6 Enero 2019Epifanía

Homilia de Padre Phil Bloom
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Epifanía






Homilia de la Parroquia Nuestra Senora de la Caridad del Cobre, Caracas
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Epifanía
Solemnidad de la Epifanía del Señor - Ciclo "C"
6 de Enero de 2019

Los Los Tres Reyes Magos representan la manifestación de Jesucristo, Dios y Señor de todos los hombres, a todas las razas. Por eso la fiesta que recuerda la visita de los Reyes al Dios-Hombre, al Rey de Reyes, se denomina "Epifanía", que significa "manifestación". La importancia de esta festividad va mucho más allá de lo pintoresco y atractivo de esta historia que recoge el Evangelio de San Mateo. Dios-Padre ha inscrito en el corazón de todos los seres humanos el deseo de buscarle. Y Dios responde a ese anhelo que hay en cada uno de nosotros Sus creaturas. Y responde, mostrándonos cómo es El y cuál es el camino para llegar a El, con Su Hijo Jesucristo, que se hace hombre, y nace y vive en nuestro mundo en un momento dado de nuestra historia. (cfr. Juan Pablo II, En el umbral del Tercer Milenio). Jesucristo es la respuesta de Dios a nuestra búsqueda de El. Es el Salvador del género humano. Es el "Rey de Reyes".Es el Dios humanado, el Dios-Hombre. Eso lo supieron los Reyes que vinieron de oriente hacia Belén, buscándolo. Dios se les reveló de alguna manera para estimularlos a realizar un largo viaje, no exento de muchas dificultades, cada uno desde su sitio de origen.

Estos tres reyes astrónomos –que no astrólogos- habían recibido una inspiración de Dios que los impulsaba a buscar a ese "Rey" que era mucho más que ellos, ya que Su Reino no era como los reinos de la tierra. La visita de los Reyes Magos ya había sido anunciada por el Profeta Isaías: "Te inundará una multitud de camellos y dromedarios, procedentes de Madián y de Efá. Vendrán todos los de Sabá trayendo incienso y oro y proclamando las alabanzas del Señor". (Is 60, 1-6) A estos tres personajes conocemos como Melchor, Gaspar y Baltazar. No aparecen sus nombres en la Biblia, pero se conocen por documentos históricos, entre éstos, un manuscrito en griego escrito por allá en el año 500 en Alejandría. Sabemos además que Baltazar era considerado como rey de Arabia, Melchor como rey de Persia y Gaspar como rey de la India. ¿Y se sabe algo más de ellos después de su visita al Rey de Reyes? Pues nada menos que sus restos reposan en la Catedral de Colonia. Allí, en esa impresionante Iglesia gótica de Alemania, están también sus coronas.

Quiere decir que esto no es un cuento, ni es un mito, sino que es historia. Ellos recibieron una llamada divina para ponerse en marcha y luego la Estrella del Señor los guiaba por el camino hacia Belén. Por eso dicen: "Hemos visto Su Estrella en Oriente y venimos a adorarlo" (Mt. 2,2). Como buscan a un Rey, los Reyes Magos lógicamente van a Jerusalén, la capital. Y allí nadie sabe nada. Pero el que gobernaba a los judíos, llamado "rey" Herodes, consulta a los conocedores de las escrituras sagradas, y éstos informan que el Rey de los Judíos debía nacer en Belén. Herodes, como todo el que quiere perpetuarse en el poder, se alarma y actúa agresiva e injustamente. Es que el rey es él y no puede haber otro que venga a sustituirlo. Por eso manda a matar a todos los niños que pudieran ser ese Rey a quien él teme.

Es la terrorífica matanza de los Santos Inocentes. Pero a Jesús no lo alcanza, porque San José recibe instrucciones divinas de escapar a Egipto con la Madre y el Niño. Ahora bien, lo triste de este relato es que pareciera que nadie en Jerusalén -que queda a sólo 9 kilómetros de Belén- se molestó o siquiera se interesó en ir a buscar a este "Rey de Reyes". Mientras estaban en Jerusalén, la estrella se les había desaparecido. Pero volvieron a ver "la Estrella y se llenaron de inmensa alegría" (Mt. 2,10). Finalmente encontraron al Rey que buscaban. Y "entraron en la casa y vieron al Niño con María, su Madre, y postrándose, lo adoraron." (Mt. 2,10-11). Es decir, al llegar ante la presencia de Dios-hecho-Hombre, caen postrados ante tal majestad y grandeza. Caen, adorándolo. Los Tres Reyes ofrecieron regalos al Dios-Hombre: oro, en reconocimiento de que era Rey, el Rey de Reyes; incienso, con que lo reconocían como Dios, y mirra, sustancia usada para ungir a los muertos, simbolizaba su muerte como Hombre para nuestra salvación.

Esta breve historia de la Sagrada Escritura nos muestra que Dios se revela a toda raza, pueblo y nación. Se revela en Jesucristo, Dios Vivo y Verdadero, ante Quien no podemos más que postrarnos y adorarlo. La historia de los Reyes de Oriente nos muestra cómo Dios llama a cada persona de diferentes maneras, sea cual fuere su origen o su raza, su pueblo o su nación, su creencia o convicción. El, toca nuestros corazones para que lo reconozcamos en Jesucristo como nuestro Señor, nuestro Dueño, nuestro Rey. Como a los Tres Reyes, Dios nos llama, nos inspira para que le busquemos, se revela a nosotros en Jesucristo. Y nuestra respuesta no puede ser otra que la de los Reyes: buscarlo, seguir Su Camino, postrarnos y adorarlo, ofreciéndole nuestra entrega a El, nuestra oración y nuestros trabajos. Pero...... ¿Cómo adorar a Dios?

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