VIERNES SANTO,
Conmemoración de la Pasión del Señor -
Ciclo "C" -
2 de Abril de 2010-
La Liturgia de este día, el más triste día de todo
el año, nos lleva a contemplar el misterio de la Pasión y
Muerte de Jesús. El ambiente en el Templo está preparado
para simbolizar el dolor de este día, mostrándonos los
conmovedores sufrimientos a los que estuvo sujeto nuestro Señor,
al cargar con nuestras culpas para redimirnos. Recordemos que fue El
-Cristo Jesús- Quien, siendo inocente de toda culpa, pagó
nuestro rescate a un altísimo precio: su propia vida, para que
nosotros -cada uno de nosotros- fuera liberado del secuestro en que
estábamos a causa del pecado original y a causa de los pecados
que nosotros mismos hemos ido añadiendo a la culpa inicial de
nuestros primeros progenitores.
En la Primera Lectura vemos al Profeta Isaías (Is. 52, 13 - 53,
12) describir las torturas a que fuera sometido nuestro Redentor. Y es
sorprendente que el Profeta -con casi siete siglos de
anticipación- hace esta descripción con un realismo tal,
que pareciera las hubiera estado presenciando en el momento mismo en
que Jesucristo las padeció.
La lectura de la Pasión según San Juan (Jn. 18 , 1 - 19,
42) que hemos leído hoy y la de los otros Evangelistas, nos
muestran cómo fue Jesús “triturado con el sufrimiento”. Y
el peor sufrimiento no fue el físico, ese martirio atroz que
terminaría por destrozar su Cuerpo y darle una agonía y
una muerte dolorosísima ... El peor sufrimiento fue el
sufrimiento moral al que fue sometido el Señor. El ya
había comunicado esa tristeza a los Apóstoles que se
había llevado consigo al Huerto de los Olivos. Nos dice el
Evangelio que “se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan;
empezó a sentir terror y angustia” (Mc. 14, 33). Y antes de
comenzar a orar les dijo: “Tengo el alma llena de una tristeza mortal.
Quédense aquí conmigo velando” (Mc. 14, 34).
Muchos sufrimientos pesaban sobre el corazón acongojado de
Jesús, mientras oraba al Padre. A estas traiciones, negaciones y
soledades de sus más cercanos, se añadían las
faltas, culpas y pecados de cada uno de nosotros. Todo esto pesaba
sobre el Corazón de Jesús y le llevaba a sentir esa
“tristeza mortal” que le refirió a sus Apóstoles. Pero la
mayor y más profunda tristeza fue la de saber cuán
desperdiciados serían los sufrimientos de su Pasión y de
su vergonzante muerte en la Cruz.
Y ¿por qué hablamos de desperdicio? Porque desperdicio es
el desprecio de todas las gracias que Jesús nos obtuvo con su
muerte en la cruz. Desperdicio es desaprovechar cualquiera de las
gracias de salvación, todas esas gracias innumerables
-infinitas- que nos obtuvo Cristo con su muerte ... gracias que
nosotros dejamos de aprovechar al no querer escucharlo .. al no querer
seguirle ... al creer que podemos nosotros disponer nuestra vida a
espaldas de El ... etc., etc., etc.
Y Jesucristo nos muestra lo contrario a todo esto con su Pasión
y Muerte que hoy recordamos. El fue obediente hasta la muerte ...
¿Y nosotros? ¿Somos obedientes a la Voluntad de Dios?
¿Somos humildes, reconociéndonos que n a d a s o m o s
... sin Dios ... que nada podemos sin El?
Jesús se nos muestra abatido, vencido por la debilidad, para
justamente destruir nuestro orgullo -esa tendencia tan fuerte que
tenemos todos los seres humanos y que está en la raíz
misma de cada pecado que cometemos. Jesucristo se mostró
fracasado ante la injusta persecución a que fue sometido, para
enseñarnos humildad y obediencia ante los designios de Dios
Padre ...
¿Y nosotros? ¿Qué pensamos del sufrimiento?
¿Qué pensamos de ese mandato del Señor en que nos
anuncia que nuestro camino debe ser igual al suyo? ¿Qué
pensamos de aquellas palabras de Jesús “el que quiera seguirme,
niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”? ...
¿Qué pensamos de este mandato del Señor? ...
¿Lo seguimos? ... ¿Realmente? ... ¿Nos negamos a
nosotros mismos y tomamos esa cruz que el Señor nos ofrece para
seguir sus pasos? ... ¿O más bien al primer indicio de
sufrimiento nos oponemos, cuestionamos a Dios, rechazamos sus designios
y hasta lo rechazamos a El por considerar que es “injusto” con
nosotros? ¿Pero ... es que no recordamos que el cristiano es
seguidor de Cristo? ¿Y en qué debemos seguir a Cristo?
... Pensémoslo bien: seguir a Cristo es seguirlo en todo ... Y
¿qué nos muestra Cristo el Viernes Santo? Nos muestra que
seguirlo a El es seguirlo también en el dolor y en el
sufrimiento.
Ciertamente, el sufrimiento humano no es querido por Dios. Recordemos
que el sufrimiento entró en el mundo a causa del pecado del
hombre. Sin embargo Dios permite el sufrimiento para la
salvación del hombre. Y Dios puede sacar -como de hecho lo hace-
un bien de un mal. Recordemos que los proyectos de Dios para cada uno
de nosotros son infinitamente mejores que los que nosotros podamos
proponernos ... pero a veces resultan incomprensibles, pues no estamos
en sintonía con Dios, sino con nosotros mismos y con las cosas
terrenas.
Recordemos que Dios nos ama ... y que nos ama infinitamente. Al estar
seguros de ese Amor Infinito de Dios nuestro Padre ... y estando en
sintonía con El a través de una oración sincera, a
través de una oración entregada a su Voluntad, podemos
estar confiados -incluso en los momentos más difíciles y
más dolorosos de nuestra vida- porque aquel accidente, aquella
enfermedad, aquel contratiempo, aquella persecución -estamos
seguros- forma parte del plan maravilloso de Dios para nuestra
salvación.
El camino de Cristo hacia el Calvario y la esperanza de su
Resurrección nos muestra el camino que hemos de recorrer
nosotros: no es en el triunfo terreno, no es en las glorias humanas,
donde está la salvación. Es en el sacrificio de uno
mismo, en la muerte de uno mismo, donde está el triunfo de la
Resurrección y de la Vida Eterna.
|