9 Diciembre 20182 Adviento

Homilia de Padre Phil Bloom
Stmaryvalleybloom.org
* Disponible en Inglés - ve Homilías Inglés
2 Adviento
Segunda Virtud de Adviento: Generosidad
(9 de diciembre de 2018)

Mensaje: Hoy tenemos la oportunidad de ejercer la virtud de la generosidad, orando por y dando a los Servicios Comunitarios Catolicos.
Para las homilias de Adviento, estoy usando la oracion de San Pablo, pidiendole a Dios que "fortalezca sus corazones". La fuerza como vimos la semana pasada es otra palabra por virtud. Cada domingo de Adviento pedimos una virtud especifica. El domingo pasado pedimos la virtud de paciencia. Hemos escuchado a Jesus hablar de vigilancia, esperar con paciencia. La paciencia es esencial para nuestra relacion con Dios y con los demas. Una de las mejores cosas que se puede aprender es la gratificacion postergada: la paciencia. La paciencia, como vimos, es como un musculo.

Se hace mas fuerte con el ejercicio. Cada dia, Dios envia pruebas para ejercer la paciencia. En la Biblia, Dios a menudo nos dice que ayunemos, por ejemplo, abstenerse de algun alimento sabroso por un dia. La practica penitencial del ayuno entrena a una persona en la gratificacion retrasada. Ahora paso a otra practica penitencial que, de hecho, es nuestra segunda virtud de Adviento. Junto con el ayuno viene la limosna, tambien conocida como generosidad. Para la mayoria de las personas, la generosidad es mas facil que el ayuno o la paciencia. Por supuesto, los ninos tienen que aprender a compartir, es decir, a aprender generosidad. Y algunos adultos estan tacanos toda la vida. Sin embargo, la mayoria de las personas desean ser generosas. En comparacion con la paciencia, la generosidad es facil. Sin embargo, hay un problema. Para que la generosidad sea una virtud verdadera, debe ser intencional y coherente. Jesus habla acerca de la mayordomia, administrando sabiamente los dones de Dios.

Una cosa es ver a una persona desafortunada y darle cinco dolares. Es otra cosa apoyar a una organizacion como San Vincente de Paul o Servicios Catolicos de Comunidad - Catholic Community Services (CCS). Escucharemos un testimonio sobre CCS al final de la homilia. El arzobispo Sartain le da gran importancia a la CCS. Como Vicario de Caridades Catolicas (que supervisa CCS), el arzobispo nombro a uno de nuestros mejores sacerdotes jovenes: el Padre Brad Hagelin. Al apoyar los Servicios Comunitarios Catolicos practicamos la generosidad. Juan el Bautista muestra como hacerlo. El cumple la profecia de Isaias acerca de hacer que los caminos malos sean suaves. Y como llenamos esos baches para que la carretera en mal estado se convierta en una carretera buena? Pues, Juann dice: "Quien tenga dos tunicas, que de una al que no tiene ninguna y quien tenga comida, que haga lo mismo.". Eso es generosidad, nuestra segunda virtud de Adviento. La proxima semana veremos la tercera virtud de Adviento. Pista: es la virtud que los padres mas quieren para sus hijos. Eso es para el proximo domingo. Hoy tenemos la oportunidad de ejercer la virtud de la generosidad, por apoyar a los Servicios Comunitarios Catolicos. Con esto en mente, te pido que prestes tu atencion al representante de CCS ____________________.


Homilia de la Parroquia Nuestra Senora de la Caridad del Cobre, Caracas
Homilia.org
2 Adviento
Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Vírgen María
Sabado 1 de Adviento - Ciclo "C"
8 de Diciembre de 2018


Cuando Santa Bernardita preguntó a la "Señora" que se le aparecía en Lourdes, Francia, por allá a mediados del siglo 19, concretamente en 1858, quién era Ella, la buena "Señora" le respondió: "Yo soy la Inmaculada Concepción". Hoy en día este nombre no parece extraordinario, pero el que la Virgen haya usado precisamente el término de "Inmaculada Concepción" para responder quién era Ella a una campesinita de un pequeño poblado del sur de Francia, fue en aquel momento algo muy especial. Y fue muy especial por que sólo cuatro años antes el Papa Pío IX, había declarado el dogma de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María. ¿En qué consiste ese dogma que cada 8 de diciembre celebramos los Católicos como una de las Fiestas grandes de la Iglesia? Significa que María fue preservada desde el primer instante de su existencia, desde su concepción en el vientre de su madre Santa Ana, del Pecado Original y de sus consecuencias. Pero el privilegio de la Madre de Dios no se queda allí, sino que sabemos que fue también llena de gracia desde el primer momento de su existencia. Fue "inmaculada" desde su "concepción". Dios deseó, entonces, que la Virgen María, la que iba a ser su Madre, fuera concebida en estado de gracia y santidad, libre de las consecuencias del pecado original de nuestros primeros progenitores.

Eso significa que María no estuvo nunca sometida a la esclavitud del demonio, ni tenía inclinación al mal, ni oscurecimiento de su entendimiento, consecuencias del pecado original, con las cuales todos los demás mortales somos concebidos. Tampoco estaba sujeta a dos consecuencias adicionales, como son el sufrimiento y la muerte. Ella, por cierto, experimentó estas dos cosas, no porque estuviera sujeta a ellas, sino que las padeció como colaboración para nuestra salvación. El anuncio de la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios se encuentra muy al comienzo de la Biblia. Leemos esto en la Primera Lectura (Gen. 3, 9-15.20). Al ser descubiertos Adán y Eva en su pecado de rebeldía contra Dios, el Creador acusa a la serpiente, es decir, a Satanás, y le anuncia: "Pondré enemistad entre ti y la Mujer, entre tu descendencia y la suya; y su descendencia te aplastará la cabeza". Con María comienza la lucha entre la descendencia de la Mujer (Jesucristo) y la de la serpiente, lucha que se resolverá con la victoria definitiva del que es descendiente de la Virgen y también Hijo de Dios. De allí que, en el momento de la Anunciación, cuando tuvo lugar la concepción del Hijo de Dios, el Arcángel Gabriel saludara a María con aquel "llena de gracia", que nos trae el Evangelio de hoy para esta Fiesta de la Virgen (Lc. 1, 26-38). Y¡claro! Ella es "llena de gracia" porque está llena de la Gracia misma que es Dios y porque nunca el pecado la tocó. De otra manera no hubiera podido ser saludada así por el mensajero de Dios. Es la mayor prueba de la Inmaculada Concepción de María. Dios no tuvo que liberar a María del Pecado Original, porque la había preservado de este pecado desde el mismo momento de su Inmaculada Concepción.

Podríamos decir que la redimió de antemano. La Santísima Virgen María es, entonces, la primera redimida. Y es redimida, inclusive, antes de la llegada de su Hijo, el Redentor. Con Ella comienza la redención, porque nos trae al Salvador del mundo. De allí que San Pablo en la Primera Lectura, que es ese maravilloso himno de alabanza con que comienza su carta a los Efesios, (Ef. 1, 3-6.11-12) alabe a "Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en El, con toda clase de bienes espirituales y celestiales ... para que fuéramos santos e irreprochables a sus ojos". Dentro de ese maravilloso plan divino de que nos habla San Pablo, por el cual se nos bendice con toda clase de bienes espirituales, la mayor bendecida es -por supuesto- la Madre de Dios, pues Ella es la más "santa e irreprochable a los ojos de Dios", ya que, como nos dice el Concilio Vaticano II, "fue enriquecida desde el primer instante de su concepción con esplendores de santidad del todo singular" (LG 56), superando Ella "con mucho a todas las criaturas celestiales y terrenas" (LG 53). Pero, además el mayor bien que se nos ha dado ha sido Ella y su descendencia, pues por Ella, comenzando con su Inmaculada Concepción, se nos ha dado la salvación y el perdón del pecado. Ese maravilloso plan divino ya se sucedió en María por ese privilegio inmensísimo de su concepción sin mancha, pero también -y muy especialmente- por su sí constante y permanente a la Voluntad Divina, por su respuesta a la gracia. Y ese mismo plan se va realizando en cada uno de nosotros también con nuestro sí, que debe tender a ir siendo constante y permanente, como el de María. El Bautismo ha borrado el pecado original, pero además tenemos, a lo largo de nuestra vida, todas las gracias necesarias para poder dar nuestro sí en todo momento, como Ella lo dio. Así sea.

2 Adviento
Domingo 2 del Tiempo Ordinario - Ciclo "B"
9 de Diciembre de 2018

Las lecturas de este segundo domingo de Adviento continúan el vaivén entre los hechos históricos y los cambios espirituales, entre la venida de Cristo hace 2000 años y su segunda futura venida. En la Primera Lectura del Profeta Baruc (Ba. 5, 1-9), encontramos la descripción de la ciudad de Jerusalén vacía y triste porque sus habitantes no están allí, sino en el exilio. Pero el Profeta invita a Jerusalén a alegrarse porque sus hijos desterrados volverán a la ciudad y serán conducidos del destierro a través del desierto por el mismo Dios. Ahora bien, Jerusalén siempre es también símbolo de la Iglesia, que tiene muchos hijos también en exilio, fuera de sus muros, fuera de su influencia, alejados de ella. ¿Cómo se han exilado? Por el pecado, por la oposición a Dios y a sus leyes y designios. Y la Iglesia, la nueva Jerusalén, no deja de llamarnos a todos, especialmente en este tiempo de preparación que es el Adviento. Y Dios prepara ese camino, como nos dice el Profeta Baruc, "abajando montañas y colinas, rellenando los valles hasta aplanar la tierra, para que Israel (el pueblo de Dios, su Iglesia) camine seguro bajo la gloria de Dios". Además, "los bosques y los árboles fragantes le darán sombra por orden de Dios ... escoltándolo con su misericordia y su justicia."

El Profeta anunciaba la preparación que Dios iba a hacer en el camino de regreso a través del desierto para que los desterrados pudieran volver a Jerusalén. Pero cuando San Juan Bautista, un siglo después de Baruc, comienza su predicación para preparar y anunciar la llegada del Mesías, retoma las palabras del Profeta y le da a las mismas un sentido espiritual. En el Evangelio de hoy (Lc. 3, 1-6) San Lucas nos da al principio datos muy precisos de tiempo y lugar para ubicar con exactitud histórica al Bautista. También define a San Juan Bautista como "la voz que resuena en el desierto" anunciada por el Profeta Isaías (Is. 40, 3-5) quien también describe como Baruc el terreno que ha de aplanarse en el desierto. O sea que San Juan Bautista, el Precursor, anunciador del Mesías, quien era su primo Jesús de Nazaret, utiliza las palabras de los Profetas antiguos para realizar su misión, la de "preparar" el camino del Señor: "Preparen el camino del Señor, hagan rectos sus senderos. Todo valle sea rellenado, toda montaña y colina, rebajada; lo tortuoso se hará derecho, los caminos ásperos serán allanados".

Y ¿qué significa eso de enderezar, rellenar y rebajar y aplanar el terreno del desierto? ¿Qué obra de ingeniería vial es ésa, mediante la cual "todos los hombres verán la salvación de Dios"? Es la obra de ingeniería divina que Dios realiza con su gracia en nuestras almas. Nuestras almas son un desierto irrigado por la gracia divina, un desierto irregular con picos y hondonadas; sinuoso, con curvas y recovecos; su superficie es áspera con huecos y salientes. Y el Señor tiene que uniformarlo, hacerlo recto en todas sus dimensiones a lo ancho y largo, a lo alto y profundo, de un lado a otro. El Señor tiene que enderezar las curvas torcidas de nuestra mente, que busca sus propios caminos equivocados de racionalismo y engreimiento. El Señor tiene que rellenar las hendiduras de nuestras bajezas, cuando preferimos comprar lo que nos vende el Demonio, en vez de optar por la Voluntad de Dios. El Señor tiene que tumbar y rebajar las colinas y montañas de nuestro orgullo, cuando creemos que podemos ser como Dios, al pretender decidir por nosotros mismos lo que es bueno o malo; o cuando creemos poder cuestionar a Dios sus planes para nuestra vida, sin darnos cuenta que El -nuestro Creador y Padre- es quien sabe lo que nos conviene a cada uno.

El Señor tiene que suavizar con su Amor la superficie de nuestra alma, para quitar la aspereza de nuestro egoísmo, cuando no sabemos amarlo ni a El ni a los demás, sino que nos amamos sólo a nosotros mismos. ¡Es toda una obra de Ingeniería Divina! Y es una obra de ingeniería que requiere nuestra colaboración. Es una obra de conversión, de purificar y cambiar lo que no está acorde con la Voluntad Divina. Esta conversión es especialmente importante en el Adviento, tiempo dedicado a este cambio interior. Pero no basta convertirnos en Adviento, en estas semanas anteriores a la Navidad. Es que nuestra vida tiene que ser un continuado Adviento que nos prepare a nuestro encuentro con Dios. Y ese encuentro será cuando pasemos a la otra vida, o en el momento en que Cristo vuelva en gloria como Juez Supremo de toda la humanidad. Sea cual fuere la forma de nuestro encuentro con el Señor, es un encuentro ineludible, lo más seguro que tenemos, el cual nos puede llegar en cualquier momento, como bien lo anuncia el Señor: "llegará como el ladrón", cuando menos lo pensemos.

Para cualquiera de las dos eventualidades tenemos que estar preparados, muy bien preparados, con el desierto de nuestra alma bien irrigado de la gracia divina y bien allanado con los cambios que Dios haya querido hacer en ella. Y ese encuentro, deberá encontrarnos como nos dice San Pablo en la Segunda Lectura (Flp. 1, 4-6.8-11): "limpios e irreprochables al día de la venida de Cristo, llenos de los frutos de la justicia, que nos viene de Cristo Jesús". El mismo San Pablo nos da la clave para estar bien preparados: "escoger siempre lo mejor". Y lo mejor no puede ser lo que nos provoque, lo que nos guste, lo que deseemos. Lo mejor siempre será lo que Dios desee. El camino de santidad, de justicia -como usa el término San Pablo- consiste en ir haciendo que nuestro deseo vaya cambiándose por los deseos de Dios. No suelen coincidir los deseos divinos con los humanos y esto sucede cuando la voluntad no está iluminada por Dios, sino que está oscurecida por el mundo, por el demonio o por la carne. Y no temamos, porque -como nos dice San Pablo- "Aquél que comenzó en ustedes su obra, la irá perfeccionando hasta el día de la venida de Cristo Jesús". En efecto, si nos dejamos llevar por la gracia divina, si dejamos a Dios hacer su obra de ingeniería y colaboramos, El que comenzó su obra de santificación en cada uno de nosotros, la llevará hasta su culminación cuando sea nuestro encuentro con El. Que así sea.
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