04 Febrero 20185 Tiempo Ord

Homilia de Padre Phil Bloom
Stmaryvalleybloom.org
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Ser Discipulo Misionero Semana 4: Tomar tu Carga
(4 de febrero de 2018)

Mensaje: Ser discipulo misionero significa tomar tu carga, gastarte por Jesus.
En nuestra primera lectura, Job pregunta: "¿No es la vida del hombre en la tierra un trabajo pesado?" A lo largo de la historia, la mayoría de las personas en la mayoría de los lugares han llevado vidas de trabajo pesado. Considerar los miles que trabajaron en las pirámides de Egipto o las estructuras de piedra del Perú. Hasta hace muy poco, la mayoría luchaba por arrancar una vida de subsistencia del suelo. Vivimos en un tiempo en el que la mayoría disfruta de una mayor abundancia. Sin embargo, también experimentamos cansancio. Nuestros jóvenes están más ansiosos y tristes que hace una generación. Podemos hacer la misma pregunta que Job: "¿No es la vida del hombre en la tierra un trabajo pesado?" Seguro, pero ¿cuál es la solución? ¿Más entretenimiento, más accesorios electronicos, más posesiones materiales? No, la respuesta es descubrir el propósito de la vida. Me imagino a un joven caminando por un camino solitario.

Con los auriculares conectados, sin saber a dónde se dirige, de repente ve algo extraño: justo en su camino, una mochila. Él lo levanta. Es pesado pero lo intenta. Se ajusta perfectamente como si hubiera sido hecho solo para él. No esta seguro de lo que hay adentro, sospecha que es algo importante. Con la mochila en sus hombros, siente paz, incluso alegría. La mochila, sin embargo, es pesada y el joven comienza a preguntarse por qué la está cargando. Está tentado de tirarla a un lado, tal vez fue para otra persona pero encaja exactamente. Avanza lentamente y finalmente se encuentra con otra persona que también lleva una mochila similar a la suya. Esa es la situación de los discípulos en el Evangelio de hoy. Dejando sus redes para seguir a Jesús, se convierten en pescadores de hombres. Estan emocionados porque sienten que han descubierto el propósito de su vida. Muchos los necesitan: los enfermos, los quebrantados, los poseídos por los demonios.

Al principio, Jesús les muestra cómo hacerlo y luego los envía. Seguir a Jesús significa recoger la cruz, esa carga, esa mochila diseñada específicamente para ti. Para algunos implica aceptar el estado soltero como lo mencionó St. Paul el domingo pasado. Conviértase en un sacerdote, un religioso, un solo dedicado en el mundo. Cuando el Arzobispo Sartain dio su informe sobre el estado de la arquidiócesis, mencionó que desde 2011 hemos ordenado a 17 nuevos sacerdotes. ¡Estos jóvenes han causado que la edad promedio de los sacerdotes asignados disminuya en un año! * San Pablo presenta dos opciones básicas: la vida soltera devota o el matrimonio: fundar una familia. Vivimos en un mundo donde los jóvenes tienen una amplia gama de posibilidades y tendrán que hacer muchas adaptaciones a lo largo de la vida. Todavía tenemos que enfrentar una pregunta fundamental: ¿Qué voy a hacer con el don de la masculinidad o la feminidad?

¿Dios me está llamando a la vida soltera devota o al sacramento del matrimonio? En vivir ese llamado Dios coloca ante cada uno una carga: una especie de mochila. Contiene lo que necesitas para seguir a Jesús y servir a los demás. Jesús desafía a la persona joven a que tome esa carga, y también le dice a las personas mayores que no la dejen. Dios todavía tiene una misión para ti. Tal vez es como la Hermana Bárbara ofreciéndole su sonrisa, su oración, uniendo su sufrimiento a la cruz de Jesús. Pienso en mi amigo el Padre Jim Lee. Durante un par de décadas ha sido pastor de una de nuestras parroquias más grandes: San Miguel en Olimpia. Él ha llamado a los feligreses a un increíble discípulo y mayordomía. El mes pasado fue diagnosticado con ALS - enfermedad de Lou Gehrig. Le ha pedido al Arzobispo Sartain que le permita continuar como pastor el tiempo que pueda, y luego que los feligreses lo cuiden en la rectoría hasta su muerte.

Cuando el padre Jim era un hombre joven en Chicago, abrazó la alegre carga del sacerdocio. Le llevó primero a África, luego a nuestra arquidiócesis, ahora a una enfermedad que ha comenzado a quitarle el control de sus músculos. Una anécdota personal sobre el padre Jim entonces daré el resumen final y el versículo. Una vez hice un retiro donde los sacerdotes compartieron un espacio para dormir. Cuando la cabeza de Jim golpeó la almohada el inmediatamente se fue a dormir. Sorprendido, al día siguiente le pregunté cómo lo hizo.

Dijo que era normal para él. Bueno, ahora me doy cuenta de que se pasó todo el día, y aparentemente lo hace todos los días. Ese no soy yo, pero sí lo hago. Ahora para resumir: convertirse en un discípulo misionero significa tomar su carga, gastarse para Jesús. Implica trabajo duro, incluso trabajo pesado. No todas las reuniones serán emocionantes, no todas las personas atendidas estarán agradecidas. Algunos se alejan, incluso se vuelven en contra. Aún así, como dice nuestro Salmo, "El Señor reconstruye a Jerusalén". Él está reconstruyendo su Iglesia, llamando a los jóvenes a tomar su cruz, cargar su mochila al hombro. Cuando una persona escucha el llamado para convertirse en un discípulo misionero, el versículo para llevar a casa es: "Me he convertido en todo para todos, para salvar al menos a algunos". Amén


Homilia de la Parroquia Nuestra Senora de la Caridad del Cobre, Caracas
Homilia.org
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Fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo
Tiempo Ordinario - Ciclo "B"
Viernes 2 de Febrero de 2018

Lucas 2:
22. Asimismo, cuando llegó el día en que, de acuerdo a la Ley de Moisés, debían cumplir el rito de la purificación, llevaron al Niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, 23. tal como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor.
24. También ofrecieron el sacrificio que ordena la Ley del Señor: una pareja de tórtolas o dos pichones.

¿En qué consistía esta ceremonia que cumplieron a los cuarenta días de nacido Jesús?
El texto habla del rito de la purificación y de presentar al Niño al Señor. Son dos exigencias que se cumplen en un mismo momento, justamente a los 40 días después del nacimiento. Después de pasar ese tiempo, se consideraba que la madre ya podía presentarse en el Templo y tenía que ofrecer un sacrificio de purificación, que solía ser un cordero y un pichón de paloma. Pero, si era pobre, podía presentar dos pichones. María y José presentaron dos pichones. Por este hecho podemos ver que de veras eran pobres. No pudieron hacer la ofrenda de los pudientes que era un cordero. Pero nos dice Juan Pablo II (Catequesis 11-12-1996) que ellos llevaron una ofrenda muchísimo más valiosa, porque llevaron al Verdadero Cordero que redimiría la humanidad. María entraría por el gran portón del Templo en la entrada este, la cual le daba acceso al patio exterior de mujeres. Allí la Virgen entregaría al Sacerdote las dos tórtolas.

Entonces el Sacerdote proseguiría hacia el patio de los sacrificios para regar la sangre de una tórtola a un lado del altar como ofrenda de pecado, y quemaría la otra como ofrenda de agradecimiento. La Santísima Virgen tuvo que permanecer fuera, y se ofrecería ella misma como ofrenda al Padre. Luego venía la presentación del Primogénito, es decir, del Niño Jesús, a Dios. Ella se lo entregaría al Sacerdote y al pagar 5 siclos (cada siclo eran como 10 gramos de plata) de rescate, debió haber recibido de vuelta a su Hijo. Esto del rescate de los primogénitos se basaba en que antes de la institución del sacerdocio levítico (eran sacerdotes los de la tribu de Leví) los Sacerdotes eran los primogénitos de cada familia. Como en la ley originaria los primogénitos eran consagrados, la ley judía ahora requería que se pagara un rescate por cada primogénito. Y los 5 siclos que se pagaban iban para mantener al que sustituía a ese primogénito como Sacerdote. Siendo el primogénito de una familia judía, Jesús se sometió a la Ley de Moisés. Y José y María lo presentaron al Templo para cumplir con esta obligación.

¿Qué nos dice de la Sagrada Familia el hecho de que cumplan con tanto cuidado todo lo prescrito? Nos habla de la humildad y la obediencia. ¿No tendrían que estar exentos de tantas exigencias los que traían al mismo Dios al Templo? ¿No era Jesús el autor de la Ley? ¿No era María la Pureza misma para tener que ofrecer dos pichones para ser purificada? ¡Qué inmensa humildad! ¿Quién aparece en escena en este momento de la Presentación de Jesús en el Templo?

María estaba pasando por el patio exterior con su Divino Hijo, pero a nadie llamaba la atención, pues el gentío no sospechaba en lo más mínimo que el Mesías acababa de entrar por primera vez a la Casa de su Padre. Pero sí hubo un hombre, uno solo, que reconoció al Niño Jesús como el Salvador del mundo: gloria de Israel y luz de las naciones. Simeón esperaba a un Redentor diferente al que esperaba el resto del pueblo judío. Los judíos esperaban un redentor terreno. Simeón esperaba a Aquél que traería la verdadera redención: la redención del pecado. El Espíritu Santo le había asegurado que no moriría sin conocer al Mesías prometido que salvaría al mundo de sus pecados.

Lucas 2:
25. Había entonces en Jerusalén un hombre muy piadoso y cumplidor a los ojos de Dios, llamado Simeón.Este hombre esperaba el día en que Dios atendiera a Israel, y el Espíritu Santo estaba con él.
26. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no moriría antes de haber visto al Mesías del Señor.
27. El Espíritu también lo llevó al Templo en aquel momento. Como los padres traían al Niño Jesús para cumplir con Él lo que mandaba la Ley,
28. Simeón lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios con estas palabras:
29. Ahora, Señor, ya puedes dejar que tu servidor muera en paz como le has dicho.
30. Porque mis ojos han visto a tu salvador,
31. que has preparado y ofreces a todos los pueblos,
32. luz que se revelará a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel.
33. Su padre y su madre estaban maravillados por todo lo que se decía del Niño.
34. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Mira, este Niño traerá a la gente de Israel ya sea caída o resurrección. Será signo de contradicción en cuanto se manifieste,
35. mientras a ti misma una espada te atravesará el alma. Por este medio, sin embargo, saldrán a la luz los pensamientos íntimos de los hombres.»
Podemos comprender la emoción de Simeón cuando, iluminado por Dios, fue al Templo el día de la Presentación de Jesús y, reconociendo a ese bebé como el Mesías, exclama que es Luz para iluminar las naciones y gloria de su Pueblo Israel (Lc 2, 32)

En esta ocasión de presentar al Niño Jesús en el Templo, la gloria de Dios no vino en forma de nube, como cuando guiaba al Pueblo de Israel por el desierto, sino que vino en la presencia de un bebé que Simeón y Ana reconocieron como el Mesías, el Salvador. Y es la Santísima Virgen María la que trae la Gloria de Dios al Templo, pues ella es el Arca de la Nueva Alianza, que llevó en su seno al Hijo de Dios y ahora trae al Templo a Jesús para ser presentado al Padre. Veamos lo que contenía el Arca de la Alianza y lo que es Jesús:
El Arca contenía maná:
Jesús es el Pan de Vida (Jn 6, 48-51)
El Arca contenía las Tablas de la Ley:
Jesús es el cumplimiento de la Ley (Mt 5, 17)
Ante todo lo dicho por Simeón, iluminado por el Espíritu Santo, José y María estaban maravillados. Deben haberse sorprendido de que Simeón pudiera saber quiénes eran y que justamente esto sucediera en el momento en que el Niño Jesús estaba siendo redimido como cualquier niño judío. También se impresionarían de que Jesús no sólo era gloria de Israel, sino también luz de revelación al resto de las naciones. El que San Lucas nos diga que estaban maravillados, nos lleva a pensar que con las palabras de Simeón los padres de Jesús tendrían una más profunda inspiración acerca del Misterio de la Redención Al presentar a su Hijo al Altísimo en el Templo, María debió haber tenido una elevada oración de entrega de Jesús al Padre, pensando los sufrimientos que debía pasar para completar la Redención.

Los presentimientos de su Madre, se ven confirmados por lo que Simeón le revela: una espada te atravesará el alma. Y ese dolor lo tuvo la Madre desde ese momento y lo vivió de manera superlativa en la cruz, cuando una espada también atravesó el alma de ella.Nos dice Juan Pablo II en su Encíclica Madre del Redentor, que las palabras de Simeón fueron una segunda Anunciación para la Virgen. Es cierto, aquí en la Presentación en el Templo, María tiene un panorama más completo sobre el dolor que ella compartirá con su Hijo para la realización de la Redención. Ya ella había dado su fiat. Y lo volvió a dar en esta segunda Anunciación y lo siguió dando durante toda su vida, hasta entregarlo como el Cordero muerto en la Cruz para la salvación del mundo. ¿Qué significa el que Jesús sería signo de contradicción?

Ya desde su infancia comenzó la contradicción, la oposición, la disputa. Fue perseguido por Herodes y por eso tuvieron que huir a Egipto.

Cuando comenzó su vida pública, tuvo la oposición acérrima de Fariseos y Saduceos. Lo acusaron de estar ligado a Satanás. En la Fiesta de la Dedicación del Templo trataron de apedrearlo por blasfemo. Lo acusaron ante Pilato de alebrestar al pueblo. Sus enemigos no cejaron hasta no verlo muerto en la Cruz. Inclusive después de su Resurrección, la oposición a su doctrina y a su Iglesia continúa. ¿Alguien más se dio cuenta de la llegada del Mesías al Templo por primera vez?

Lucas 2:
36. Había también una profetisa muy anciana, llamada Ana, hija de Fanuel de la tribu de Aser. No había conocido a otro hombre que a su primer marido, muerto después de siete años de matrimonio.
37. Permaneció viuda, y tenía ya ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo día y noche al Señor con ayunos y oraciones.
38. Llegó en aquel momento y también comenzó a alabar a Dios hablando del Niño a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén.
Impresiona que Ana haya hablado del Niño a todos los que estaban viendo la escena. No nos dice San Lucas si creyeron o no, si fueron luego seguidores de Jesús. ¿Qué habrán pensado esos afortunados que pasaban por allí en ese momento? No lo sabemos, pero deben haber recibido muchísimas gracias. ¿Cómo y cuándo se celebra la Fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo?

Cada 2 de Febrero se cumplen los 40 días después del Nacimiento el 25 de Diciembre. Ese día se celebra la Presentación de Jesús y la Purificación de su Santísima Madre.
Pero ¿por qué es la Fiesta de la Candelaria?
Porque, como Cristo fue anunciado por Simeón como la Luz del Mundo, ese día se bendicen las velas que a todo el mundo le interesan tanto. Lamentablemente, no porque quieren reconocer a Cristo como Luz del Mundo, sino porque buscan las velas benditas como protección y a veces hasta como superstición. Nuestra Señora de la Candelaria es la Santísima Virgen representada con una vela o candela en sus manos, la cual se venera ese día. Las velas benditas de esta Fiesta de la Presentación del Señor nos recuerden que para nosotros Jesús es Luz y no signo de contradicción, pues nos dejamos iluminar y guiar dócilmente por su voluntad.

Pero esta Fiesta de la Presentación es muy popular. ¿Por qué? ¿Por qué tanta gente en las iglesias el día 2 de febrero? ¿Qué es lo que se celebra? ¿Qué es lo que reparten ese día? Todos responden que es la Fiesta de la Candelaria. Y que vienen a buscar velas benditas. Pero ¿qué es realmente lo que la Liturgia de la Iglesia celebra ese día?

Cierto que es la Fiesta que la gente conoce como de Nuestra Señora de la Candelaria, pero en realidad la Liturgia de la Iglesia conmemora a los 40 días después de la Navidad, la Presentación del Niño Jesús en el Templo y la Purificación de la Santísima Virgen María. Por cierto este evento lo recordamos durante el Rosario en el Cuarto Misterio Gozoso. ¿Por qué va tanta gente ese día a las iglesias? La gente va por su vela bendita. ¿Y qué es una vela bendita? Es un sacramental. El nombre de "sacramental" nos trae a la memoria el de "Sacramento", por lo que podemos deducir que alguna relación hay entre ambos.

Los sacramentales nos ayudan a disponernos mejor a recibir los efectos de los sacramentos. Es decir, los Sacramentales nos ayudan a aprovechar mejor las gracias sacramentales. No puede darse a los sacramentales, como la vela bendita, más importancia de la que tienen, ni mucho menos, olvidarse de los Sacramentos que son lo verdaderamente importante en la vida del católico. No quiere decir que no se usen los sacramentales, ni se acojan ciertas devociones. Ciertamente estas prácticas tienen funciones de auxilio para llevar una vida más cercana a Dios, pero nunca pueden ponerse por encima de aquellas cosas que sí son indispensables en la vida espiritual. La primera y más importante relación entre sacramentales y Sacramentos es que los sacramentales nos ayudan a aprovechar mejor las gracias de los Sacramentos.

Aquí hay una clave y es importante: primero van los Sacramentos. Como la Comunión, por ejemplo, que alimenta nuestra alma. Y la Confesión, que nos perdona el pecado que enferma el alma. ¿Y entonces las velas? Las velas usadas con devoción nos disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos, nos dice el Catecismo (#1667). La vela sin Sacramentos tiene poco efecto. No las podemos ver como objetos mágicos. Pero ¿por qué es la Fiesta de la Candelaria?

Porque al ver llegar al Niño Jesús al Templo, reconociéndolo como el Mesías por tantos siglos esperado, Simeón lo anuncia como la Luz del Mundo. Por eso es que ese día se bendicen velas que dan luz. Entonces, ésa es la idea: reconocer a Cristo como Luz del Mundo. Para eso son las velas benditas: para dejarnos iluminar por ese Niño que es Luz que ilumina nuestra alma. ¿Y la Candelaria? Nuestra Señora de la Candelaria es el nombre de la Santísima Virgen representada con una vela o candela en sus manos, la cual se venera ese día.

DOMINGO 5 del Tiempo Ordinario - Ciclo "B" -
4 de Febrero de 2018 -

Uno de los libros más controversiales del Antiguo Testamento es el Libro de Job, pues trata uno de los temas más discutidos y contestados: el sufrimiento humano.

¿Puede un hombre ser inocente y sufrir enfermedades y calamidades? El Libro de Job resuelve este dilema, mostrando el sufrimiento como una oportunidad de purificación para recibir mayores y más abundantes bendiciones. Termina resaltando que Dios, siendo la fuente misma de la Justicia, es enteramente libre para otorgar sus bendiciones dónde, cuándo y a quién quiere.

Que los seres humanos suframos, unos más otros menos, cuándo sufrimos y por qué, descansa totalmente el la Voluntad inescrutable de Dios, Dueño del mundo y Dueño nuestro. Pero sabemos, también, que Dios dirige todas sus acciones y todas sus permisiones, a nuestro mayor bien, que es la meta hacia la cual vamos: la Vida Eterna.

Job se lamenta, reclama y llega a la desesperación, pero cree en Dios y lo invoca. Sin embargo, después de Cristo nuestra actitud ante el sufrimiento no puede quedarse allí. Si el Hijo de Dios, inocente, tomó sobre sí nuestras culpas, ¿qué nos queda a nosotros?

El Evangelio nos muestra muchas veces a Jesús aliviando el sufrimiento humano, sobre todo curando enfermedades y expulsando demonios (Mc. 1, 29-39). Y sabemos que a veces Dios sana y a veces no, y que Dios puede sanar directamente en forma milagrosa o indirectamente a través de la medicina, de los médicos y de los medicamentos. Todas las sanaciones tienen su fuente en Dios. También puede Dios no sanar, o sanar más temprano o más tarde. Y cuando no sana o no alivia el sufrimiento, o cuando se tarda para sanar y aliviar, tenemos a nuestra disposición todas las gracias que necesitamos para llevar el sufrimiento con esperanza, para que así produzca frutos de vida eterna y de redención.

¿De redención? Así es. Nuestros sufrimientos unidos a los sufrimientos de Cristo pueden tener efecto redentor para nosotros mismos y para los demás.Porque el sufrimiento humano es tan controversial, el Papa Juan Pablo II tocó el tema con frecuencia, sobre todo en sus visitas a los enfermos, a quienes exhortaba a ofrecer sus sufrimientos por el bien y la santificación propia y de los demás. Y en 1984 nos escribió su Encíclica "Salvifici Doloris" sobre el tema. Allí nos dice, basado en muchos textos de la Sagrada Escritura: "Todo hombre tiene su participación en la redención. Cada uno está llamado también a participar en ese sufrimiento por medio del cual se ha llevado a cabo la redención ... Llevando a efecto la redención mediante el sufrimiento, Cristo ha elevado juntamente el sufrimiento humano a nivel de redención. Consiguientemente, todo hombre, en su sufrimiento, puede hacerse también partícipe del sufrimiento redentor de Cristo" (JP II-SD #19).

Entonces, ¿qué actitud tener ante el sufrimiento, las enfermedades, las calamidades? ¿Oponerse? ¿Reclamar a Dios? Dios puede aliviar el sufrimiento. Lo sabemos. Dios puede sanar. Y puede hacerlo -inclusive- milagrosamente. Pero sólo si El quiere, y El lo quiere cuando ello nos conviene para nuestro bien último, que es nuestra salvación eterna. Así que, en pedir ser sanados o aliviados de algún sufrimiento, debemos siempre orar como lo hizo Jesús antes de su Pasión: "Padre, si quieres aparta de mí esta prueba. Sin embargo, no se haga mi voluntad sino la tuya" (Lc. 22, 42). Y, mientras dure la prueba, mientras dure el sufrimiento o la enfermedad, hacer como nos pide nuestro Papa: unir nuestro sufrimiento al sufrimiento de Cristo, para que pueda servir de redención para nosotros mismos y para otros.

Es la actitud más provechosa y, de paso, la más inteligente, pues ¿quién puede oponerse a la Voluntad de Dios? ¿quién puede cambiar los planes divinos?
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