Jesús les pidió que lo siguieran, les había prometido hacerlos “pescadores de hombres” (Mt. 4, 19 y Mc. 1, 17).

¿Se habrá recordado San Pedro que enseguida de la otra pesca milagrosa Jesús le ratificó lo mismo a él personalmente: “serás pescador de hombres”? (Lc. 5, 10). ¿Habrán intuido los Apóstoles la relación entre esta pesca de peces y la pesca de hombres que tendrían que comenzar ahora?

El hecho es que Juan, el más joven, el discípulo amado, se da cuenta de quién es el hombre en la playa: “¡Es el Señor!”. Y San Pedro, el impetuoso, le pareció que para ver de nuevo a Jesús Resucitado era demasiado largo el tiempo que tomaba llevar la barca a la orilla ... y saltó al agua.

¿Nos apuramos nosotros y saltamos rápidamente, para encontrarnos con El Señor en la oración, en la Comunión, en la Confesión, o le damos larga a nuestros encuentros con Dios, porque tenemos encuentros más interesantes o cuestiones más importantes que hacer?

¡Qué delicadeza la del Señor! Los invita a desayunar. En la Ultima Cena les sirvió lavándoles los pies. Aquí, el Resucitado, les tiene preparadas las brasas para cocinar lo que habían pescado y pan para acompañar el pescado.

El Señor sabe que tiene que fortalecer la fe en su Resurrección a sus “pescadores de hombres” y no sólo les cocina, sino que come con ellos para que se den cuenta que no es un espíritu (Lc. 24, 39), sino que es El mismo vuelto a la vida. Pero debemos darnos cuenta, como se dieron cuenta los Apóstoles, que Jesús no tiene la misma vida que tenía antes, sino a una vida gloriosa. ¡Es Cristo Resucitado, anuncio de nuestra futura resurrección!

Y no sólo comparte con ellos este desayuno playero a orillas del lago, sino que aprovecha esta aparición suya, para dejarles instrucciones muy importantes.

A San Pedro le pregunta: “¿Me amas más que éstos?”. Y no se lo pregunta una sola vez, sino tres. Triple requerimiento de amor que se contrapone a la triple negación que Pedro le hizo durante la Pasión. Y Pedro, nos dice el Evangelio, se entristeció.

¿Por qué el dolor de Pedro? Debe haber recordado, por supuesto, cuando le dijo a Jesús que estaba dispuesto a morir por El, cuando le aseguró que nunca lo negaría. Y ¿por qué no pudo cumplirle? Porque se confió en sus propias fuerzas y tuvo miedo a correr la misma suerte que Jesús. Debe haberse dado cuenta de la seguridad que ahora el Señor le requería, cuando lo estaba dejando encargado del rebaño: “Apacienta mis corderos ... Pastorea mis ovejas ... Apacienta mis ovejas”.

Y ¿nosotros? ¿Podemos decirle al Señor que sí lo amamos, que sí nos entregamos a El y a su Voluntad ... sea cual fuere? ¿Sea que nos quiera hacer pastores o que nos quiera hacer ovejas fieles? ¿Sea que dejemos aquel pecado al que estamos apegados y que no nos deja libres para seguirle ... sea que le sigamos con esa cruz que nos es pesada porque no la hemos abrazado como El abrazó la suya?

¿Podremos responderle como Pedro: tres veces, sí te amo, Señor? ¿Nos entristecemos como Pedro por tantas veces que hemos entristecido a Jesús? ¿Tememos que nuestro sí no sea tan seguro, porque podríamos repetir los pecados ya confesados? ¿Tenemos miedo de prometer como Pedro que nunca negaría al Señor y que estaba dispuesto a morir con El, y no cumplir?

Puede ser, porque sabemos que nuestro sí de hoy no es garantía segura, pues somos débiles, pero confiando en la gracia divina y realmente queriendo ser fieles a Dios, la guerra está ganada, aunque perdamos una que otra batalla, en la lucha contra el pecado.

Y recordemos que el Señor no espera que seamos impecables sino que, confiados en El, pongamos todo nuestro deseo y volvamos a El cada vez que perdamos una batalla contra el pecado, acogiéndonos a su Misericordia Infinita en el Sacramento de la Confesión.

Sobre todo, tengamos muy en cuenta que, en la lucha contra las tentaciones, no podemos confiar en nosotros mismos. Nos puede suceder como a Pedro. En realidad, no podemos confiar en nosotros mismos para nada. Siempre orar, pero más que nunca en la tentación. “El que ora se salva y el que no ora se condena” (San Alfonso María de Ligorio).

Mientras el Evangelio nos muestra a Cristo Resucitado, revelándose en la tierra a sus Apóstoles, en la Segunda Lectura del Libro del Apocalipsis (Ap. 5, 11-14) el mismo Apóstol San Juan, uno de los pescadores de ese día en el Lago de Tiberíades, testigo de Cristo Resucitado en la tierra, nos narra la visión que tuvo del momento de la entrada del Cordero inmolado al Cielo, ahora glorioso.

Por El y por Dios Padre (“el que está sentado en el Trono”) cantan todas las criaturas, del Cielo y de la tierra, toda la creación: “alabanza, honor, gloria y poder, por los siglos de los siglos”.

“Y los cuatros vivientes respondían: ‘Amén’.” (Aunque para algunos los cuatro vivientes son la representación de los cuatro Evangelistas, la interpretación más coherente y teológica, dado que éstos seres dirigen la Liturgia Celestial, es que ellos simbolizan cuatro aspectos de Jesús: León, venció el León de la Tribu de David; Novillo –fue ofrecido en sacrificio: Hombre ­-Hijo del Hombre; Aguila –subió al Cielo. Esta interpretación es la de San Victorino y San Ambrosio, tomada del Curso sobre el Apocalipsis de San Juan del Padre Alain Marie de Lassus de la Comunidad de San Juan) (*)

Y los veinticuatro ancianos” (el pueblo de Dios fiel) “se postraron en tierra y adoraron al que vive por los siglos de los siglos”.

La Primera Lectura (Hech. 5, 27-32 y 40-41) nos muestra a un San Pedro fortalecido, ya después de Pentecostés, sin miedo alguno, cumpliendo su “Señor, Tú sabes que te amo”, entregándose a los designios divinos y realizando su misión de Pastor, respondiendo al jefe religioso de los judíos, el Sumo Sacerdote, que presidía el Sanedrín, organismo máximo de justicia civil y de asuntos religiosos en Israel.

“Primero hay que obedecer a Dios ante que a los hombres”, le responde decidido San Pedro.Da testimonio de Jesús resucitado: “El Dios de nuestros Padres resucitó a Jesús”. Culpa a los culpables de la muerte del Salvador de Israel, con toda claridad y franqueza: “a quien ustedes dieron muerte colgándolo de la cruz”.

¡Qué diferentes estos Apóstoles a los que vimos cuando la Pasión! Han recibido ya el Espíritu Santo, que “Dios da a los que le obedecen”, tal como nos dice San Pedro en este discurso. Y es así como no temen los castigos que les puedan acarrear sus veraces respuestas y sus francos testimonios. Los mandaron a flagelar, y más bien estuvieron “felices de haber sufrido esos ultrajes por el nombre de Jesús”.

Cristo, entonces, requiere el amor de parte de todos sus seguidores, pero más aún de los que van a ser sus pastores. Por supuesto, más aún de Pedro, a quien dejaba como Pastor Supremo, como el primer Papa de su Iglesia.

¿Y qué amor requiere Cristo de nosotros y de sus pastores? Amor es entrega, entrega absoluta a los designios de Dios y a su Voluntad. Entrega total hasta desgastarnos -si fuera necesario- en el servicio a El y a los demás, en la pesca de hombres y mujeres, jóvenes y adultos, niños y ancianos, que aún sigue y que nosotros debemos continuar, mucho más en este momento en que parece necesario re-evangelizar al mundo que nos rodea, difundiendo, como Cristo nos ha pedido, “la Buena Nueva a toda la creación” (Mc. 16, 15).

(*) www.homilia.org/preguntash/apocalipsis.htm

¿Podemos demostrar la Resurrección de Cristo? Resurrección ¿Fe o ciencia?

Resurrección ¿Fe o Historia?
Back to Top
Homilia de Padre Jesus Marti Ballester
http://jmarti.ciberia.es
3 Pascua    

Back to Top
These homilies may be copied and adapted for your own use; however, they may not be
commercially published without permission of the author.
 
 
Home         |     Lecturas      |      Comentarios       |       Homilías Bilingüe     |       Más Homilías 

e-mail: mail@Homilies.net
  Homilies.net is a non-profit contribution to the work of the Church  
©1999 - 2010 Homilies.net