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4 Cuaresma
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Una Criatura Nueva
(14 de marzo de 20010)
Tema básico: El cielo no es un premio para hacer cosas buenas;
el cielo es una relacion con el Padre en Cristo - una relacion que nos
hace una criatura nueva.
Hace unos años la arquidiocesis de Seattle compro una casa de
retiros. El edificio habia servido bien por varias decadas - y la
arquidiocesis tenia que hacer una decision. Podia haberlo limpiado para
abrirlo en pocas semanas - o podia haberlo renovado completamente. La
arquidiocesis tomo la segunda opcion. Sacaron las paredes interiores y
crearon nuevos espacios con nueva plomeria, calefaccion, etc. Para
nosotros que habiamos usado el edificio en años pasados, la
renovacion parecia como un milagro.
Dios quiere hacer algo semejante para ti y para mi. San Pablo dice, "El
que vive segun Cristo es una criatura nueva." Dios no quiere hacer unos
pocos cambios cosmeticos; quiere renovarnos adentro y afuera.
A veces tenemos la idea que se puede ser salvado por hacer cosas
buenas. Eso fue la actitud del hijo mayor en la parabola de hoy.
Pensaba que podia exigir el amor del padre. "Mira todas las cosas que
hecho. Que duro he trabajado! Y no recibi nada. Merezco algo."
Pero el hijo mayor estaba equivocado. No podemos exigir el amor.
Igualmente, nadie puede exigir el cielo. El cielo es una relacion con
Dios - por Cristo - en la Comunion de los Santos. El cielo no es como
Seguro Social: se trabaja duro, se paga los mensuales; entonces al
cumplir sesenta y cinco años, lo tienes por derecho. El cielo no
es un derecho.
El hijo menor entendia que es el cielo. Dijo, "Padre, he pecado contra
el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo." Ese muchacho
sabia que no podia exigir el amor del padre. Solamente se puede
recibirlo como don gratis.
Escuchamos otra vez a San Pablo: "En Cristo, Dios reconcilio al mundo
consigo y renuncio a tomar en cuenta los pecados de los hombres."
Cuando aceptamos ese regalo, dice San Pablo, llegamos a ser una
criatura nueva.
Ser nueva criatura significa mucho mas que mejorar el exterior y
limpiar unos cuartitos. No, es una renovacion completa - un interior
enteramente nuevo.
Durante estas semanas finales de la Cuaresma, quiero ayudarles a tener
un corazon nuevo, un espiritu nuevo - ser criatura nueva en Cristo. Yo
tambien quiero ser criatura nueva. Uno de los mejores caminos es por
hacer una buena confesion.
Cuando recibimos el Sacramento de Reconciliacion, reconocemos que nos
hemos extraviado de la casa del Padre. Hemos buscado felicidad aparte
de Dios. Pero las cosas que prometieron felicidad, nos traicionaron.
Como el hijo menor, llegamos a ser solitarios, hambrientos. En ese
momento, tuvimos una opcion: Encerrarnos en un agujero o tragar la
soberbia - y volver a la casa del Padre.
Al hacer una buena confesion, decimos, "Padre, he pecado contra el
cielo - la Comunion de los Santos - contra ti." Admitimos nuestros
pecados. No requiere una lista larga. Lo que cuenta es levantarnos y
ponerse en el camino correcto.
Como sacerdote, trato de representar al Padre. Quisiera recibir a la
persona que viene. A veces, un judio u otra persona no-bautizado viene
a la confesion. Le escucho y rezo con el. A veces viene alguien que -
por ejemplo, a cuasa de su situacion de matrimonio - no puede comulgar.
Le escucho y rezo con el. La mayor alegria como sacerdote: dar la
bienvenida a la casa del Padre - en nombre de Cristo.
Esta semana (viernes a las siete de la tarde) habra nuestro Servicio
Penitencial de Cuaresma. Espero que muchos aprovecharan de esta
oportunidad. Si no se puede venir el dia viernes, la Arquidiocesis esta
ofreciendo el Sacramento de Reconciliacion todo el dia sabado en la
Catedral de Santiago, St. James.
Ahora es el momento. En solamente dos semanas, celebramos el Domingo de
Ramos - el comienzo de la Semana Santa. Celebramos lo que San Pablo nos
dice este domingo: "En Cristo, Dios reconcilio al mundo consigo." En el
Dios nos ofrece un don libre - la relacion filial con Dios, como parte
de la Comunion de Santos. El cielo no es premio por hacer cosas buenas;
cielo es una relacion con el Padre en Cristo - una relacion que hace de
alguien una criatura nueva. Si lo permitimos, nos renovara adentro y
afuera. Quiere que seamos una criatura nueva.
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Intercesiones Generales para el Tercer Domingo de Cuaresma, Ciclo C
(Sacerdotes Para la Vida)
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4 Cuaresma
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DOMINGO 4 del Tiempo de Cuarsma- Ciclo
"C" -
14 de Marzo de 2010-
Las lecturas de este Cuarto Domingo de Cuaresma siguen teniendo como
tema la conversión, idea central de toda la Cuaresma. El
Evangelio nos trae la muy favorita parábola del Hijo
Pródigo.
La Primera Lectura del Libro de Josué (Jos. 5, 9-12) nos
presenta la celebración de la primera Pascua de los hebreos ya
en la Tierra Prometida. “Todo lo viejo ha pasado. Ya todo
es nuevo” (2 Cor. 5, 17-21), nos dice San Pablo en la Segunda
Lectura. En efecto, atrás quedó la purificación de
40 años en el desierto y el maná como alimento
diario. Dios ha perdonado las infidelidades de su pueblo y les ha
dado un suelo del que comerán frutos sacados de la tierra.
Comieron los frutos sacados de la tierra
En el Evangelio, también “lo viejo pasa y ya todo es nuevo” al
regresar el hijo pródigo a la casa del padre y al ser perdonado
por ese padre terrenal de esta bella historia, con el cual Jesús
trata de describirnos cómo es su Padre, nuestro Padre, Dios.
Pero ... ¡cuántas veces no nos hemos escapado de Dios,
huido de El ... y hasta hecho como el hijo pródigo, el cual tuvo
la osadía de pedir su herencia antes de irse de la casa de su
padre! ¡Y qué lección tan bella nos ha dejado
Jesús en su Evangelio con esa historia del hijo pródigo
para explicarnos cómo es con nosotros nuestro Padre, Papá
Dios. (Lc. 15, 1-3 y 11-32).
Esa parábola, junto con la de la oveja perdida, nos hablan con
maravillosa elocuencia sobre el Amor y la Misericordia de Dios.
La del hijo pródigo tal vez sea una de las parábolas
más conocidas del Evangelio. El hijo que gastó toda
la herencia, herencia que ni siquiera le
correspondía. Es la historia de cada uno de nosotros
cuando hemos desperdiciado las gracias que Dios nuestro Padre nos ha
dado, sin siquiera merecerlas.
El hijo, lleno de egocentrismo, de deseos de libertad, sin pedir
opinión -mucho menos permiso- y sin importarle cómo
se sentiría su padre, se va de la casa con el mayor
desparpajo. Y ya sabemos la historia. Tenía que
sucederle lo que le sucedió: despilfarró todo y
llegó a la indigencia total. Tan grave era su necesidad
que quiso comer de la comida de los cerdos, pero no lo dejaban.
No le quedó más remedio que regresar a casa.
¡Cuántas veces no hemos hecho nosotros lo mismo con
nuestro Padre Dios!
Nos hemos ido de su lado, en busca de independencia, sin contar con lo
que son sus deseos e instrucciones. Deseos e instrucciones que
son para nuestro bien. Pero como no las analizamos con un
mínimo de sabiduría, solemos pensar que son para
limitarnos, molestarnos o causarnos
inconvenientes.
Peor aún es nuestra falta de agradecimiento y
consideración para con Dios. ¡Todo los que nos ha dado y
nos sigue dando en gracias! Y ¡cómo las
despilfarramos! Además, ¿hemos pensado alguna
vez cómo se ha sentido nuestro Padre con nuestra
huída de casa?
Y no nos digamos -para aplacar nuestra conciencia o para jugar a ser
teólogos- que Dios no siente. No sentirá como
nosotros, pero es un hecho cierto que es el mismo Jesús, Dios
Hijo, Quien nos cuenta esta historia -inventada por El para
enseñarnos cómo es Su Padre, nuestro Padre- es el mismo
Jesús, Dios Hijo. Y dentro de esa historia inventada y
contada por El, nos da a conocer algunos detalles del corazón
paterno de Dios, entre éstos, el dolor del padre y la nostalgia
por la falta de su hijo.
Regresa el hijo a casa y la verdad sea dicha que no regresa por amor,
sino por pura necesidad. Y aquí nos da Jesús la
escena más conmovedora: “Estaba todavía lejos
cuando el padre lo vio y se enterneció profundamente.
Corrió hacia él y, echándole los brazos al cuello,
lo cubrió de besos.” ¡Cuántas veces no
se habría asomado el padre triste al camino para ver si por
acaso al hijo se le ocurría regresar!
¡Cuántas veces no se asoma nuestro Padre Dios y nos ve
descarriados por los caminos de nuestra indiferencia para con El, de
nuestras preferencias por todo lo que nos aleja más de la casa
y, triste, se vuelve para otearnos desde lejos en algún otro
momento! (Es lenguaje figurado, pues Dios conoce hasta nuestros
más insignificantes movimientos y nuestros más
íntimos pensamientos. Podríamos decir que nos
tiene “en pantalla” constantemente).
Y lo que esperaba de su padre el hijo que regresa, no sucede.
¡No recibe lo que merece su culpa! No hay
reprensión, ni el más mínimo reclamo:
sólo amor, perdón y ternura. Lo mismo pasa cuando
nosotros, cual “hijos pródigos”, nos levantamos de nuestro
error, de nuestras andanzas lejos de casa y decidimos regresar.
Por eso hemos cantado en el responsorio del Salmo: Haz la prueba
y verás ¡qué bueno es el Señor!
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