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3 Tiempo Ord
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La Verdad de Lo Enseñado
(24 de enero de 2010)
Tema básico: Tenemos motivos naturales y sobrenaturales para
confiar en la verdad de lo enseñado en el Evangelio de Lucas y
la Biblia.
Cuando algunos toman la Biblia en su mano, preguntan, "Que pasa si
alguien invento estos cuentos? Como puedo saber que la Biblia es
verdad?" Quisiera dar algunas respuestas - o para hablar mas exacto,
explicar las razones que San Lucas da. Como acaban de oir, Lucas dice
que escribio su Evangelio para que pudieramos ver "la verdad...de lo
enseñado." Como puede San Lucas ofrecer tanta certeza?
Antes de dar los argumentos de San Lucas, quisiera enfrentar un
malentendio comun. Algunos tienen la idea que no podemos confiar en la
Biblia porque ha sido traducido muchas veces y que debe haber perdido
algo en sus transcripciones. Pues, hay una ciencia que se llama la
crítica textual (restauración textual) que "procura
establecer, por medio de la investigación de las copias
divergentes, cuál forma de texto debería considerarse
como la más cercana al original." Usando la critica textual, los
estudiosos han comparado centenares de manuscriptos antiguos y, a causa
de su trabajao, tenemos textos muy confiables del Antiguo y el Nuevo
Testamento.
Lucas, desde luego, no necesitaba la critica textual. Escribio el texto
original! En su prologo, da motivos para confianza en la verdad de las
ensenanzas. El primer motivo, dice, es que entrevisto testigos oculares
(los que vieron las cosas desde el principio). Y, cuando finalmente
escribio su evangelio, muchos todavia estaban vivos. Si no reporto
exactamente, ellos habrian protestado.
Quizas una comparacion de buen humor ayudara: Supongan que yo escribo
un articulo para el periodico de Monroe sobre mis años de
secundaria. En el, digo, "Asisti a 'Stanwood High' desde 1960 hasta
1964 - y durante ese tiempo los 'Spartans' de Stanwood ganaron a los
'Bearcats' de Monroe en todo deporte: futbol, basquet, beisbol, etc."
Seguro que alguien diria, "Espera un momento. Yo estaba aqui durante
eses años. No me lo acuerdo asi. De hecho mi primo Jim jugo para
Monroe - y el tiene una version diferente." Pues, a pesar de haber
sucedido hace cuatro decadas, muchos se acuerdan de esos dias. Podrian
contradecir facilmente mi articulo - por su experiencia personal o por
los reportes de otras personas.
Algo semejante habra sucedido si Lucas cometio errores. No escribio
eventos ya archivados. Los cristianos hablaban constantemente de las
parabolas, milagros y sobre todo la muerte - y resurreccion - de Jesus.
Y como buenos judio (mayormente) reflexionaron sobre las palabras y
hechos de Jesus en relacion a las Escrituras Hebreas.
Entonces San Lucas da dos motivos para confiar en su evangelio:
Entrevisto testigos oculares y muchos viven. Forman parte de una
comunidad que habla de las ensenanzas de Jesus y las aplica a sus vidas
actuales.
Hay un tercer motivo humano para confiar en el evangelio de Lucas. No
lo menciona directamente en su prologo, pero al leer el evangelio, se
hace claro que no encubren, no esconden nada. Piensanlo: Pedro y los
otros apostoles tenian puestos de gran respeto. No obstante, Lucas
describe abiertamente su cobardia, rivalidades y dureza de cabeza. Aun
menciona cosas de Jesus que nos dejan perplejos: como el nino Jesus se
perdio por tres dias o como Jesus se permitio ser bautizado, como si
fuera un pecador mas. Lucas y los otros evangelistas sabian que no
tenia nada de esconder, que solamente pudieran beneficiar de poner
todos los hechos en la mesa.
Podemos confiar los evangelios en un nivel humano. Son basados sobre
reportes de testigos oculares - y muchos de ellos todavia vivian:
formaban parte de un a comunidad viva. Y la comunidad no muestra ningun
interes en esconder. Esos son tres motivos humanos para creer los
evangelio: testigos oculares, una comunidad viva y nada de esconder.
Para nosotros hay una garantia mayor: el Espiritu Santo. San Lucas no
fue solamente un historiador minuscioso; tenia la ayuda del Espiritu
Santo.
El Espiritu, por supuesto, no lo uso como una maquina de escribir.
Lucas retiene su propio caracter. Por ejemplo, era un medico y muchos
pasajes muestra el ojo entrenado de un profesional de salud. A veces,
aun usa terminos mediocos tecnicos, como cuando describe el sudor de
sangre. El Espiritu Santo tomo el hombre Lucas - con todos sus
habilidades y estorbos - y lo utilizo para escribir las ensenanzas
necesarias para nuestra salvacion.
Desde el punto de vista de fe, los cuatro evangelios tienen un solo
autor: el Espiritu Santo. Por eso, podemos leer los evangelios como una
unidad, junto con lo demas de la Biblia - y nuestra Tradicion Sagrada.
El Espiritu Santo no solamente produjo un libro - guio un pueblo.
Durante ese año pasado he seguido un programa para leer la
Biblia, junto con el Catecismo, en un solo año. Lo recomiendo.
Descubriras cosas importantes no solamente en la Biblia sino en el
Catecismo de la Iglesia Catolica. El mismo Espiritu esta detras de los
dos documentos.
Es interestante que San Lucas da mucho enfasis al Espiritu Santo. Oimos
hoy del volver a Galilea "impulsado por el Espiritu." y abrir un
volumen de Isaias que profetiza el Espiritu que estara sobre sobre el
Ungido - Jesus.
El mismo Espiritu no da certeza de lo que Lucas ofrece hoy - y por todo
el año liturgicao - "la verdad de lo enseñado" que hemos
recibido.
Entonces, dejenme resumir: Lucas nos da buenos motivos para confiar en
el Evangelio (y la Biblia entera). Base su evangelio sobre testigos
oculares, muchos que todavia forman parte de una comunidad viva - una
comunidad que habla sencillamente, sin esconder nada. Y sobre todo,
tenemos el Espiritu Santo: garantiza la verdad de lo enseñado.
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Intenciones Generales para el Tercer Domingo del Tiempo Ordinario,
Ciclo C (de Sacerdotes Para la Vida)
English Version
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3 Tiempo Ord
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DOMINGO 3 del Tiempo Ordinario - Ciclo "C" -
24 de Enero de 2010-
Uno de los pasajes más impactantes de la Escritura es el que nos
trae el Evangelio de hoy (Lc. 1, 1-4 y 4, 14-21). Es impactante, pero
pasa bastante inadvertido, muy probablemente por la discreción
de Jesús. Es aquel momento en que Jesús dice que es a El
a quien se refiere la profecía de Isaías que anuncia la
labor del Mesías.
Nos dice el Evangelio que Jesús, habiendo ya realizado su primer
milagro en Caná de Galilea, comenzó a enseñar en
las Sinagogas. Es importante notar que existía un solo Templo,
el de Jerusalén, donde había ceremonias en que los
Sacerdotes ofrecían sacrificios, pero los pueblos hebreos
tenían su propia Sinagoga. Allí, cada Sábado, se
celebraba un oficio litúrgico en el que era fácil
participar para leer y comentar la Palabra de Dios. Así fue como
Jesús comenzó a darse a conocer: leyendo y
enseñando en las Sinagogas sobre todo de su provincia, Galilea.
Nos dice San Lucas que “todos lo alababan y su fama se extendió
por toda la región”.
Siendo esto así, Jesús decide ir a Nazaret, el pueblo
donde había crecido y vivido. Y ese Sábado -no por
casualidad, sino seguramente porque como Dios, así lo dispuso-
le tocó “el volumen del Profeta Isaías y encontró
el pasaje en que estaba escrito” lo que se refería a la
misión del Mesías: “El Espíritu del Señor
está sobre Mí, porque me ha ungido para llevar a los
pobres la buena nueva ...”
“Ese de quien habla Isaías soy Yo”.
Siempre que se leía este trozo, la gente pensaba en ese
personaje misterioso tan esperado por todo el pueblo de Israel. Pero
ese día en que Jesús lee lo dicho sobre El, se le ocurre
rematar la lectura diciendo: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de
la Escritura que acaban de oír”. Que es lo mismo que decir: “Ese
de quien habla Isaías soy Yo”.
Imaginemos el estupor de los presentes. ¡Pero cómo es
posible! ¿No es éste Jesús, el hijo del
carpintero? Nazaret era una ciudad pequeña. Todos lo
conocían como un hombre cualquiera. ¡Y ahora venía
a decir que era el Mesías! La discusión que se
suscitó terminó con la sentencia tan conocida de que
“nadie es profeta en su tierra”. Y hasta trataron de empujar a
Jesús por un barranco. Pero El se les desapareció sin que
se dieran cuenta.
Hasta el momento de la aparición de Jesús como el
Mesías, Dios había hablado a su pueblo por medio de los
Profetas y también por medio de su Ley.
Por cierto, la primera lectura pública de la Ley fue hecha
después del regreso del exilio en Babilonia. Era un momento de
celebración, que nos trae la Primera Lectura (Nehemías 8,
2-10). Todo el pueblo se congregó para oír la lectura de
la Ley de Dios. Esa Asamblea convocada por Nehemías
sirvió de modelo para lo que luego se haría en las
Sinagogas. Todos se emocionaron al punto de lágrimas, por estar
reunidos de regreso a casa, por poder escuchar juntos la lectura de la
Ley de Moisés y por sentirse interpelados por ella. Fue un
momento de gran solemnidad.
Sin embargo, el momento que nos narra el Evangelio, cuando Jesús
en su Sinagoga de Nazaret anunció el cumplimiento de la
Profecía de Isaías era -en realidad- infinitamente
más solemne e importante que la gran Asamblea de
Nehemías. Pero parece mucho menos solemne, porque Jesús
todo lo hacía en la mayor discreción, además tal
vez por la suavidad con que sucedió el hecho y por la modestia
de las circunstancias que lo rodearon: Jesús, un conocido de
allí, sin la más mínima muestra de
exaltación, lee la Profecía y declara que se estaba
cumpliendo en El.
Y es que había ya llegado el momento, “la plenitud de los
tiempos”, en que Dios ya no hablaba por medio de los enviados, ni por
medio de la Ley, sino que comenzó a hablar El mismo. Pero no le
creyeron. “Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron” (Jn. 1, 11).
Y nosotros ... ¿creemos en Jesucristo? ¿Y creemos en todo
lo que nos ha dicho y dispuesto? ¿Creemos que El es el
Mesías que vino a salvarnos? ¿Aprovechamos la
salvación que El nos trajo? ¿Deseamos hacer todo lo
necesario para salvarnos?
La Segunda Lectura de San Pablo (1ª Cor. 12, 12-30) nos describe
el funcionamiento del Cuerpo Místico de Cristo, su Iglesia, que
la constituimos todos, no sólo los Sacerdotes y Obispos. Y todos
tenemos en ella una función, por más poco importante que
sea. Es como la Asamblea de Nehemías: hombres, mujeres y
niños, gobernantes y sacerdotes, todo el pueblo. En un cuerpo
toda parte es importante, pero cada una tiene su función. En la
Iglesia todos somos necesarios.
Además nos instruye San Pablo sobre la dependencia que los
miembros de ese Cuerpo tienen entre sí. También nos
explica cómo cuando un miembro sufre, los demás
también sufren. Si uno está bien, todos reciben ese
bienestar. Si alguno está mal, todos sienten ese malestar. De
allí que nuestra responsabilidad con los demás miembros
sea estar bien, estar bien espiritualmente, para que ese bienestar
espiritual se comunique a los demás. De otra manera, si estamos
mal espiritualmente, ese malestar se comunica a los demás.
Recalca el Apóstol lo que nos decía en la lectura del
Domingo anterior sobre las diversas funciones dentro de la Iglesia:
apóstoles, profetas, maestros, los que hacen milagros, los que
tienen el don de curar enfermos, los que administran, etc.
Con esto nos está describiendo los diferentes carismas, tanto
ordinarios, como extraordinarios, todos necesarios para el buen
funcionamiento del Cuerpo, de la Iglesia.
¿Cómo estar bien y cómo cumplir con nuestra
función en la Iglesia y en el mundo? Tenemos instrucciones
precisas dadas por el Papa Juan Pablo II, quien al comienzo del Tercer
Milenio nos entregó una Carta Apóstolica: “Novo Millennio
Inuente” (Nuevo Milenio que comienza).
A continuación las urgencias y prioridades que nos
establecía el representante de Cristo en la tierra en este
documento:
. “Orientar la pastoral cristiana hacia una experiencia de fe
sólida, que haga florecer la santidad”: El Papa Juan Pablo, como
otros Papas, deseaba que todos fuésemos santos. La santidad es
un llamado de Cristo para todos, desde el primero hasta el
último en su Iglesia. Y la santidad es un proceso paulatino que
consiste en estar entregados en todo a la Voluntad Divina.
. “Una pedagogía eclesial que proponga ideales elevados y no se
contente con una religiosidad mediocre”: Nos pedía metas
exigentes. Nuestra vivencia como cristianos no puede ser “mediocre”,
sino elevada. Y ese ideal elevado no es otro que la misma santidad. Y
ese ideal de santidad nos lleva, no solamente a aceptar los planes de
Dios para nuestra vida, porque no nos quede otro remedio, sino que nos
lleva a vivir con gusto dentro de la Voluntad Divina.
. “Ayudar a redescubrir la oración en toda la profundidad a la
que la experiencia cristiana pueda llevarla”: El medio para vivir en
santidad y para cumplir nuestra misión no es otro que la
oración. Y nos hablaba de una oración profunda, tan
profunda como a cada cual le sea dada. Y oración profunda no es
solamente repetir oraciones vocales, necesarias sí, pero no
suficientes. El Papa nos estaba apuntando a la oración de
contemplación, de silencio, de recogimiento interior. Y
quería que “redescubriéramos” esa fuente maravillosa de
gracias que es la oración profunda.
. “Alentar la oración personal, pero sobre todo la comunitaria,
comenzando por la litúrgica, ‘fuente y culmen’ de la vida
eclesial”: La oración personal no basta. Tiene que estar
enraizada en la oración litúrgica, en la
Eucaristía. Y si hemos de orar diariamente, también la
oración litúrgica debiera de ser diaria.
. “Redescubrir el domingo, Pascua de la semana, haciendo que la
Eucaristía sea su corazón”: El domingo es el “día
del Señor”. El centro del domingo tiene que ser, entonces, la
Eucaristía. ¿Qué significa “redescubrir” el
domingo? Es volver a hacer de ese día el “día del
Señor”.
. “Proponer de nuevo con fuerza el Sacramento de la
Reconciliación”: La oración es el agua de la vida
espiritual. La Eucaristía es su alimento. Y el Sacramento de la
Reconciliación es la medicina necesaria para cuando la vida
espiritual se enferma con el pecado. De allí que nos
pedía insistir con fuerza en este Sacramento tan necesario para
la salud personal de cada uno y para la salud de todo el Cuerpo
Místico de Cristo, que es la Iglesia.
. “Recordar el primado de la escucha de la Palabra de Dios, a lo que
sigue, por su propia lógica el deber del anuncio”: Para anunciar
la Palabra de Dios, hay que escucharla y hacerla vida. De allí
que al tenerla dentro de nosotros, la Palabra de Dios brota y se
esparce. No queda atrapada en nuestro interior, sino que quien la vive,
la anuncia con su ejemplo y con su inevitable predicación.
. “Destacar, por tanto, la actual importancia de la ‘nueva
evangelización’”: Todo ese programa anterior lleva,
necesariamente, a la ‘nueva evangelización’. Sin todo lo
anterior la evangelización es tarea imposible, pues el actor
principal de la evangelización no es el cristiano, sino Cristo
mismo. Y si Cristo no vive en cada uno de nosotros por medio de la
Eucaristía y de la oración verdadera, no podrán
verse los frutos de la evangelización.
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