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homilías Inglés
2 Cuaresma
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Liberacion
de Dioses Falsos
(28 de febrero de 2010)
Tema básico: No es muy tarde para que sea la mejor cuaresma: Aun
un sacrificio pequeno puede dar a Dios un punto de entrada para
liberarnos de dioses falsos.
La temporada de la Cuaresma tiene una memoria linda de mi mamá.
Al comienzo de la Cuaresma, fui a Camano para mi visita semanal a ella
y mi hermano, Luis. En el camino, compre uno de sus postres favoritos -
un especie de donut. Despues del saludo, le mostre el donut - tenia
diferentes niveles con fresas y chocolate. Mi mamá lo miro y
despues de un momento de silencio, me dijo. "Es cuaresma. He decidido
no comer donuts durante la cuaresma."
"Esta bien," le dijo, "Luis y yo comeremos los donuts. Pero una de la
senoras hispanas trabaja en 'Seattle Chocolates.' Ella envio algo para
ti." Quizas usted ha probadao Seattle Chocolates - son los mejores del
del planeta. Mi mamá los miro y despues de otra pausa, dijo, "He
decidido tampoco comer chocolates."
Pues, si mi mamá - que tenia casi ochenta años - podia
sacrificar donuts y chocolate, que de nosotros? Este es el Segundo
Domingo de la Cuaresma. No es muy tarde para que sea la mejor cuaresma.
Hoy escuchamos a Moises y Elias hablando con Jesus sobre lo que iba a
suceder en Jerusalen: su sufrimiento, muerte y resurreccion. No hay
resurreccion sin sufrimiento y muerte. La cuaresma nos hace recordar
que hay que morir a si mismo, a los deseos bajos, para vivir por Dios.
Para hablar claramente, tenemos que abrazar la cruz.
San Pablo nos dice hoy que, desgraciadamente, unos que eran cristianos
ya son "enemigos de la cruz." En vez de servir a Dios, "su dios es el
vientre." Que quiere decir San Pablo? Como es posible que la comida sea
un idolo, un dios falso?
Dejenme explicar. Dios creo la tierra para producir comida - en
abundancia. La comida tiene dos propositos: El primero - y mas obvio -
es nutrir nuestros cuerpos, mantenerlos saludables para cumplir las
tareas que Dios quiere. El segundo proposito es crear lazos. Fijense
como Jesus siempre compartia comidas: con Zaqueo y Mateo, con fariseos
y pecadores publicos - y sobre todo, la cena con sus discipulos la
noche antes de morir. Mucho mas sucedio que nutricion. Como Jesus,
debemos compartir comidas con la familia, amistades y feligreses. Dios
usa la comida para propositos importantes.
Al mismo tiempo, podemos abusar la comida, hacer de ella un dios falso.
Eso es lo que San Pablo dice al indicar que algunos son enemigos de la
cruz - "su dios es el vientre." En vez de comer para vivir, viven para
comer. Aqui hay algunos signos que la comida ha venido a ser un dios
falso:
--Organizo mi dia alrededor de la comida.
--Me pongo triste y enojado si no consigo la comida que quiero.
--Insisto que la comida sea preparada exactamente segun mis
gustos.
--Jamas experimento el hambre porque siempre estoy comiendo
comida chatarra.
--Mientras tanto, el fruto y verduras se pudren en el
refrigerador.
--Escogo comida rapida en vez de una comida familiar.
--Empiezo a comer tan rapidamente que no doy gracias a
Dios. Y...
--En vez de gozar de la comida que estoy comiendo, estoy
pensando en...la proxima comida!
Estos son signos que la comida se ha hecho un idolo, que estoy llegando
a ser uno de las personas tristes: "su dios es el vientre." De la lista
de signos se puede ver que el pecado de gula incluye mas comer
demasiado. La gula sucede cuando hagamos la comida el centro, en vez de
Dios. La gula es idolatria - hacer la comida un dios falso.
Durante la cuaresma Dios quiere liberarnos de dioses falsos - de todas
formas de idolatria. Si ponemos a Dios primero, otras cosas encuentran
su lugar correcto. Eso incluye la comida. Ayunar puede ayudarnos a
descubrir la balanza correcta. Sacrificar alguna comida preferida -
como mi mamá con donuts y chocolate - puede ayudarnos a recobrar
el verdadero proposito del don de comida.
La cuaresma puede ayudarnos a lograr balanza y perspectiva. Se nota que
Jesus subio un monte con sus discipulos. Desde la cumbre del monte, se
puede tener una vista expansiva.
Una cosa que esa perspectiva mostrara es como nuestros habitos de comer
cuadran con todo lo demas de la vida. Es una cuestion de balanza. No
quiero que nadie se obsesione sobre comida - sentirse culpable por
comer un "Big Mac." Hazlo de vez en cuando. No es un pecado - puede ser
algo bueno, especialmente como parte de un dia con los nietos. Pero
asegurar que Dios tenga el primer lugar - y encontraras la balanza
correcta. Hay un tiempo para ayunar y un tiempo para festejar: un
tiempo para nutrir el cuerpo y para gozar de una comida rica con
familia, amistades y feligreses.
Y no preocuparse tanto de la apariencia exterior. Nuestros cuerpos no
vienen con una garantia de cien años. San Pablo nos asegura que
Dios transformara nuestro cuerpo miserable en un cuerpo glorioso como
Jesus. Eso sucedera solamente si ponemos a Dios en primer lugar. Dios
no puede ayudar a alguien que ya pertenece a dios falso. No poner tu
estomago antes de tu alma eterna.
Espero que el ejemplo de mi mamá ayuda. Disfruto de buena
comida, especialmente con miembros de la familia. Pero tambien sabia
que hay un tiempo para ayunar. Sabia que si vamos a subir el monte de
dios, hay que dejar abajo algunas cosas. No podemos llevar a dios
falsos. No es muy tarde para que sea la mejor cuaresma. Aun un
sacrificio pequeno - abrazado con amor y buen humor - puede darle a
Dios un punto de entrada. El hara lo demas. Nos librarar de dioses
falsos y nos transformara segun la imagen de su Hijo. Por la cruz - y
solamente por la cruz - podemos llegar a la resurreccion.
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Intercesiones Generales para el Segundo Domingo de Cuaresma, Ciclo C
(Sacerdotes Para la Vida)
English Version
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2 Cuaresma
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DOMINGO 2 del Tiempo de Cuaresma- Ciclo "C" -
28 de Febrero de 2010-
La Liturgia de este Domingo nos habla de la Transfiguración del
Señor. Nos habla de cómo serán nuestros cuerpos
cuando seamos resucitados al final del tiempo y al comienzo de la
eternidad, porque en ese momento maravilloso seremos transformados,
seremos también transfigurados.
Es lo que nos dice San Pablo en la Segunda Lectura (Flp. 3,17 - 4,1).
Nos habla del momento de cuando vuelva Jesús del Cielo, en que
“transformará nuestro cuerpo miserable en un cuerpo glorioso,
semejante al suyo”.
Y ¿cómo es ese cuerpo glorioso de Jesús? El
momento en que pudo verse mejor esa gloria divina en Jesús fue
en el Monte Tabor cuando, en virtud de su poder, se transfiguró
ante Pedro, Santiago y Juan.
Entonces ¿de dónde sabemos cómo seremos al ser
resucitados? Entre otros pasajes de la Escritura, lo sabemos por boca
de ellos tres, que fueron los testigos de ese milagro maravilloso: la
Transfiguración del Señor. Ese milagro fue preludio de la
Resurrección de Cristo y es a la vez anuncio de nuestra propia
resurrección.
Nos cuenta el Evangelio (Lc. 9, 28-36) que Jesús se llevó
a esos tres discípulos al Monte Tabor. Allí se puso a
orar y, estando en oración, sucedió ese milagro de su
gloria: “su rostro resplandeció como el sol y sus vestiduras se
hicieron blancas y fulgurantes”. Se entreabrió -por así
decirlo- la cortina del Cielo y se nos mostró algo del esplendor
de la gloria divina, la cual conocemos por el testimonio de los
allí presentes.
Y decimos que se vio “algo” del esplendor de Dios, pues ningún
ser humano hubiera podido soportar la visión completa de Dios.
Recordemos una de las experiencia de Moisés en el Monte
Sinaí (Ex. 33, 7-11 y 18-23; Dt. 5, 22-27). Moisés le
pidió a Dios que quería ver su gloria y Yahvé le
contestó: “Mi cara no la podrás ver, porque no puede
verme el hombre y seguir viviendo ... tú, entonces, verás
mis espaldas, pero mi cara no se puede ver”.
Ahora bien, no fue sin motivo que Jesús invitó a Pedro,
Santiago y Juan a subir con El al monte. Días antes les
había hecho el anuncio de su próximo juicio,
Pasión, Muerte y posterior Resurrección. Era necesario,
entonces, reforzar la fe de sus más allegados,
mostrándoles el fulgor y el poder de su gloria divina. Era
necesario reforzar la fe en la próxima Resurrección de
Cristo y la fe en la futura resurrección de los seres humanos,
fe que los Apóstoles transmitirían en sus
enseñanzas.
Ciertamente, seremos resucitados. Pero para ser así
transformados, el camino es el mismo de Cristo, el que El
comunicó a los Apóstoles con la Transfiguración y
con el anuncio previo de su Pasión y Muerte: primero la cruz y
luego la resurrección. Calvario y Tabor van juntos. Rostro
herido y desfigurado por la Pasión, y rostro refulgente en la
Transfiguración. Cuerpo ensangrentado y desangrado en la Cruz, y
cuerpo cuya luz transforma su rostro y traspasa sus vestiduras en la
Transfiguración.
Vemos como, para convencer a los Apóstoles de la necesidad de la
Pasión (recordemos que días antes Pedro se había
opuesto a que Jesús pasara por eso -Lc. 8, 31-11), en el momento
de la Transfiguración aparecen conversando con Jesús dos
importantísimos personajes del Antiguo Testamento: Moisés
y Elías, “hablando de la muerte que le esperaba a (Jesús)
en Jerusalén”.
Transfiguración de Jesús
en el monte Tabor, con Moisés y Elías,
También nosotros hemos de ser convencidos que no hay
resurrección sin muerte, no hay transfiguración sin cruz,
no hay gloria sin negación de uno mismo. Justo una semana antes
de este milagro, Jesús había dicho, “no sólo a sus
discípulos, sino a toda la gente: ‘Si alguno quiere seguirme,
que se niegue a sí mismo, tome su cruz y sígame ...
porque ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero,
si se pierde a sí mismo?’” (Lc. 9, 23-25).
El Papa Juan Pablo II recordó estas palabras de Jesús en
la Cuaresma del 2001: Ante el modelo cultural imperante en nuestros
días hay que estar en abierto contraste con la mentalidad del
“mundo”. Y a esa mentalidad el Papa opone las palabras que Jesús
le había dicho a todos los que le seguían, precisamente
unos días antes de la Transfiguración: “El que ama su
vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la
guardará para la Vida Eterna” (Lc. 9, 24). Y explicaba el Papa:
“En realidad la ‘Vida’ se encuentra cuando se sigue a Cristo por ‘el
camino estrecho’ . Quien sigue el ‘el camino ancho’ y cómodo
confunde lo que es ‘vida’ con satisfacciones efímeras”.
San Pablo también nos habla sobre el apego a las cosas de esta
vida en la Segunda Lectura: los que viven “como enemigos de la cruz de
Cristo, acabarán en la perdición, porque su dios es el
vientre ... sólo piensan en las cosas de la tierra”.
Pero, volvamos a la escena del Evangelio. San Pedro, el impetuoso y
resuelto, como estaba tan encantado con la visión divina de
Jesús, propone quedarse allí, y se apresura a ofrecer
construir tres tiendas: una para Jesús, una para Moisés y
otra para Elías. “No sabía lo que decía”, nos
comenta el Evangelio.
Y ¿qué sucede, entonces? “No había terminado de
hablar, cuando se formó una nube que los cubrió y ellos
al verse envueltos por la nube, se llenaron de miedo”. Por cierto ese
“miedo”no es propiamente miedo, sino ese temor reverencial ante la
presencia de Dios que sobrecoge. Es la misma nube que en otros pasajes
de la Escritura (cfr. Ex. 19 y 1 Re. 8, 10) indica la presencia
majestuosa y omnipotente del Padre. Y sólo se oyó su voz:
“Este es mi Hijo, mi escogido. Escúchenlo”.
Es decir, en cuanto Pedro propone quedarse en lo agradable de la vida
del espíritu, cuando pide quedarse sobre el Monte Tabor gozando
de los consuelos espirituales, Dios mismo interviene y le responde
diciéndole que escuche y siga las enseñanzas de su amado
Hijo.
¿Qué nos dice esto? Que cuando hay consolaciones y gustos
espirituales, si es que los hay así sensibles como en la
Transfiguración, debemos tener en cuenta que Dios no los da para
que nos quedemos solazándonos en esos regalos. Esos dones no son
para quedarnos a vivir en el Tabor, como pretendió Pedro. Son
gracias especiales para animarnos, para fortalecernos, para impulsarnos
a la entrega a Dios y a su servicio.
Lo mismo se aplica para las gracias consideradas menos
extra-ordinarias, como pueden ser las gracias de virtud, de
Sabiduría, de escogencia, etc. que no suelen ser sensibles, pero
que tienen la misma finalidad. Todas son para impulsarnos al amor a
Dios y al amor a nuestros semejantes: entrega y servicio ... escucha y
seguimiento de Cristo.
Porque escuchar a Cristo es seguirlo a El en todo. Sea en el Calvario y
en el Tabor. Sea en las penas y en las alegrías. Sea en los
triunfos y en los fracasos. Sea en lo fácil y en lo
difícil. Sea en lo agradable y lo desagradable. Sea en los
aciertos y en los errores cometidos. Todo, menos el pecado, es Voluntad
de Dios. Todo está enmarcado dentro de sus planes. Y sus planes
están dirigidos a nuestro máximo bien que es nuestra
salvación y futura resurrección al final del tiempo.
La Primera Lectura (Gn. 15, 5-18) nos narra la alianza de Dios con
Abraham. Y ¿qué significa que Dios hace una alianza con
seres humanos? Significa algo así como lo que hoy día es
un contrato. Cada parte se compromete a algo. Dios se
comprometió a darle una tierra en posesión y una
descendencia numerosísima a Abraham.
Y es así como en esta oportunidad, al profetizarle por tercera
vez esa abundante descendencia, le muestra además la tierra que
le dará. Abraham, acostumbrado a los acuerdos que hacían
los pueblos nómadas de aquellos tiempos y siguiendo las
instrucciones de Dios, prepara unos animales. Era usual que cuando se
sellaba un pacto, los pactantes pasaban por entre las dos mitades de un
animal sacrificado. Abraham hizo su parte y Dios en forma de fuego
cumple la suya.
Ahora bien, a Abraham Dios le prometió una tierra aquí en
este planeta. Esa fue la promesa hecha al antiguo pueblo de Israel en
la persona de Abraham. La tierra prometida fue la promesa. En esa vieja
alianza aparecen animales como víctimas.
Pero, posteriormente, Dios hizo una Nueva Alianza, en la que Cristo es
la Víctima, por cuyo sacrificio en la Cruz todo el género
humano tiene derecho a una patria que es mucho mejor que la antigua
tierra prometida: es el Cielo, el gozo de la Visión
Beatífica, cuando seremos transfigurados por la
resurrección que Cristo prometió a los que le amen.
El día de nuestra resurrección al final de los tiempos,
los seres humanos seremos transformados con el poder renovador de Dios,
glorificados por su gloria, iluminados por su luz ... Es decir,
transfigurados, de la misma manera como Jesús se mostró a
los tres Apóstoles.
Pero, el Papa Juan Pablo II nos decía lo siguiente: “No se ha de
pensar que la transfiguración se producirá sólo en
el más allá, después de la muerte ... si la
transfiguración del cuerpo ocurrirá al final de los
tiempos con la resurrección de la carne, la del corazón
tiene lugar ya ahora en esta tierra, con la ayuda de la gracia. Podemos
preguntarnos ¿cómo son los hombres y mujeres
‘transfigurados’? La respuesta es muy hermosa: son los que siguen a
Cristo en su vida y en su muerte, se inspiran en El y se dejan inundar
por la gracia que El nos da” (JP II, 14-3-2001).
Sin embargo, tenemos que tener en cuenta algo muy importante: no todos
seremos resucitados para una vida de gloria y máxima felicidad,
en cuerpos transfigurados y refulgentes. Hay condiciones para optar a
esa transfiguración cuando llegue el momento. Nos lo dice el
Señor a través de San Juan Evangelista, testigo de la
Transfiguración: “Los que hicieron bien resucitarán para
la Vida; pero los que obraron mal resucitarán para la
condenación” (Jn. 5, 29).
¿Cómo y cuándo será
nuestra resurrección?
¿Cómo seremos al resucitar?
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2 Cuaresma
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