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5 Cuaresma
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Asunto de Vida O Muerte
(29 de marzo de 2009)
Tema Básico: Seguir a Jesus no es para mejorar las cosas. Es un
asunto de vida o muerte.
En este domingo final antes de la Semana Santa, Jesus nos dice, "Si el
grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero
si muere, producira mucho fruto." Y añade esta palabras, "El que
ama a si mismo, se pierde; el que se aborrece a si mismo en este mundo,
se asegura la vida eterna." Seguir a Jesus no es tanto de hacer el
mundo un lugar mejer. Ni es sobre mejorar la vida propia. No, seguir a
Jesus es un asunto de vida o muerte.
Para explicar esto quisiera contarles de un libro que me afecto
profundamente. Tal vez les sorprendera: el libro es una novela de Leon
Tolstoi, llamado "La muerte de Iván Ilich." Ivan Ilich es un
hombre de cuarenta y cinco años que ha logrado una vida buena:
Ha subido a un trabajo prestigioso con un sueldo suficiente para
comprar las cosas que quiere. Sus colegas lo admira y la gente en
general lo respeta. Aparte de un matrimonio infeliz, goza de la vida -
especialmente jugando naipes con sus amigos.
Pero una enfermedad se pega. Ivan Ilich cree que puede superarla - como
ha superado todo obstaculo. Como se dice, es un luchador. Sospecha que
su propio descuido ha traido la condicion adversa. Por un acto de
voluntad, puede volver las cosas al normal. Doctores eminentes lo
examina y hacen hipotesis. Pero Ilich no esta convencido. Habia hecho
la misma cosa en la corte.
Los doctores debaten si es un problema de los riñones, apendice
o pulmones. Si la condicion es fatal, no quieren decir. Igualmente su
familia y amigos evitan el tema. Al mismo tiempo, Ilich cree que serian
alividados si el se fuera rapido. Es una pena y molestia a ellos.
Ilich desea que alguien simpatiza con lo que realmente esta sucediendo
a el, pero el mismo no puede expresarlo en palabras. Un hombre - un
campesino llamado Gerasim - muestra compasion genuina. Al apoyar los
pies de Ilich en sus hombros, Gerasim le da algo de alivio. Mas
importante, Gerasim da evidencia de una preocupacion por un ser humano
enfrentando lo que todos tenemos que enfrentar. Por medio de el, Ilich
mueve de ver su condicion como una lucha entre enfermedad y salud a lo
que verdaderamente es: un asunto de vida o muerte.
La preocupacion de Gerasim hace posible esta pregunta: "Y que si toda
mi vida ha sido mal?" Pero Ilich despide la pregunto. Desde luego, ha
actuado por las convenciones de su sociedad - y ha hecho las cosas
correctamente. Pero la pregunta no desaparece. Al final le hace ver su
muerte en otra manera.
La novela concluye con la paradoja que la vida que Ilich agarraba,
producia una muerte espiritual, mientras la muerte que temia traia algo
mas alla de su imaginacion.
Se puede leer esta novela en un par de hora - y se puede conseguirla en
bibliotecas, librerias y por la Internet. Sus ideas son tan acertadas
como hace un siglo y medio. Lo recomiendo como preparacion para el
Domingo de Ramos y la Semana Santa. Ilustra lo que Jesus nos dice hoy:
"Si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda
infecundo..el que se aborrece a si mismo en este mundo, se asegura la
vida eterna." Seguir Jesus no es tanto para mejorar las cosas. Es
asunto de vida o muerte.
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Intercesiones Generales para el Quinto Domingo de Cuaresma, Ciclo B (de
Sacerdotes Para la Vida)
English Version
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5 Cuaresma
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DOMINGO 5 de Cuaresma- Ciclo "B" -
29 de Marzo de 2009
En el Evangelio de hoy, próximo a su Pasión, ya en
Jerusalén, donde iba a ser entregado para su Muerte en la cruz,
Jesús informó a sus discípulos y a algunos
seguidores, lo que estaba a punto de suceder días
después: su Pasión, Muerte y posterior
Resurrección.
Para ello, utiliza la imagen de una semilla que debe morir al ser
plantada para dar paso a una vida nueva. Nos habla el Señor de
una semilla de trigo, fruto muy utilizado en su tierra, que
además se aplicaba muy bien a El, Quien se nos
convertiría después en el mejor fruto que planta de trigo
podía producir, ya que a partir del Jueves Santo, Jesús
sería para nosotros el Pan Eucarístico.
Sin embargo, ¿cómo se aplican a nosotros esas palabras
del Señor: “Yo les aseguro que si el grano de trigo sembrado en
la tierra no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá
mucho fruto”? ¿Se aplican esas palabras sólo a El o
también a nosotros? ... Si hemos de seguir el ejemplo y las
exigencias de Cristo, ciertamente también se aplican a nosotros.
Y para comprender el significado de esto debemos pasar a las siguientes
palabras del Señor: “El que ama su vida la destruye, y el que
desprecia su vida en este mundo la conserva para la vida eterna” ( Jn.
12, 20-33).
Ahora bien ... ¿puede realizarse la paradoja, la aparente
contradicción de perder para ganar, entregar para obtener, morir
para vivir? ... Debe ser así, pues es lo que el Señor nos
propone cuando nos advierte que quien pretenda conservar su vida la
perderá, pero quien la entregue la conservará.
En el diálogo del Señor que nos relata hoy el Evangelio
de San Juan, vemos que se estaba dirigiendo a sus discípulos
-que eran hebreos- y a unos griegos que habían llegado a
Jerusalén y querían ver a Jesús.
Y sucedió que en este diálogo también interviene
Dios Padre.
Notemos que Jesús muestra rasgos muy genuinos de su humanidad,
pues confiesa a sus oyentes que tiene miedo. “Ahora que tengo miedo,
¿voy a decirle a mi Padre: ‘Padre, líbrame de esta hora’?
Y se contesta enseguida: “No, si precisamente para esta hora he venido”.
Jesús no elude el sufrimiento y la muerte, sino que confirma su
entrega por nosotros, su entrega a la Voluntad del Padre, Quien muestra
su presencia en ese momento.
La voz del Padre parece ser una respuesta al Hijo, Quien le pide:
“Padre, dale gloria tu nombre”. Jesús, luego confirma por
qué el Padre se ha hecho presente: “Esta voz no ha venido por
Mí, sino por ustedes”.
Es una nueva oportunidad para fortalecer la fe de los
discípulos. Y qué dice el Padre: “Lo he glorificado y
volveré a glorificarlo”. Alusión directa a la
Resurrección de Cristo, que sucedería -como estaba
prometido- al tercer día de su vergonzosa muerte en la cruz.
Poquísimas veces se ve la manifestación directa del Padre
en los Evangelios, una de ellas –la menos conocida, tal vez- es
ésta. Recordemos que allí estaban presentes hebreos y
gentiles. Tal vez por ello Jesús luego hace alusión a que
su Reino se extendería a todos: “Cuando Yo sea levantado de la
tierra, atraeré a todos hacia Mí”.
Nos dice el Evangelista que aludía a su muerte en la cruz. Y
sabemos cómo se cumplieron las palabras del Señor, pues
después de su Muerte, su Resurrección, su
Ascensión y Pentecostés, la Iglesia por El fundada se
extendió por todas partes, con la predicación de los
Apóstoles.
Nos dijo Jesús que su Reino se extendería a todos, porque
iba a ser arrojado el príncipe de este mundo (el Demonio) ... y
El, a través de su muerte en cruz y por la gloria de su
Resurrección, atraería a todos hacia El. Palabras de
esperanza y seguridad para todos los que nos dejamos “atraer” por El,
por su doctrina y por su ejemplo.
Palabras también de compromiso, porque “dejarnos atraer por El”
significa seguirlo en todo ... como El reiteradamente nos pide. Y
“seguirlo en todo” significa seguirlo también en la muerte.
Por supuesto esto no significa que todos tengamos que morir en una cruz
como El. Tampoco significa que todos tengamos que sufrir un martirio
violento -como algunos sí lo han tenido.
Significa más bien ese “morir” cada día a nuestro propio
yo. Significa ese “perder la vida” que Jesús nos pide en este
pasaje de San Juan y que también nos lo requiere en otra
oportunidad, con palabras similares: “El que quiera asegurar su vida la
perderá, pero el que pierda su vida por Mí, la
asegurará” (Mt. 16, 25 - Mc. 8, 35 - Lc. 9, 24).
Hay la idea de que morir cuesta mucho, de que el trance de la muerte es
un trance muy difícil. En realidad lo que más cuesta es
la idea misma de “morir”. Pero la Palabra de Dios es clara, muy clara:
debemos entregar nuestra vida, debemos morir a nosotros mismos, si
realmente queremos vivir.
¿Qué significa entregar nuestra vida y morir a nuestro yo?
Significa entregar nuestros modos de ver las cosas, para que sean los
modos de Dios y no los nuestros los que rijan nuestra vida.
Significa entregar nuestros planes, para pedirle a Dios que nos muestre
Sus planes para nuestra vida, y realizar esos planes y no los nuestros.
Significa entregar nuestra voluntad a Dios, para que sea Su Voluntad y
no la nuestra la que dirija nuestra existencia en la tierra.
Es, entonces, un continuo morir a lo que este mundo nos propone como
deseable y hasta conveniente.
Pero pensemos: ¿quién es el dueño de este mundo?
Ya Dios nos advierte en su Palabra quién rige el mundo:
aquél que es llamado en este pasaje “príncipe ( o amo) de
este mundo”. Si observamos bien, los valores que nos propone el mundo
son muy diferentes a los de Dios. Los criterios de este mundo son
también muy diferentes a los de Dios.
Y cada vez que optamos por el bando de Dios, por ese “perder la vida de
este mundo”, significa un “morir” a nuestro yo, es decir, a nuestras
propias inclinaciones, deseos, ideas, criterios, planes, formas de ser
y de actuar.
De no vivir día a día esa continua renuncia a nosotros
mismos, esa continua muerte a nuestro yo, no podremos dar fruto.
Seremos “infecundos”. “Si el grano de trigo no muere, queda infecundo”.
No dará fruto.
Y ¿cuál fue el fruto de Cristo? Lo sabemos bien y nos lo
recuerda San Pablo en la Segunda Lectura (Hb. 5, 7-9): “se
convirtió en la causa de la salvación eterna para todos
los que lo obedecen”.
¿Cuál será nuestro fruto si optamos por ser
fecundos, si optamos por morir con Cristo? Si morimos con El, viviremos
con El ... y también salvaremos con El, pues nuestra
oblación, nuestra entrega, unida a El, dará fruto para
nosotros mismos y para los demás: nos salvaremos nosotros y
salvaremos a otros. Serán frutos de Vida Eterna para nosotros
mismos y para los demás. Es lo que llama Juan Pablo II en su
Encíclica “Salvifici Doloris” sobre el sufrimiento humano, “el
valor redentor del sufrimiento”.
La Primera Lectura del Profeta Jeremías (Jr. 31, 31-34) nos
habla de la Nueva Alianza que Dios establecería con su pueblo.
El Señor pondría su Ley en lo más profundo de
nuestras mentes y la grabaría en nuestros corazones.
Y nos dice: “Todos me van a conocer, desde el más pequeño
hasta el mayor de todos, cuando Yo les perdone su culpas y olvide para
siempre sus pecados”. Nos dice que lo vamos a conocer porque nos va a
perdonar y se va a olvidar nuestros pecados. No lo vamos a conocer por
su castigo, sino por su perdón. Esa es su tarjeta de
presentación: su Amor Infinito que perdona y olvida todo nuestro
mal.
Cristo, entonces, se hizo Hombre y vivió y sufrió y
murió y resucitó para que nuestros pecados fueran
perdonados y pudiéramos tener acceso nosotros a la
resurrección y a la Vida Eterna.
El Salmo de hoy es el #50, el Salmo de David arrepentido de su horrible
y múltiple pecado. “Crea en mí un corazón puro
...Lávame de todos mis delitos y olvida mis ofensas ...
Devuélveme la alegría de la salvación ...”
Bellísimo Salmo propio para orar cuando nos queremos arrepentir
de nuestros pecados. Muy apropiado para pedir nuestra conversión
al Señor, para implorar su misericordia.
Próximos ya a la Semana Santa cuando conmemoraremos la entrega
total que Cristo hizo de Sí mismo, perdiendo su vida para darnos
una nueva Vida a todos nosotros, es tiempo propicio para una profunda
conversión.
Reflexionando sobre las palabras del Evangelio y aplicándolas a
nuestra vida espiritual, podríamos pedir al Señor esta
gracia de conversión profunda que significa el poder comprender
y realizar este ideal que nos propone y nos muestra Cristo: morir para
vivir, perder para ganar, entregar para obtener.
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