11 Marzo 20184 Cuaresma

Homilia de Padre Phil Bloom
Stmaryvalleybloom.org
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4 Cuaresma
Encontrando Esperanza Cuando la Vida Nos Hiere Semana 4: Creer
(11 de marzo de 2018)

Mensaje: Jesús te invita a creer, a decirle: "Confío en ti". Las lecturas de hoy abordan una pregunta fundamental: ¿Cómo se salva? ¿Cómo obtenemos la vida eterna? Si hay una pregunta más grande, no sé qué es. Mucha gente piensa que se llega al cielo haciendo buenas obras, ayudando a otros. Esas cosas importan, pero no son lo mas esencial. Puede sorprenderte que las buenas acciones no son la clave de la vida eterna. Entonces ¿Cual es la clave? San Pablo nos dice: "Ustedes han sido salvados por la gracia mediante la fe". Para dejarlo en claro, agrega: "Esto no debe a ustedes mismos, sino que es un don de Dios. Tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda puede presumir." Esto es un motivo para alegrarse. ¿no es cierto? Se nota que estoy llevando el color rosado, el color de la alegría.

Podemos ver esa razón de alegria en el Catecismo de la Iglesia Católica: "Nuestra justificación es obra de la gracia de Dios. La gracia es el favor, el auxilio gratuito que Dios nos da..." (# 1996) Si ese es el caso ¿debemos sentarnos y esperar a que Dios actúe? No exactamente. La gracia implica una respuesta. Después de afirmar que nuestra salvación, nuestra justificación, es un don gratuito, Pablo escribe que "somos hechura de Dios, creados por medio de Cristo Jesus, para hacer el bien que Dios ha dispuesto que hagamos." ¿Y cuál es bien que debemos hacer? En el Evangelio de hoy, Jesús da la obra más importante: creer. Cinco veces el Evangelio usa la palabra "creer". La creencia en este contexto no es tanto intelectual, como 2 + 2 = 4. Primero y más importante, la creencia significa confianza. Muchos de ustedes están leyendo The Case for Jesus - El Caso por Jesús. Algunos de ustedes me dicen que el Dr. Pitre les ayuda a resolver dudas, tener más confianza sobre la fe.

Aún así, al final, cada persona tiene que enfrentar esta pregunta: ¿Es Jesús Señor? ¿Estoy dispuesto a decir: "Jesús, en ti confío"? Decir "Jesús, en ti confío" implica una respuesta. Al comienzo de la Cuaresma te di un pequeño folleto: Encontrando Esperanza Cuando la Vida Nos Hiere. Ese libro indica el trabajo duro que tenemos que hacer para vivir en la esperanza que Jesús nos da. El Catecismo tiene este dicho: "Ora como si todo dependiera de Dios y trabaja como si todo dependiera de ti". (# 2834) Deberíamos entender eso a la luz de lo que dice San Pablo acerca de ser salvo por fe, un regalo gratis. Por gracia nos hemos convertido en la obra de Dios creada para las buenas obras que Dios ha preparado para nosotros. En una reunión de Caballeros de Colón, un miembro leyó una selección del Evangelio y cada Caballero tuvo la oportunidad de compartir.

Fue inspirador escuchar a esos hombres hablar sobre su amor por la parroquia y por Jesús. Quieren formar familias centradas en Jesús. Jesús desea bendecir y fortalecer nuestros matrimonios. Él quiere ayudar a los jóvenes en su guerra espiritual. Para ellos, mientras se preparan para la Confirmación y para los adultos que se preparan para los Sacramentos de Pascua, tenemos el Segundo Escrutinio, justo después de esta homilía. El escrutinio es una oración de exorcismo que invoca el poder de Jesús en nuestro combate espiritual. Jesús te invita a creer, a decirle: "Confío en ti". Buscar un momento hoy o esta semana en que pueda reflexionar sobre su vida y apesar de las dificultades que enfrentes, decir a "Jesús, confío en ti". "Tanto amó Dios al mundo", escuchamos, "que entregó a su único Hijo para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna". Amén.
Homilia de la Parroquia Nuestra Senora de la Caridad del Cobre, Caracas
Homilia.org
4 Cuaresma
Domingo 4 de Cuaresma- Ciclo "B"
11 de Marzo de 2018

La Segunda Lectura y el Evangelio de hoy nos hablan de salvación y condenación, de fe y obras.
"El que cree en El, no será condenado. Pero el que no cree, ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios" (Jn. 3, 14-21).

Duras y decisivas palabras. Palabra de Dios escrita por "el discípulo amado", el Evangelista San Juan. Palabras que sentencian la importancia de la fe: el que no cree en Jesucristo, Hijo de Dios hecho Hombre ... ya está condenado. Pero cabe, entonces la pregunta: ¿el que sí cree ... ya está salvado? ¿Basta la fe para que seamos salvados? Esta pregunta necesariamente nos recuerda las diferencias -hasta hace poco infranqueables- entre Católicos y Protestantes. Sólo la fe basta, se adujo en la Reforma que llevó a cabo la lamentable división iniciada por Lutero en 1517. Fundamentándose en la Sagrada Escritura, la Iglesia Católica siempre ha sostenido que la fe sin obras no basta para la salvación. Traducido a la práctica significa que en el Bautismo recibimos como regalo de Dios la virtud de la Fe y la Gracia Santificante. Y las "obras" consisten en cómo respondemos a ese don de Dios: con buenas obras, con malas obras o sin obras. Para analizar, entonces, si la fe basta para la salvación y si las obras son necesarias, tenemos que referirnos a un documento, titulado "Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación", firmado en 1999 entre la Iglesia Católica y la Iglesia Luterana, en que se trata precisamente este tema tan importante.

De ese histórico documento extraemos las siguientes citas (resaltados nuestros): Sólo por gracia mediante la fe en Cristo y su obra salvífica y no por algún mérito, nosotros somos aceptados por Dios y recibimos el Espíritu Santo que renueva nuestros corazones capacitándonos y llamándonos a buenas obras. (#15) "... en cuanto a pecadores nuestra nueva vida obedece únicamente al perdón y misericordia renovadora, que Dios imparte como un don y nosotros recibimos en la fe y nunca por mérito propio, cualquiera que éste sea". (#17) "El ser humano depende enteramente de la gracia redentora de Dios ... (el ser humano), por ser pecador es incapaz de merecer su justificación ante Dios o de acceder a la salvación por sus propios medios". (#19 "Cuando los católicos afirman que el ser humano "coopera" (en su salvación) ... consideran que esa aceptación personal es en sí un fruto de la gracia y no una acción que dimana de la innata capacidad humana". (#20) Es conclusión: no somos capaces, por nosotros mismos, de justificarnos, es decir, de santificarnos o de salvarnos. Nuestra salvación depende primeramente de Dios.

Pero el ser humano tiene su participación, la cual consiste en dar respuesta a todas las gracias que Dios nos ha dado y que sigue dándonos constantemente para ser salvados. Eso es lo que la Teología Católica llama "obras". Nuestra imposibilidad de acceder por nosotros mismos a la salvación es tal, que hasta la capacidad para dar esa respuesta a la gracia divina, no viene de nosotros, sino de Dios De allí que también San Pablo nos diga: "La misericordia y el amor de Dios son muy grandes; porque nosotros estábamos muertos por nuestros pecados, y El nos dio la vida con Cristo y en Cristo. Por pura generosidad suya hemos sido salvados ... En efecto, ustedes han sido salvados por la gracia, mediante la fe; y esto no se debe a ustedes mismos, sino que es un don de Dios" (Ef. 2, 4-10).

La Primera Lectura nos trae el final del Segundo Libro de las Crónicas (2 Cro. 36, 14-23), y en ella se nos relata cómo se pervirtió el pueblo de Israel, pues todos, incluyendo los Sumos Sacerdotes "multiplicaron sus infidelidades". Como si fuera poco, despreciaron la palabra que los Profetas, mensajeros de Dios, les llevaban. Llegó un momento, nos dice el relato, que "la ira de Dios llegó a tal grado, ya no hubo remedio". La ciudad de Jerusalén con su Templo queda destruida por la invasión de los Caldeos, y "a los que escaparon de la espada, los llevaron cautivos a Babilonia, donde fueron esclavos". El reino pasó al dominio de los Persas, cumpliéndose lo anunciado por uno de esos Profetas despreciados, Jeremías. Luego se nos relata el regreso del pueblo de Israel de Babilonia a Jerusalén en los tiempos de Ciro, Rey de Persia. Y esto necesariamente nos trae un tema candente: ¿Castiga Dios?

Cabe, entonces, preguntar: ¿qué es el castigo? ¿para qué son los castigos? Cuando un padre o una madre castigan a su hijo ¿por qué lo hacen? ¿por venganza, acaso? O el castigo es la forma de corregir al hijo, para que se encamine por el bien. Es muy importante reflexionar sobre esto, para comprender que "la ira de Dios" y "los castigos de Dios" de que nos hablan la Escritura, especialmente el Antiguo Testamento, son más bien manifestaciones de la misericordia divina. Dios -efectivamente- castiga, pero castiga para que los seres humanos aprendamos a enrumbarnos por el camino adecuado, por el camino que nos lleva a Dios. Es lo que le sucedió al pueblo de Israel con ese exilio de 70 años a Babilonia. Al regresar venían reformados, purificados. Cuando Dios permite un "aparente" mal ?en este caso, la expulsión, el exilio y hasta la destrucción del Templo de Jerusalén- es para obtener un mayor bien. Las infidelidades de los seres humanos para con Dios, nuestro Creador y nuestro Dueño, pueden llegar a niveles en que, como nos dice esta Primera Lectura, ya no haya otro remedio. Por eso Dios a veces castiga. Y castiga para que enderecemos el rumbo, para que volvamos nuestra mirada a El. "Si mi pueblo -sobre el cual es invocado mi Nombre- se humilla: orando y buscando mi rostro,
y se vuelven de sus malos caminos,
Yo -entonces- los oiré desde los cielos,
perdonaré sus pecados
y sanaré su tierra."
(2 Crónicas 7, 14)
Es orando y convirtiéndonos como Dios nos oirá, perdonará nuestros pecados y sanará nuestra tierra. Antes de que nos llegue el final a cada uno con la muerte o antes de que llegue el final de los tiempos, Dios nos advierte por medio de su Palabra, por medio de las enseñanzas de la Iglesia, por medio de su Madre que se aparece en la tierra para advertirnos, para guiarnos, para llamarnos a la conversión. Inclusive nos llama y nos advierte por medio de sus mensajeros, los profetas. Y ... ¿hacemos caso a todas estos llamados? Llegará un momento, el momento del fin, que nos llegará con toda seguridad, bien con nuestra propia muerte o bien porque se termine el tiempo y pasemos a la eternidad. En cualquiera de las dos instancias, en ese momento ya no hay sino salvación o condenación. El Evangelio nos dice cuál es la causa de la condenación: "La causa de la condenación es ésta: habiendo venido la luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas a la luz". Cristo es la Luz que vino a este mundo, no para condenarlo, sino para salvarlo.

¿En qué consiste preferir la luz a las tinieblas? ¿En qué consiste aprovechar la salvación que Jesucristo nos trajo? Consiste en creer en El, seguirlo a El, tratar de ser como El y de actuar como El.

De esa forma estamos prefiriendo la Luz a las tinieblas. De esa forma, estamos aprovechando las gracias de salvación, que "sin ningún mérito nuestro", nos han sido "regaladas" por Dios, a través de su Hijo, Jesucristo. Y Dios nos regala así, porque a pesar de nuestras infidelidades, a pesar de las veces que nos oponemos a El, de las veces que lo retamos, de las veces que lo cuestionamos, de las veces que le damos la espalda, El nos quiere salvados para que vivamos con El para siempre en la gloria del Cielo. Entonces, a la gracia de la salvación realizada por Jesucristo respondemos con nuestras "obras": oración, santidad, buenas acciones, obras de misericordia? Pero recordando que nuestra respuesta en obras es también don de Dios, porque el deseo y la posibilidad de realizarlas también vienen de Dios, para que nadie se equivoque (y de paso peque) creyendo que es muy capaz de salvarse y de ser santo con su esfuerzo.
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