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homilías Inglés
7 Pascua
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Lo Que Significa Adios
(24 de mayo de 2009)
Tema Básico: Jesus nos muestra lo que adios significa.
Estos han sido dias dificiles. Estoy agradecido por su apoyo y
cariño. Los ninos de Holy Family me ha tocado particularmente
estas ultimas semanas. "No quiero que usted vaya," algunos me han
dicho. La impresion mas profunda fue de un feligres de muchos
años. Confieso que era un hombre que no conoci bien, pero
siempre estaba fiel en asistir a la misa dominical. Despues de la mis,
se me acerco con lagrimas en sus ojos, "Padre Bloom," me dijo, "usted
ha sido un buen lider espiritual." Me hizo pensar en mi papa.
Decir adios es uno de las cosas mas dolorosas en la vida. Aun si
tenemos la buena esperanza de vernos otra vez, decir adios nos recuerda
de la separacion final que todos tenemos que enfrentar. Otra vez,
pienso en mi papa. Era un hombre trabajador, sencillo, no dado a
expresiones de emociones. Tuvo su demonios personales, pero por la
gracia de Dios, los supero - y hizo su eleccion para su senora, su
familia y Dios. Cuando llego su hora, tuvo dos dias buenos -
relativamente comodo y libre de dolor - para decir adios. Pero fueron
dias llenos de otro tipo de dolor - un dolor que corta como hierro.
Pero habia momentos bellos, que siempre guardare como un tesoro.
Las lecturas de hoy hablan de Jesus quitado de su vista. Esa separacion
de haber sido dolorosa para ellos. La lectura dice que "miraban
fijamente al cielo." De repente, se les presentaron dos hombres
misteriosos "vestidos de blanco." Los visitantes llamo su atencion a la
tierra, a la tarea actual. Al asumir sus deberes, se dieron cuenta que
la separacion de Jesus fue un preludio necesario a una union profunda,
una union que perdurara.
En el Evangelio de San Marcos, descubrimos que nuestra union con Jesus
se expresa en formas practicas: expulsar demonios, comunicar en nuevos
idiomas, proteccion del daño (exterior e interio) y sanar a los
enfermos, por la imposicion de las manos. Esas cosas sucederan no a
causa de nuestro ingenio, sino a causa de la presencia y poder de
Jesus.
En las semanas que vienen, tendremos la oportunidad de expresar
nuestros adioses. Hay una dimension humana a esto y esa parte es
dolorosa. Puedo entender que algunos no quieren hacerlo. Pero somos un
pueblo de fe. Jesus nos ensena lo que significa adios. Lo vemos en la
Fiesta de la Ascencion. Ascendo, pero tambien descendio. Por ser tan
alto, lo adoremos como Dios. Pero - precisamente porque es Dios - puede
estar con nosotros en una forma poderosa y duradera. Como discipulos de
Jesus, sabemos lo que adios significa.
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Intercesiones Generales para Ascencion del Senor (de Sacerdotes Para la
Vida)
English Version
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7 Pascua
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DOMINGO de la Ascensión del Señor - Ciclo "B" -
24 de Mayo de 2009
La Fiesta de la Ascensión de Jesucristo al Cielo es una fiesta
importante y de gran significación. Sin embargo, hace
evocar sentimientos encontrados de nostalgia y de alegría.
De nostalgia, por la partida de Cristo, Quien regresa a la gloria que
comparte desde toda la eternidad con el Padre y con el Espíritu
Santo. De alegría, pues hacia esa gloria conduce a la
humanidad por El redimida.
El mismo Señor nos muestra esos sentimientos las veces que en el
Evangelio hace el anuncio de su ida al Padre. “He deseado
muchísimo celebrar esta Pascua con vosotros ... porque ya no la
volveré a celebrar hasta ...” (Lc.22, 15-16). “Me voy y esta
palabra los llena de tristeza” (Jn. 16, 6).
En cada uno de los anuncios de su partida, Jesús trataba de
consolar a los Apóstoles: “Ahora me toca irme al Padre ... pero
si me piden algo en mi nombre, yo lo haré” (Jn. 14,12 y
14). Inclusive trató de convencerlos acerca de la
conveniencia de su vuelta al Padre: “En verdad, les conviene que yo me
vaya, porque si no me voy, no podrá venir a ustedes el
Consolador. Pero si me voy, se los enviaré ... les
enseñará todas las cosas y les recordará todo lo
que yo les he dicho” (Jn. 16, 7 - 14, 26).
Recordemos que Jesucristo había resucitado después de su
muerte, una muerte que fue ¡tan traumática!
-traumática para El por los sufrimientos intensísimos a
que fue sometido- ... y traumática también para sus
seguidores, para sus Apóstoles y discípulos, que quedaron
estupefactos ante lo sucedido el Viernes Santo.
Luego viene para ellos la sorpresa de la Resurrección. Al
principio no creyeron lo que les dijeron las mujeres, luego el mismo
Señor Resucitado se les apareció en cuerpo glorioso, y
entonces recordaron y creyeron lo que El les había
anunciado. Pero la verdad es que los Apóstoles no
entendían bien a Jesús cuando les anunciaba todo lo que
iba a suceder: lo de su muerte, su posterior resurrección
y luego también lo de su Ascensión al Cielo.
Para fortalecerles la Fe, después de su Resurrección, el
Señor pasa unos cuarenta días apareciéndose en la
tierra a sus discípulos, a sus Apóstoles, a su Madre.
Es lo que nos refiere la Primera Lectura del Libro de los Hechos de los
Apóstoles: “Se les apareció después de la
pasión, les dio numerosas pruebas de que estaba vivo y durante
cuarenta días se dejó ver por ellos y les habló
del Reino de Dios. Un día, les mandó: ‘No se alejen
de Jerusalén. Aguarden aquí a que se cumpla la
promesa de mi Padre, de la que ya les he hablado ... Dentro de pocos
días serán bautizados con el Espíritu
Santo.’” La promesa del Padre era el Espíritu Santo,
el Consolador, que vendría unos días después en
Pentecostés.
Y luego de esos cuarenta días, llegó el momento de su
partida. Entonces, los llevó a un sitio fuera y luego de
darles las últimas instrucciones y bendecirlos, se fue elevando
al Cielo a la vista de todos los presentes.
Si la Transfiguración del Señor fue algo tan
impresionante, ¡cómo sería la
Ascensión! Quedaron todos los presentes tan impactados de
esa triste, pero gloriosa despedida, en la que el Señor
subía para sentarse a la derecha del Padre, que aún
después de haber desaparecido Jesús, ocultado por una
nube, los Apóstoles y discípulos seguían mirando
fijamente al Cielo.
Fue, entonces, cuando dos Ángeles interrumpieron ese
éxtasis colectivo de amor, de nostalgia, de admiración al
Señor, cuyo cuerpo radiantísimo había ascendido al
Cielo, y les dijeron: “¿Qué hacen ahí
mirando al cielo? Ese mismo Jesús que los ha dejado para
subir al Cielo, volverá como lo han visto alejarse” (Hech. 1,
11).
Importantísimo recordar ese anuncio profético de los
Ángeles sobre la segunda venida de Jesucristo, en la que
volverá de igual manera: en gloria y desde el Cielo.
Jesucristo vendrá, entonces, como Juez a establecer su reinado
definitivo. Así lo reconocemos cada vez que rezamos el
Credo: de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y
muertos, y su Reino no tendrá fin.
Estamos hablando de la Segunda Venida de Cristo. Pero para saber
cómo será y cómo no será la Segunda Venida
de Cristo, debemos detallar bien cómo fue la Ascensión de
Jesucristo al Cielo. ¿Cómo lo vieron subir?
Con todo el poder de su divinidad, glorioso, fulgurante y, ascendiendo,
desapareció entre las nubes. Entonces …
¿cómo vendrá?
El anuncio de los Ángeles es clarísimo y corrobora
anuncios previos hechos por Jesús mismo. Al responder a
Caifás en el momento de su injustísimo juicio antes del
su Pasión y Muerte dijo lo siguiente: “Verán al
Hijo del Hombre sentado a la derecha del Dios Poderoso y viniendo sobre
las nubes” (Mt. 26, 64).
Ya anteriormente lo había anunciado a sus
discípulos: “Entonces aparecerá la señal del
Hijo del Hombre. Verán al Hijo del Hombre viniendo en las nubes
del cielo, con el Poder Divino y la plenitud de la Gloria.
Mandará a sus Ángeles, los cuales tocarán la
trompeta y reunirán a los elegidos de los cuatro puntos
cardinales, de un extremo al otro del mundo” (Mt. 24, 30-31)
Sin embargo han habido, hay y habrá muchos que querrán
hacerse pasar por Cristo. Y hay uno en especial, el Anticristo,
que hará creer que él es Cristo. Entonces hay que
estar precavidos, pues Cristo vendrá glorioso con todo el poder
de su divinidad, como los Apóstoles Lo vieron irse.
Tengamos en cuenta que el Anticristo será un hombre que se
dará a conocer como Cristo y con la ayuda de Satanás
realizará milagros y prodigios, y engañará a
muchos, pues desplegará un gran poder de seducción.
He aquí la descripción que nos hace San Pablo:
“Entonces aparecerá el hombre del pecado, instrumento de las
fuerzas de perdición, el rebelde que ha de levantarse contra
todo lo que lleva el nombre de Dios o merece respeto, llegando hasta
poner su trono en el Templo de Dios y haciéndose pasar por Dios
... Al presentarse este Sin-Ley, con el poder de Satanás,
hará milagros, señales y prodigios al servicio de la
mentira. Y usará todos los engaños de la maldad en
perjuicio de aquéllos que han de perderse, porque no acogieron
el amor de la Verdad que los llevaba a la salvación ...
así llegarán hasta la condenación todos
aquéllos que no quisieron creer en la Verdad y prefirieron
quedarse en la maldad ” (2 Tes. 2, 3-11).
Entonces, ¿qué hacer? Siguiendo, el consejo de la
Sagrada Escritura, no debemos dejarnos engañar. Los datos
sobre la Segunda Venida de Cristo son muy claros: Cristo
vendrá en gloria. El Anticristo no.
Hará grandes prodigios, pero no puede presentarse como tenemos
anunciado que vendrá Cristo en su Segunda Venida. De
allí que Jesús nos advierta:
“Llegará un tiempo en que ustedes desearán ver uno solo
de los días del Hijo del Hombre, pero no lo verán.
Entonces les dirán: está aquí, está
allá. No vayan, no corran. En efecto, como el
relámpago brilla en un punto del cielo y resplandece hasta el
otro, así sucederá con el Hijo del Hombre cuando llegue
su día”. (Lc. 17, 22-24)
Esto es tan importante que el Señor nos lo dijo en otras
ocasiones. Jesús nos advierte clarísimamente y nos
explica con más detalle aún cómo será de
sorpresiva y deslumbrante su Segunda Venida:
“Si en este tiempo alguien les dice: Aquí o allí
está el Mesías, no lo crean. Porque se
presentarán falsos cristos y falsos profetas, que harán
cosas maravillosas y prodigios capaces de engañar, si fuera
posible, aun a los elegidos de Dios. ¡Miren que se los he
advertido de antemano! Por tanto, si alguien les dice: En
el desierto está. No vayan. Si dicen:
Está en un lugar retirado. No lo crean. En efecto,
cuando venga el Hijo del Hombre, será como relámpago que
parte del oriente y brilla hasta el poniente” (Mt. 24, 23-28).
Pero por encima de la nostalgia de su partida, por encima de la
advertencia de cómo será su Segunda Venida, para que
nadie nos engañe, el misterio de la Ascensión de
Jesucristo es un misterio de fe y esperanza en la vida eterna.
La misma forma física en que se despidió el Señor,
la cual resalta San Pablo en la Segunda Lectura (Ef. 4, 1-13):
subiendo al Cielo- nos muestra nuestra meta, ese lugar donde El
está, al que hemos sido invitados todos, para estar con El.
Ya nos lo había dicho al anunciar su partida: “En la Casa de mi
Padre hay muchas mansiones, y voy allá a prepararles un lugar
... Volveré y los llevaré junto a mí, para que
donde yo estoy, estén también ustedes” (Jn. 14,2-3).
El derecho al Cielo ya nos ha sido adquirido por Jesucristo. El nos ha
preparado un lugar a cada uno de nosotros: nos toca a nosotros
vivir en esta vida de tal forma que merezcamos ocupar ese lugar.
Ahora bien, a pesar de todos estos anuncios, los Apóstoles y
discípulos no alcanzaban a entender la trascendencia de lo
anunciado. La Santísima Virgen María seguramente
fue preparada por su Hijo para el momento de su partida, con gracias
especiales para poder consolar y animar a los Apóstoles.
Jesucristo estaba dejando a Pedro como cabeza de la Iglesia y como su
Representante. Pero también estaba dejando a su Madre como
Madre de su Iglesia, ya que siendo Ella Madre de Cristo, era
también Madre de su Cuerpo Místico. Por eso Ella
los reunió y los animó, orando con ellos en espera del
Espíritu Santo.
La Ascensión, entonces, nos invita a estar en la tierra,
haciendo lo que aquí tengamos que hacer, todo dentro de la
Voluntad de Dios. Pero debemos estar en la tierra sin perder de
vista el Cielo, la Casa del Padre, a donde nos va llevando Cristo por
medio del Espíritu Santo, Quien nos recuerda todo lo que Cristo
nos enseñó.
Y nos recuerda también lo que debemos enseñar a otros,
pues debemos llevar la Palabra de Dios a todo el que desee
escucharla. Es el llamado de Cristo que nos trae la
Aclamación antes del Evangelio: “Vayan y enseñen a
todas las naciones, dice el Señor. Y sepan que Yo
estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”
(Mt. 28, 19-20).
Es el llamado a la Nueva Evangelización, a la que
insistentemente nos llama la Iglesia.
Para cumplir con esto, San Pablo nos recuerda en la Segunda Lectura
(Ef. 4. 1-13) lo siguiente:
*El que subió fue quien concedió a unos ser
apóstoles; a otros ser profetas; a otros ser
evangelizadores; a otros ser pastores y maestros.
*Y esto para capacitar a los fieles, a fin de que, desempeñando
debidamente su tarea, construyan el Cuerpo de Cristo,
*hasta que todos lleguemos a estar unidos en la Fe y en el conocimiento
del Hijo de Dios,
*y lleguemos a ser hombres perfectos, que alcancemos en todas sus
dimensiones la plenitud de Cristo”.
La Fiesta de la Ascensión de Jesucristo al Cielo:
*nos despierta el
anhelo de Cielo, la esperanza de nuestra futura inmortalidad, en cuerpo
y alma gloriosos, como El, para disfrutar con El y en El de una
felicidad completa, perfecta y para siempre.
*nos advierte
cómo será la Segunda Venida de Cristo, para que no seamos
engañados por el Anticristo.
*nos invita a llevar
la Palabra de Dios a todos, seguros de que el Espíritu Santo,
Quien es el verdadero protagonista de la Evangelización, nos
capacita para responder a este llamado. Así contribuimos a
construir el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, en esta época
en que hay que realizar la Nueva Evangelización, atrayendo a la
Iglesia a aquéllos que se han alejado.
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