24 Junio 2018Natividad de Juan el Bautista

Homilia de Padre Phil Bloom
Stmaryvalleybloom.org
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Natividad de Juan el Bautista
Bautismo de Arrepentimiento
(24 de junio de 2018)

Mensaje: Al igual que nuestro presidente, a ninguno de nosotros nos gusta pedir perdón. Sin embargo, abrirse el bautismo de arrepentimiento es el primer paso para recibir el poder de Jesús.

Hoy celebramos el nacimiento de Juan el Bautista. En nuestra segunda lectura, San Pablo dice que Juan anuncia la venida de Jesús al proclamar un bautismo de arrepentimiento. En el tiempo de Juan la gente sabía que tenían que arrepentirse, cambiar sus corazones, cambiar sus vidas. La gente sabia que habian hecho mal. Hoy no tanto. La mayoría de nosotros no cree que hayamos hecho nada realmente mal. Voy a usar un ejemplo del presidente Trump, pero se aplica ampliamente. Cuando se postuló para presidente, un reportero lo cuestionó si alguna vez le pidió perdón a Dios. "Me gusta ser bueno. No me gusta tener que pedir perdón", dijo el candidato Trump. "Y soy bueno. No me gusta hacer cosas malas. Intento no hacer nada que sea malo". Podemos sonreír, pero tenemos que admitir que esa actitud nos afecta a todos. El presidente Trump creció profundamente influenciado por el reverendo Norman Vincent Peale y su "poder de pensamiento postivo". El pensamiento positivo está bien hasta donde llega. Después de todo, somos creados a imagen de Dios y de él hemos recibido regalos.

Deberíamos pensar positivamente sobre esos dones y pedir ayuda a Dios para usar esos dones para su gloria y el bien de los demás. Todavía necesitamos tomar el pensamiento positivo como un paso más: pensar positivamente no solo acerca de nosotros mismos, sino sobre lo que Dios puede hacer en nosotros si nos arrepentimos. Junto con nuestro lado positivo, tenemos un lado oscuro. Puede que no lo reconozcamos, pero otras personas sí lo hacen, especialmente aquellos con quienes vivimos y trabajamos. Tú y yo hemos hecho cosas que requieren perdón. Cuando reconocemos esa necesidad, esa necesidad de cambiar, entonces Dios puede tanto perdonarnos como hacer cosas poderosas en nosotros. Vemos este poder cuando enfrentamos un comportamiento adictivo. Tenemos patrones de pensamientos y acciones que causan daño: para nosotros, tanto a nivel personal como a los demás.

El programa de 12 Pasos muestra una forma efectiva de enfrentar la adicción. Los 12 pasos tienen raíces en la teología católica. El primer paso dice: "Admitimos que éramos impotentes ante la adicción, que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables". Luego, "llegamos a creer que un Poder más grande que nosotros podría restaurarnos a la sensatez". En Priest Days la semana pasada escuchamos charlas sobre cómo ayudar a las personas a lidiar con adicciones sexuales. Bruce y Jeannie Hannemann tienen un programa en línea para recuperación llamado RECLAiM Sexual Health. La pornografía puede afectar la mente como el alcohol o las drogas que liberan sustancias químicas que debilitan o dominan la voluntad. Estas cosas no solo destruyen al adicto sino que causan un gran daño a las personas cercanas a él. El diablo puede usar adicciones para tomar el control de las personas y propagar la miseria.

Antes de que una persona caiga en cosas inmorales, el diablo dice: "No es gran cosa. Todos lo hacen". Cuando una persona se cae, el diablo cambia su tono. "Lo que hiciste es despreciable y eres una persona despreciable. Debes desesperarte". Cuando el diablo dice esto, en realidad hay una sola respuesta: Ir. Al. Ya sabes dónde...infierno. Sí, dilo eso al diablo porque ahí es donde pertenece. Luego diga: "Yo pertenezco a Dios. Él me hizo y me redimió a un gran precio, la sangre de Jesús. No dependo de mi insignificante poder. Confío en un Poder Superior, el poder de Dios, Jesús. Eso es lo que hizo Juan el Bautista. San Pablo nos dice que cuando Juan estaba completando su curso, él diría: "¿Qué supones que soy? Yo no soy él. He aquí, uno viene detrás de mí ..." Juan siempre señala a Jesús y nosotros deberíamos hacerlo tambien.

Este verano vamos a escuchar más sobre el poder de la sangre de Jesús. Por su sangre, pertenecemos a Dios y tenemos el perdón de los pecados. Al igual que nuestro presidente, a ninguno de nosotros nos gusta pedir perdón. Sin embargo, necesitamos un bautismo de arrepentimiento; es el primer paso para recibir el poder de Jesús. Amén.


Homilia de la Parroquia Nuestra Senora de la Caridad del Cobre, Caracas
Homilia.org
Natividad de Juan el Bautista
Nacimiento de San Juán Bautista - Ciclo "B"
Domingo 24 de Junio de 2018

Hoy es el cumpleaños de San Juan Bautista, quien nació seis meses antes que el Hijo de Dios. Era primo de Jesús, pues las madres de ambos, María e Isabel, eras primas. Le tocó a Juan preceder al Mesías esperado, anunciarlo y preparar a la gente para recibirlo. El nacimiento de San Juan Bautista fue milagroso, ya que Isabel era estéril y ya estaban viejos ambos padres, cuando sucedió su concepción. Nos cuenta el Evangelio que un día que a Zacarías, sacerdote judío le tocó entrar solo en el santuario del Templo para ofrecer el incienso, mientras el resto de la gente estaba afuera en oración, se le apareció el Ángel del Señor, el cual le dijo: "Tu oración ha sido escuchada y tu esposa Isabel te dará un hijo al que llamarás Juan" (cf. Lc. 1, 5-25). El Ángel pasó luego a describirle la misión de Juan, indicándole además, que estaría "lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre". Sin embargo Zacarías dudó de que su mujer vieja y estéril pudiera concebir. "¿Cómo puedo creer yo esto? "Yo estoy viejo y mi esposa también", a lo que el Ángel respondió severamente: "Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios.

He sido enviado para comunicarte esta buena noticia, pero tú no has creído en mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo. Por esto quedarás mudo hasta el día en que se realice todo lo que te he dicho". Efectivamente, como fuera anunciado, Isabel quedó embarazada, "porque nada es imposible para Dios" (cf. Lc. 1, 36-37). Son las palabras del mismo Ángel Gabriel a la Santísima Virgen María, refiriéndose a la concepción de Juan el Bautista en el momento en que le trae el anuncio de otra concepción aún más milagrosa, la de su Hijo, e Hijo de Dios. María sí creyó. Sólo se limitó a preguntar cómo sería, pues ella no llevaba relación con ningún hombre y ?a juzgar por la pregunta- tenía intención de permanecer virgen. Luego de la explicación del Ángel, creyó lo imposible: el mismo Dios, cubriéndola con su sombra, la haría concebir al Salvador del mundo. Y ante la velada invitación que el Ángel le hizo para ir a visitar a su prima, María "partió apresuradamente a casa de Zacarías e Isabel" (Lc. 1, 39-40). No era solamente la visita de la prima jovencita a la prima anciana embarazada: era la visita del Salvador del mundo a su Precursor. Dios quería visitar y preparar a quien iba a ser su enviado, el más grande de todos los Profetas (cf. Mt. 11, 11). Y ¡qué preparación! ¡San Juan Bautista recibió el Espíritu Santo estando aun en el vientre de su madre!

Se cumplió lo que el Ángel le había anunciado a su padre, pues apenas Isabel recibió el saludo de la Madre de Dios, el niño dio saltos de alegría en sus entrañas (cf. Lc. 1, 40-45). Pero Santa Isabel también "se llenó del Espíritu Santo". Y así, plena de Dios, adivina el secreto que sólo María y la Trinidad conocían: "¡Bendita eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Cómo he merecido yo que venga a mí la Madre de mi Señor?". ¡Qué manera de preparar a San Juan Bautista! ¡Qué manera de ponerse en movimiento los planes de Dios para la salvación del mundo! Dos primas. Dos primos. Dos mujeres. ¡Dos bebés aun no nacidos! Ya había comenzado el plan de rescate de la humanidad: "Todo será por obra de la tierna bondad de nuestro Dios que nos trae del cielo la visita del Sol que se levanta, para alumbrar a aquéllos que se encuentran entre tinieblas y sombras de muerte, y para guiar nuestros pasos por el camino de la Paz" (Lc. 1, 78).

A los ojos de los demás nada ocurría. Sin embargo algunos sabían que algo muy especial estaba sucediendo, porque Zacarías e Isabel hicieron algo inesperado: no nombraron al hijo como su padre, sino "Juan", el nombre que el Ángel había indicado. Zacarías tuvo que confirmar este deseo escribiéndolo en una tablilla. Y en ese momento recuperó el habla. Y la gente se preguntaba: "¿Qué va a ser de este niño? Porque realmente la mano de Dios estaba con él". (Lc. 1, 57-80) La respuesta la dio Dios a través de Zacarías quien ahora, lleno del Espíritu Santo, empezó a rezar el cántico que llamamos "Benedictus". Y en esa maravillosa alabanza a Dios, nos dice esto de su hijo: "Y tú, pequeño niño, serás el Profeta del Altísimo, pues llegarás primero que el Señor, para prepararle el camino, para enseñar a su pueblo lo que será la salvación cuando se les perdonen sus pecados" (Lc. 1, 76). Y así fue con San Juan Bautista. Se preparó en el desierto desde su niñez hasta el día en que se dio a conocer al pueblo de Israel (cf. Lc. 1, 80).

Cuando llegó el momento aparece como un maestro rodeado de discípulos, a quienes enseña a ayunar y a orar. Su voz se oye cerca del Jordán, invitando a la conversión, a la confesión de los pecados, sellando ese cambio de vida con un ritual de inmersión en el agua, prefiguración del Sacramento del Bautismo. Y ¿dónde se ubicó San Juan Bautista para predicar y bautizar en el Jordán? Justamente en la zona del Jordán donde antes cruzó el Pueblo de Israel con el Arca de la Alianza. Y allí llamaba a la conversión a los judíos y a que recibieran este bautismo de penitencia. Recordemos que para entrar a la Tierra Prometida, los israelitas tuvieron que cruzar el Jordán y lo hicieron precedidos por el Arca de la Alianza cuando el río se dividió en dos, para pasar todo el Pueblo de Dios y entrar a la Tierra Prometida. Ahora Juan llama a los judíos a arrepentirse, a comenzar de nuevo. Y atraía multitudes. Muchos hasta creían que San Juan Bautista podía ser el Mesías. Pero decía que él no era el que debía venir, sino que preparaba su camino. Aclaraba así: "Yo bautizo con agua, pero hay uno en medio de ustedes, a quien no conocen. El viene detrás de mí y yo no merezco soltarle la correa de la sandalia" (Jn. 1, 26-27). Y ¿Quién se presenta ante Juan para ser bautizado? Nada menos que Jesús. Juan no lo conocía, pero inspirado por el Espíritu Santo, supo que era el Mesías, el que vendría a bautizar con Espíritu Santo y fuego (Lc 3, 16). Y Juan, al reconocerlo, exclamó: "Ahí viene el Cordero de Dios, el que carga con el pecado del mundo" (Jn. 1, 29). ¿Suenan familiares estas palabras?

Son las que nos dice el Sacerdote al presentarnos la Hostia Consagrada antes de la Comunión. Antes de la Redención de Cristo, los israelitas sacrificaban corderos para expiar los pecados. Ahora con Jesús, San Juan Bautista, su Precursor, nos anuncia que llegó Aquél que de veras iba a perdonar el pecado del mundo, los pecados de todos los hombres, de todos los tiempos?mejor dicho: de todos aquéllos que se acogieran al perdón que nos vino a traer. Y continúo San Juan Bautista: De El yo decía: Detrás de mí viene un hombre que ya está delante de mí, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero mi misión y mi bautismo con agua eran para El, para que El se diera a conocer a Israel". (Jn. 1, 30-31). En su predicación de conversión, San Juan Bautista denunció el adulterio del Rey Herodes y esto le ocasionó su martirio: la cabeza del más grande nacido de mujer, es presentada al Rey en una bandeja de plata (cf. Mt. 14, 3-12 y Mc. 6, 14-29). Así concluyó el testimonio del Precursor quien, al ser informado que Jesús también estaba bautizando y muchos iban donde El, respondió: "Ustedes saben muy bien que yo dije: Yo no soy el Cristo, sino el enviado que lo va anunciando... Es necesario que El crezca y que yo disminuya" (Jn. 3, 28-30). Que comencemos nosotros a disminuir también, para que Dios crezca en nosotros, y poder también así ser sus testigos y preparar su llegada. Que así sea.

Señor:
Que yo disminuya, para que Tú crezcas.
Que yo me opaque, para que Tú brilles.
Que yo desaparezca, para que Tú te muestres.
Que yo me esconda,
para que seas Tú Quien luzcas. Amén.



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