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homilies.net          29 Mar 2009          5 Cuaresma
  Las homilías se anuncian no más tarde que durante la semana antes del domingo que se necesitan.  
 


Homilia de Padre Phil Bloom

http://www.geocities.com/Heartland/2964/span.html
* disponible en inglés - ve homilías Inglés
5 Cuaresma
Asunto de Vida O Muerte
(29 de marzo de 2009)

Tema Básico: Seguir a Jesus no es para mejorar las cosas. Es un asunto de vida o muerte.
En este domingo final antes de la Semana Santa, Jesus nos dice, "Si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producira mucho fruto." Y añade esta palabras, "El que ama a si mismo, se pierde; el que se aborrece a si mismo en este mundo, se asegura la vida eterna." Seguir a Jesus no es tanto de hacer el mundo un lugar mejer. Ni es sobre mejorar la vida propia. No, seguir a Jesus es un asunto de vida o muerte.

Para explicar esto quisiera contarles de un libro que me afecto profundamente. Tal vez les sorprendera: el libro es una novela de Leon Tolstoi, llamado "La muerte de Iván Ilich." Ivan Ilich es un hombre de cuarenta y cinco años que ha logrado una vida buena: Ha subido a un trabajo prestigioso con un sueldo suficiente para comprar las cosas que quiere. Sus colegas lo admira y la gente en general lo respeta. Aparte de un matrimonio infeliz, goza de la vida - especialmente jugando naipes con sus amigos.

Pero una enfermedad se pega. Ivan Ilich cree que puede superarla - como ha superado todo obstaculo. Como se dice, es un luchador. Sospecha que su propio descuido ha traido la condicion adversa. Por un acto de voluntad, puede volver las cosas al normal. Doctores eminentes lo examina y hacen hipotesis. Pero Ilich no esta convencido. Habia hecho la misma cosa en la corte.

Los doctores debaten si es un problema de los riñones, apendice o pulmones. Si la condicion es fatal, no quieren decir. Igualmente su familia y amigos evitan el tema. Al mismo tiempo, Ilich cree que serian alividados si el se fuera rapido. Es una pena y molestia a ellos.

Ilich desea que alguien simpatiza con lo que realmente esta sucediendo a el, pero el mismo no puede expresarlo en palabras. Un hombre - un campesino llamado Gerasim - muestra compasion genuina. Al apoyar los pies de Ilich en sus hombros, Gerasim le da algo de alivio. Mas importante, Gerasim da evidencia de una preocupacion por un ser humano enfrentando lo que todos tenemos que enfrentar. Por medio de el, Ilich mueve de ver su condicion como una lucha entre enfermedad y salud a lo que verdaderamente es: un asunto de vida o muerte.

La preocupacion de Gerasim hace posible esta pregunta: "Y que si toda mi vida ha sido mal?" Pero Ilich despide la pregunto. Desde luego, ha actuado por las convenciones de su sociedad - y ha hecho las cosas correctamente. Pero la pregunta no desaparece. Al final le hace ver su muerte en otra manera.

La novela concluye con la paradoja que la vida que Ilich agarraba, producia una muerte espiritual, mientras la muerte que temia traia algo mas alla de su imaginacion.

Se puede leer esta novela en un par de hora - y se puede conseguirla en bibliotecas, librerias y por la Internet. Sus ideas son tan acertadas como hace un siglo y medio. Lo recomiendo como preparacion para el Domingo de Ramos y la Semana Santa. Ilustra lo que Jesus nos dice hoy: "Si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo..el que se aborrece a si mismo en este mundo, se asegura la vida eterna." Seguir Jesus no es tanto para mejorar las cosas. Es asunto de vida o muerte.

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Intercesiones Generales para el Quinto Domingo de Cuaresma, Ciclo B (de Sacerdotes Para la Vida)

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Homilia de la Parroquia Nuestra Senora de la Caridad del Cobre, Caracas
http://www.homilia.org
5 Cuaresma
 
DOMINGO 5 de Cuaresma- Ciclo "B" -
29 de Marzo de 2009

En el Evangelio de hoy, próximo a su Pasión, ya en Jerusalén, donde iba a ser entregado para su Muerte en la cruz, Jesús informó a sus discípulos y a algunos seguidores, lo que estaba a punto de suceder días después: su Pasión, Muerte y posterior Resurrección.

Para ello, utiliza la imagen de una semilla que debe morir al ser plantada para dar paso a una vida nueva. Nos habla el Señor de una semilla de trigo, fruto muy utilizado en su tierra, que además se aplicaba muy bien a El, Quien se nos convertiría después en el mejor fruto que planta de trigo podía producir, ya que a partir del Jueves Santo, Jesús sería para nosotros el Pan Eucarístico.

Sin embargo, ¿cómo se aplican a nosotros esas palabras del Señor: “Yo les aseguro que si el grano de trigo sembrado en la tierra no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto”? ¿Se aplican esas palabras sólo a El o también a nosotros? ... Si hemos de seguir el ejemplo y las exigencias de Cristo, ciertamente también se aplican a nosotros.

Y para comprender el significado de esto debemos pasar a las siguientes palabras del Señor: “El que ama su vida la destruye, y el que desprecia su vida en este mundo la conserva para la vida eterna” ( Jn. 12, 20-33).

Ahora bien ... ¿puede realizarse la paradoja, la aparente contradicción de perder para ganar, entregar para obtener, morir para vivir? ... Debe ser así, pues es lo que el Señor nos propone cuando nos advierte que quien pretenda conservar su vida la perderá, pero quien la entregue la conservará.

En el diálogo del Señor que nos relata hoy el Evangelio de San Juan, vemos que se estaba dirigiendo a sus discípulos -que eran hebreos- y a unos griegos que habían llegado a Jerusalén y querían ver a Jesús.

Y sucedió que en este diálogo también interviene Dios Padre.

Notemos que Jesús muestra rasgos muy genuinos de su humanidad, pues confiesa a sus oyentes que tiene miedo. “Ahora que tengo miedo, ¿voy a decirle a mi Padre: ‘Padre, líbrame de esta hora’? Y se contesta enseguida: “No, si precisamente para esta hora he venido”.

Jesús no elude el sufrimiento y la muerte, sino que confirma su entrega por nosotros, su entrega a la Voluntad del Padre, Quien muestra su presencia en ese momento.

La voz del Padre parece ser una respuesta al Hijo, Quien le pide: “Padre, dale gloria tu nombre”. Jesús, luego confirma por qué el Padre se ha hecho presente: “Esta voz no ha venido por Mí, sino por ustedes”.

Es una nueva oportunidad para fortalecer la fe de los discípulos. Y qué dice el Padre: “Lo he glorificado y volveré a glorificarlo”. Alusión directa a la Resurrección de Cristo, que sucedería -como estaba prometido- al tercer día de su vergonzosa muerte en la cruz.

Poquísimas veces se ve la manifestación directa del Padre en los Evangelios, una de ellas –la menos conocida, tal vez- es ésta. Recordemos que allí estaban presentes hebreos y gentiles. Tal vez por ello Jesús luego hace alusión a que su Reino se extendería a todos: “Cuando Yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia Mí”.

Nos dice el Evangelista que aludía a su muerte en la cruz. Y sabemos cómo se cumplieron las palabras del Señor, pues después de su Muerte, su Resurrección, su Ascensión y Pentecostés, la Iglesia por El fundada se extendió por todas partes, con la predicación de los Apóstoles.

Nos dijo Jesús que su Reino se extendería a todos, porque iba a ser arrojado el príncipe de este mundo (el Demonio) ... y El, a través de su muerte en cruz y por la gloria de su Resurrección, atraería a todos hacia El. Palabras de esperanza y seguridad para todos los que nos dejamos “atraer” por El, por su doctrina y por su ejemplo.

Palabras también de compromiso, porque “dejarnos atraer por El” significa seguirlo en todo ... como El reiteradamente nos pide. Y “seguirlo en todo” significa seguirlo también en la muerte.

Por supuesto esto no significa que todos tengamos que morir en una cruz como El. Tampoco significa que todos tengamos que sufrir un martirio violento -como algunos sí lo han tenido.

Significa más bien ese “morir” cada día a nuestro propio yo. Significa ese “perder la vida” que Jesús nos pide en este pasaje de San Juan y que también nos lo requiere en otra oportunidad, con palabras similares: “El que quiera asegurar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por Mí, la asegurará” (Mt. 16, 25 - Mc. 8, 35 - Lc. 9, 24).

Hay la idea de que morir cuesta mucho, de que el trance de la muerte es un trance muy difícil. En realidad lo que más cuesta es la idea misma de “morir”. Pero la Palabra de Dios es clara, muy clara: debemos entregar nuestra vida, debemos morir a nosotros mismos, si realmente queremos vivir.

¿Qué significa entregar nuestra vida y morir a nuestro yo?

Significa entregar nuestros modos de ver las cosas, para que sean los modos de Dios y no los nuestros los que rijan nuestra vida.

Significa entregar nuestros planes, para pedirle a Dios que nos muestre Sus planes para nuestra vida, y realizar esos planes y no los nuestros.

Significa entregar nuestra voluntad a Dios, para que sea Su Voluntad y no la nuestra la que dirija nuestra existencia en la tierra.

Es, entonces, un continuo morir a lo que este mundo nos propone como deseable y hasta conveniente.

Pero pensemos: ¿quién es el dueño de este mundo? Ya Dios nos advierte en su Palabra quién rige el mundo: aquél que es llamado en este pasaje “príncipe ( o amo) de este mundo”. Si observamos bien, los valores que nos propone el mundo son muy diferentes a los de Dios. Los criterios de este mundo son también muy diferentes a los de Dios.

Y cada vez que optamos por el bando de Dios, por ese “perder la vida de este mundo”, significa un “morir” a nuestro yo, es decir, a nuestras propias inclinaciones, deseos, ideas, criterios, planes, formas de ser y de actuar.

De no vivir día a día esa continua renuncia a nosotros mismos, esa continua muerte a nuestro yo, no podremos dar fruto. Seremos “infecundos”. “Si el grano de trigo no muere, queda infecundo”. No dará fruto.

Y ¿cuál fue el fruto de Cristo? Lo sabemos bien y nos lo recuerda San Pablo en la Segunda Lectura (Hb. 5, 7-9): “se convirtió en la causa de la salvación eterna para todos los que lo obedecen”.

¿Cuál será nuestro fruto si optamos por ser fecundos, si optamos por morir con Cristo? Si morimos con El, viviremos con El ... y también salvaremos con El, pues nuestra oblación, nuestra entrega, unida a El, dará fruto para nosotros mismos y para los demás: nos salvaremos nosotros y salvaremos a otros. Serán frutos de Vida Eterna para nosotros mismos y para los demás. Es lo que llama Juan Pablo II en su Encíclica “Salvifici Doloris” sobre el sufrimiento humano, “el valor redentor del sufrimiento”.

La Primera Lectura del Profeta Jeremías (Jr. 31, 31-34) nos habla de la Nueva Alianza que Dios establecería con su pueblo. El Señor pondría su Ley en lo más profundo de nuestras mentes y la grabaría en nuestros corazones.

Y nos dice: “Todos me van a conocer, desde el más pequeño hasta el mayor de todos, cuando Yo les perdone su culpas y olvide para siempre sus pecados”. Nos dice que lo vamos a conocer porque nos va a perdonar y se va a olvidar nuestros pecados. No lo vamos a conocer por su castigo, sino por su perdón. Esa es su tarjeta de presentación: su Amor Infinito que perdona y olvida todo nuestro mal.

Cristo, entonces, se hizo Hombre y vivió y sufrió y murió y resucitó para que nuestros pecados fueran perdonados y pudiéramos tener acceso nosotros a la resurrección y a la Vida Eterna.

El Salmo de hoy es el #50, el Salmo de David arrepentido de su horrible y múltiple pecado. “Crea en mí un corazón puro ...Lávame de todos mis delitos y olvida mis ofensas ... Devuélveme la alegría de la salvación ...” Bellísimo Salmo propio para orar cuando nos queremos arrepentir de nuestros pecados. Muy apropiado para pedir nuestra conversión al Señor, para implorar su misericordia.

Próximos ya a la Semana Santa cuando conmemoraremos la entrega total que Cristo hizo de Sí mismo, perdiendo su vida para darnos una nueva Vida a todos nosotros, es tiempo propicio para una profunda conversión.

Reflexionando sobre las palabras del Evangelio y aplicándolas a nuestra vida espiritual, podríamos pedir al Señor esta gracia de conversión profunda que significa el poder comprender y realizar este ideal que nos propone y nos muestra Cristo: morir para vivir, perder para ganar, entregar para obtener.
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Homilia de Padre Jesus Marti Ballester
http://jmarti.ciberia.es
5 Cuaresma    

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