| |
http://www.geocities.com/Heartland/2964/span.html
* disponible en inglés - ve
homilías Inglés
Jueves Santo
|
Lavatorio de Pies y el Celibato
(1ero de abril de 2010)
Tema básico: Al lavarse los pies a los Apostoles Jesus subraya
una dimension esencial del sacerdocio - servicio humilde a la
disposicion de todos. Vemos ese servicio y disponibilidad en el carisma
del celibato.
Es bello celebrar con ustedes esta misa de la Ultima Cena. Siempre me
siento una intimidad especial porque los que vienen a la misa son las
familias centrales de la parroquia. En adicion a esa intimidad, la misa
tiene un significado particular este año porque estamos en las
misas finales del Año Para Sacerdotes. Muchos de ustedes han
rezado por mi y otros sacerdotes. El sacerdocio cristiano - como
ustedes saben bien - tiene su origen en la Ultima Cena: En esa comida,
Jesus tomo el pan y dijo, "Esto es mi cuerpo." Y con el vino, "Esto es
mi Sangre." Entonces hablando directament a los Apostoles, les dijo,
"Hagan esto en conmemoracion mia." El sacerdocio existe para cumplir
ese mandato: ofrecer el Cuerpo y Sangre de Cristo como memorial
perpetuo.
Jesus hizo algo mas a la Ultima Cena relaciona profundamente al
sacerdocio. Lo hemos escuchado en el evangelio: Antes de la comida, es
decir, mientras se reunian alrededor de la mesa, tomo una toalla y una
jofaina - y empezo a lavarles los pies. El gesto los sorprendio, pero
Jesus lo hizo por un motivo - un motivo que se relaciona al sacerdocio.
Jesus les lavo los pies porque quiere que su sacerdote sea un siervo
humildo - disponible a todos.
Pues, esto no es algo facil. No puedo decir que me gusta la idea de ser
un siervo - a la disposicion de todo el mundo. Y no puedo decirles
exactamente lo que significa (y no significa) pero me gustaria tocar
otro aspecto de ese servicio: el celibato sacerdotal. Desde tiempos
antiguos, el sacerdocio ha sido asociado con el carisma de celibato.
Sacerdotes no se casan y no tienen hijos, pero el motivo no es porque
no valoran el matrimonio y la familia. Al contrario - para nosotros
como cristianos, el matrimonio y la familia tienen valor supremo, mayor
que cualquier institucion humana. El sacerdote no se casa, no para
evitar dificultades, sino para servir a toda persona, sin distincion.
Un hombre casado tiene que poner a su senora - e hijos - primero, antes
de cualquier otra cosa (menos Dios).
Para el sacerdote es diferente: la Iglesia es su novia - todos son sus
hijos. Cada tiene un reclamo sobre el. Tiene que ser disponible a
lavarles los pies de todos. Eso es el significado del celibato
sacerdotal. El celibato es un carisma bello - y debemos atesorar ese
don, especialmente como parte del servicio sacerdotal.
Desgraciadamente, el celibata tiene un contexto negativo hoy. Es casi
una respuesta reflexivo, cuando se escucha de algun problema en la
iglesia, decir, "Oh, esto no sucederia si los sacerdotes pudieran
casarse." Por ejemplo: "No habria escasez de sacerdotes - o no
tendriamos la crisis de abuso sexual - si los sacerdotes pudieran
casarse."
Quizas si, quizas no. Desde mis 38 años como sacerdote, estoy
conciente que - a pesar de ser sencillo el celibato - que los casados
muchas veces hacen sacrificios iguales o mayores. Y nadie - casado,
soltero, divorciado, viudo - nadie lo tiene facil vivir los requisitos
de castidad: es decir, usar el don de sexualidad solamente en el
contexto de matrimonio: la union exclusiva de un hombre y una mujer por
toda la vida. La ensenanza es bien clara - pero dificil.
Vivir la castidad - especialmente jamas mirar a otra persona como
objeto - es un gran reto. Todos necesitamos perdon diario y gracia para
volver al camino correcto. Tristemente, vivimos en una cultura que
dice, "rendirse - castidad es imposible y el celibato es una locura." A
causa de eso, necesitamos el testimonio de celibato mas que nunca.
Y a pesar del negativismo hoy, jovenes siguen oyendo el llamado al
sacerdocio. Durante los ultimos catorce años he tenido el honor
de servir en el Comite de Seminaristas. Entrevistamos todo candidato
para el sacerdocio en la arquidiocesis. Es impresionante como el
Espiritu llama a jovenes.
Un ejemplo recien me impresiono profundamente - y tiene aplicacion
particular esta noche. Ese joven estaba sentado en la congregacion
durante la misa de Jueves Santo. Cuando el sacerdote empezaba a
lavarles los pies de doce hombres, el joven sentia un deseo de tomar el
lugar del sacerdote. Sabia en aquel momento que Dios estaba llamandole
al sacerdocio. El deseo siguio mientras fue a la universidad - y ahora
esta listo para entrar en el programa de formacion.
En pocos momentos hare el gesto de lavar los pies. Me gustaria si un
joven tuviera el deseo de tomar mi lugar. Como sacerdote, tendrias una
oportunidad unica para servir.
En algunas parroquias se lavan los pies uno al otro en toda la
congregacion. No lo haremos, pero quisiera invitarles a lavar los pies
a alguien durante el Triduo. Dejenme dar un ejemplo: Resulta que una
universitaria estaba visitando a su familia durante vacaciones de
primavera. Ella noto que su abuelita parecia cansada, quizas con dolor
y estres. Sorprendio a todos al preguntar, "Abuelita, puedo lavarte los
pies?" Luego trajo una jofaina y toalla. Al empezar a lavarle los pies,
las preocupaciones y angustia parecia desaparecer de la cara de la
abuelita, Al secarle los pies con la toalla, todos podian ver que la
señora estaba totalmente relajada.
Lavarle los pies a alguien significa gran cariño. Jesus lo hizo
por sus discipulos - y en imitacion de Jesus, les lavare los pies de
doce hombres esta noche. Para mi tiene un significado especial en este
Año para Sacerdotes. Al lavarse los pies a los Apostoles Jesus
subraya una dimension esencial del sacerdocio - servicio humilde a la
disposicion de todos. Vemos ese servicio y disponibilidad en el carisma
del celibato - que desde el principio ha sido asociado con el
sacerdocio. Si, el sacerdote es un hombre casado con hijos. Mi novia es
la Iglesia - y ustedes son mis hijos.
Con esto quisiera llamar a los hombres que representaran a los Doce
Apostoles.
**********
Versión Inglés |
|
http://www.homilia.org
Jueves Santo
|
Jueves Santo, La Eucaristía en la
Cena del Señor--
Ciclo "C"
1º de Abril de 2010-
El Jueves Santo, estamos conmemorando la Cena del Señor, la
Ultima Cena del Señor, la noche antes de su muerte.
Jesucristo instituyó el Sacramento de su Cuerpo y su Sangre, el
Sacramento de la Eucaristía, en la noche del Jueves, en que
tenía lugar la Fiesta de Pascua con sus discípulos, esa
Fiesta tan importante que todo el Pueblo de Israel celebraba y que nos
describe la Primera Lectura (Ex. 12, 1-14).
La Pascua significa el “paso” de Yavé, Quien pasó de
largo las casas de los Israelitas, sin hacer daño a sus
primogénitos, mientras hería a los primogénitos
egipcios.
Como la salida de los Israelitas de Egipto tuvo lugar enseguida de esta
última plaga, la tradición hebrea relacionó el
rito de la Pascua también con este éxodo y se
comenzó a dar a la sangre del cordero pascual un valor redentor,
pues gracias a la sangre los hebreos fueron rescatados -redimidos- de
la esclavitud de los egipcios.
Es así como el Señor y los discípulos se
encuentran celebrando esta fiesta la noche antes de la muerte de
Jesús, pues la instrucción recibida de Yavé era
esta: “Ese día será para ustedes un memorial y lo
celebrarán como fiesta en honor del Señor. De
generación en generación celebrarán esta
festividad, como institución perpetua”. Así leemos
al final de la Primera Lectura del libro del Exodo.
Pero sucede algo imprevisto en esa última celebración
pascual de Jesús con sus discípulos: Jesús,
después de comer la cena pascual, sustituye al cordero pascual
por Sí mismo. El se entrega como el “verdadero Cordero
Pascual” (Prefacio de la Misa de Pascua).
Ese verdadero Cordero es el que San Juan Bautista, su Precursor, nos
identifica cuando lo ve llegar al Jordán: ”Allí
viene el Cordero de Dios, el que carga con el pecado del mundo” (Jn. 1,
29).
También en el Apocalipsis se nos presenta a Cristo como Cordero,
sacrificado -“degollado”- sí, pero ya glorioso: “Digno es
el Cordero, que ha sido degollado, de recibir el poder y la riqueza, la
sabiduría y la fuerza, la honra, la gloria y la alabanza” (Ap.
5, 12). “Al que está sentado en el trono y al Cordero,
alabanza, honor, gloria y poder por los siglos de los siglos” (Ap. 5,
13-b).
Pero en la Ultima Cena también Cristo nos deja su Sangre
además de su Cuerpo. Recordemos que para el pueblo de
Israel, la sangre tenía un carácter sagrado, pues la
sangre es vida y, por tanto, tiene relación con Dios, dador de
la vida.
Más aun, la Alianza entre Yavé y su pueblo se sella
mediante un rito de sangre: la mitad de la sangre de las
víctimas se arroja sobre el altar que representa a Dios y la
otra mitad sobre el pueblo.
Eso lo vemos cuando, después de recibir el código de la
Alianza y de explicarlo a los Israelitas, Moisés hace ese ritual
y agrega estas palabras sobre el rito de la Alianza sellada con
sangre: “Esta es la sangre de la Alianza que Yavé ha hecho
con ustedes, conforme a todos estos compromisos” (Ex. 24, 3-8).
De allí que en la Ultima Cena, según nos refiere San
Pablo en la Segunda Lectura (1 Cor. 11, 23-26), también
Jesús cambió la sangre del cordero de la Antigua Alianza
por su propia Sangre. En efecto, al presentar el cáliz con
el vino, dijo: “Este cáliz es la Nueva Alianza, la cual se
sella con mi Sangre”.
Estaba el Señor anunciando su muerte al día siguiente y
su Sangre derramada en la Cruz.
Así, su Cuerpo entregado y su Sangre derramada hacen de la
muerte de Cristo un sacrificio único: sacrificio de
alianza, que sustituye la Antigua Alianza del Sinaí por esta
Nueva Alianza, en la cual el Cordero es Cristo, y en la que no se
derrama sangre de animales, sino la del mismo Cristo.
Y todo este sacrificio de Jesús, para nuestra
redención: todo esto por mí y para mí.
Y esta Nueva Alianza es perfecta, puesto que Jesús nos redime de
nuestros pecados y nos asegura para siempre el acceso a Dios y la
posibilidad de vivir unidos a El, mediante la recepción de su
Cuerpo y de su Sangre en la Comunión, Sacramento de
salvación que nos dejó instituido en el primer Jueves
Santo de la historia.
Por eso en el Salmo 115 cantamos: “Gracias, Señor por tu
Sangre que nos lava”. Este Salmo nos recuerda nuestros
compromisos –la Alianza- con el Señor y nos lleva al
agradecimiento por su sacrificio: “¿Cómo le
pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? …
Cumpliré mis promesas al Señor”.
Celebramos todos estos misterios y compromisos al conmemorar la Ultima
Cena del Señor cada Jueves Santo. El Sacramento de la
Eucaristía es el Regalo más grande que Jesús nos
ha dejado: todo su ser de Hombre y todo su Ser de Dios, para ser
alimento de nuestra vida espiritual, para unirnos a El.
El misterio del Cuerpo y la Sangre de Cristo es un misterio de
Amor. Dios Padre nos entrega a su Hijo para redimirnos del
pecado, para pagar nuestro rescate. ¡Qué precio para
rescatarnos! La Vida de Jesucristo, el Cordero de Dios, entregada
en la Cruz. Y esa entrega del Hijo de Dios por nosotros los seres
humano, se renueva en cada Eucaristía.
Después de la Misa Solemne de la Cena del Señor, cada
Jueves Santo en cada Iglesia Católica en el mundo, Jesucristo
mismo en la Sagrada Hostia, es trasladado a un Altar especial que se ha
preparado para allí ser adorado por todos los fieles que deseen
hacerlo la noche del Jueves Santo y al día siguiente, hasta
antes de comenzar el Oficio del Viernes Santo.
¿Por qué Cristo es el Cordero?
|
|
http://jmarti.ciberia.es
Jueves Santo
|
|
|
These homilies may
be copied and adapted for your own use; however, they may not be
commercially published without permission of the author. |
|
|