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Arrepientanse y Crean
(25 de enero de 2009)
Tema Básico: Ser discipulo requiere mas que una sola experiencia
de conversion. Como la gente se puede enfriar, necesitamos oir de nuevo
las palabras de Jesus: Arrepientanse y crean.
Una vez en una reunion arquidiocesana, un ponente pidio que todos los
educados en escuelas catolicas ponerse de pie. Como se puede imaginar,
la mayoria se paro. Nada en contra de las escuelas publicas y por
supuesto tenemos gratitud por los dones de adultos convertidos a
nuestra fe. Al mismo tiempo la gran parte de nuestros lideres laicos
han salido de escuelas catolicas.
Hay un motivo para eso. Como vemos en el evangelio de hoy, ser
discipulo requiere mas que una sola experiencia de conversion. Despues
de llamar a la conversion, Jesus invita a seguirlo, caminar con el.
Implica conversar, trabajar, relajar y - sobre todo - rezar juntos. La
escuela catolica es un lugar donde estas cosas pueden suceder. Junto
con sus profesores y otros adultos, los alumnos tienen una experiencia
comun de estudios, proyectos, recreacion y oracion. Todo esto puede
contribuir a ser un discipulo cristiano.
Pues, ser discipulo no sucede automaticamente. Desde luego todo alumno
tiene su propia voluntad libre, pero tambien un grupo de personas puede
perder su vision, enfriarse y al final, conformarse a la cultura
dominante. Es por eso que necesitamos oir las palabras de Jesus:
Arrepientanse y crean. Arrepentirse significa examinar su propia vida:
Donde me he separado de Cristo, caido en desorden? Creer quiere decir
no solamente repitir palabras, sino reflexionar sobre su significado.
Por ejemplo, en la Profesion de Fe, decimos: Creo en Dios, Padre
todopoderoso. Que significa que Dios es mi Padre - y que es
todopoderos? Un discipulo no solamente repite las palabras. Reflexiona
sobre lo que quieren decir.
Esto es importante porque, de otro modo, tenemos la tendencia de
caernos en los valores y creencias de nuestra cultura. Dejenme usar un
ejemplo de la semana pasada. Apenas hemos investido un nuevo
presidente. Seguro que todos estamos rezando por el Presidente Obama.
No sé de ustedes pero yo estoy rezando que el nuevo presidente
tiene las soluciones para nuestros problemas economicos, que su
administracion puede mejorar nuestro sistema de salud y - sobre todo -
encontrar nuevas formas de resolver conflictos entre naciones. Son
cosas importantes y nos afectan a todos, especialmente nuestros
niños. Pero, al mismo tiempo, espero que nadie aqui piense que
la economia, el cuidado de salud y la paz mundial son las cosas mas
importantes.* En comparacion con las salvacion de una sola alma, son
patatas pequeñas. Algun dia los Estados Unidos no existiran - e
igualmente los otros paises. Pero tu y yo apenas estaremos comenzando
nuestra existencia.
En todo momento estamos avanzando al cielo o al infierno. Y nosotros
estamos ayudando a nuestro projimo llegar a uno u otro destino. No
existe una "persona ordinaria." Los países y civilizaciones son
mortales – su existencia va a terminar. Pero la persona con quien
conversamos va existir para siempre – como un horror inmortal o un
esplendor sin termino. Igual tu y yo.
El tiempo es breve - ahora es el momento correcto: Arrepientanse y
crean.
**********
*Por eso debemos ser profundamente preocupados si un gobierna sanciona
pecado grave (mortal) por ejemplo el aborto, actos homosexuales o
tortura. (En cuanto a la tortura, ver Catecismo 2297-98.)
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DOMINGO 3 del Tiempo Ordinario - Ciclo "B" -
25 de Enero de 2009
Cuando Dios escoge ... escoge. Eso lo han sabido muchos santos. Pero
nadie lo supo mejor que Jonás, ese interesante y pintoresco
personaje del Antiguo Testamento que según nos cuenta el libro
que lleva su nombre, pasó tres días dentro de una
ballena. ¿Lenguaje figurado? ¿Ropaje para significar algo
más profundo? Muy probablemente sea así, aunque Cristo
citó el caso de Jonás para significar que El
también estaría tres días muerto y que luego
resucitaría. Sin embargo, de Jonás lo más
importante no fue si realmente pasó o no tres días dentro
de una ballena, sino que no quería hacer lo que Dios le
pedía. Dios lo escogió para que se convirtiera él
y para que -por la escogencia que Dios hizo de él- muchos
también se convirtieran.
El Señor escogió a Jonás y a este profeta no le
valió de nada escapar en un barco para huir de Dios. El barco se
vio metido dentro de una tormenta. Jonás es lanzado al agua al
conocerse que la causa de la tormenta es la huída de
Jonás. Y luego de ser tragado por una ballena, es lanzado por el
animal cerca de las costas de la ciudad de Nínive para predicar
lo que el Señor le pedía. El Señor buscaba que
Nínive -gran ciudad, que para recorrerla a pie se
requerían tres días- se convirtiera de sus vicios y
pecados. Jonás predicó lo que el Señor le
indicó: “Dentro de cuarenta días Nínive
será destruida”. Sin embargo, los habitantes de Nínive se
convirtieron y creyeron en Dios, e hicieron penitencia todos. Dios,
entonces, no destruyó la ciudad.
Otros elegidos de Dios son más dóciles que Jonás.
Tal es el caso de los primeros discípulos escogidos por
Jesús. Nos cuenta el Evangelio de San Marcos (Mc. 1, 14-20) que
cuando Jesús, viendo a Andrés y a su hermano Pedro
echando las redes de pescar en el lago de Galilea, les llamó
para hacerlos “pescadores de hombres, ... y ellos dejaron las redes y
lo siguieron.” Respuesta inmediata y obediente a la escogencia del
Señor.
Los escogidos de Dios son instrumentos suyos para la conversión
que Dios desea realizar en medio de su pueblo, es decir, en cada uno de
nosotros. Y la conversión siempre exige un cambio de vida:
incluye, primero que todo, dejar el pecado. Pero no basta esto. Es
necesario pasar a una segunda fase: “creer en el Evangelio”. Y creer en
el Evangelio significa vivir según el Evangelio. No basta
conocer la teoría del Evangelio: es necesario vivirlo en la
práctica.
Es necesario cambiar la mentalidad terrena que nos vende el mundo, esa
mentalidad a la que estamos muy acostumbrados. ¿Cuál es
la mentalidad del mundo? Aquélla que nos lleva a quedarnos en lo
temporal y a olvidarnos de lo eterno, nos lleva a preferir lo terrenal
y olvidarnos de lo celestial, nos lleva a conformarnos con lo humano y
a descartar lo divino, nos lleva a creer en el mundo y a olvidarnos del
Evangelio.
Sin embargo, el Señor nos dice: “El Reino de Dios ya está
cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio”. Ciertamente el
Reino de Dios está cerca, pero sólo será una
realidad cuando, arrepentidos y convertidos, creamos y vivamos
según el Evangelio. Será una realidad cuando vivamos
según la Voluntad Divina, cuando -como rezamos en el Salmo (#24)
- el Señor “nos descubra sus caminos”. Y, una vez descubiertos
los caminos del Señor, podamos seguirlos con docilidad.
San Pablo nos recuerda en la Segunda Lectura (1 Cor. 7, 29-31) que
“este mundo que vemos es pasajero”, y que “la vida es corta”. Y nos
aconseja cómo conviene que vivamos desapegados de este mundo
pasajero y de esta vida corta: “los que sufren, como si no sufrieran;
los que están alegres, como si no se alegraran; los que compran
como si no compraran; los casados, como si no lo estuvieran”. Es decir:
“estar en el mundo sin ser del mundo” (cfr. Jn. 17, 14-15).
No hay que seguir el ejemplo de Jonás: duro para responder. Hay
que imitar a otros: a Pedro, Andrés, Santiago, Juan…. Ellos, sin
pensarlo mucho, dijeron sí enseguida y siguieron al Señor.
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