21 Enero 20183 Tiempo Ord

Homilia de Padre Phil Bloom
Stmaryvalleybloom.org
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Ser Discipulo Misionero Semana 2: Deja que Jesus Levante tu Culpabilidad
(21 de enero de 2018)

Mensaje: Acepta a Jesús Deja que él levante tu culpa. Conviértete en un discípulo misionero.

EstoEstos domingos antes de la Cuaresma escuchamos el llamado de Jesús a ser discípulos misioneros. Como ha señalado el arzobispo Sartain, si no escuchamos ese llamado, la Iglesia (al menos aquí) no tiene futuro. La semana pasada vimos al primer discípulo misionero: Andres. Él se encuentra con Jesús, quien lo invita a "venir y ver". Andrew luego va con su hermano Simon Peter, "Hemos encontrado al Mesías", dice. También vimos la semana pasada que Jesús viene como el Cordero. Como un cordero sacrificial, él se ofrece para quitar nuestros pecados. Esto nos lleva a un tema difícil: el pecado y la culpa.

Sé que en este momento algunos estan tapando los oidos. "No quiero oír hablar de la culpa. La culpa causa tanto daño." Estoy de acuerdo. Tampoco no me gusta la culpa. Lo último que deseo es un viaje de culpa. Quiero liberar a la gente de la culpa. ¿Pero cómo? Considere tres ejemplos de culpabilidad: 1) Alguien se siente culpable de tirar comida mientras la gente en el mundo se muere de hambre. 2) Una persona se siente culpable por pasar 3 horas al día en las redes sociales. 3) Un hombre se siente culpable por permitir ciertos pensamientos sobre la esposa de su vecino.

En cada uno de esos casos podría decir muchas cosas, desde "no sudar las cosas pequeñas" hasta "tener cuidado". Y reconocemos que la culpa a menudo está fuera de lugar porque estamos sujetos a fuerzas que escapan a nuestro control. Los cristianos se refieren a estas fuerzas como el mundo, la carne y el diablo. El mundo es la cultura en la que nadamos. La carne: esos impulsos que nos empujan. El diablo: entidades espirituales, demonios que nos agreden. Esas fuerzas pueden abrumarnos. Sin embargo, sabemos que no tienen control total. ¿Como sabemos? Porque Jesús nos dice: "arrepiéntanse".

Arrepentirse significa hacer un nuevo comienzo, reenfocar la mente. Sucedió en Nínive cuando predicó Jonás. Puede suceder en este Valle. Puede suceder en tu vida, tu familia. Arrepentirse. Pero Jesús no dice simplemente "arrepiéntete". Él dice: "Arrepentirse y creer en el Evangelio". Creer en el Evangelio significa aceptar a Jesús como el Cordero de Dios, el que quita los pecados de la palabra. Como dicen los evangélicos, aceptar a Jesús como su Señor y Salvador personal. Ya sabes, realmente es una buena noticia que Jesús quite nuestros pecados. Significa que no tengo que ir proyectando una imagen que "Estoy bien". O al menos no estoy tan mal como ese otro tipo. O que necesito seguir poniendo excusas por lo que hice. No, el perdón de los pecados significa que siempre puedo comenzar de nuevo. Puedo pedirle a Jesús que se haga cargo de mi vida.

Martin Lutero expresó esto de una manera dramática. Ahora no me gusta el hecho de que Martín Lutero rompió la Iglesia en mil pedazos, pero sí tenía una manera sorprendente de expresar el Evangelio. Él representa a la persona humana como un caballo. Donde vamos depende de quién está en la silla de montar. Si el diablo está en la silla de montar, vamos a ir en una dirección: a la destrucción y la amargura. Si Jesús está en la silla, conducirá en una dirección diferente: a una ciudad gloriosa. Usted y yo podemos estar sujetos a muchas fuerzas que nos determinan: ambiente, herencia, impulsos internos. Todavía podemos elegir quién se sienta en la silla de montar. La invitación de este domingo es arrepentirse y creer en el Evangelio: aceptar a Jesús y llegar a ser un discípulo, incluso un discípulo misionero. Deje que Jesús levante su culpa.

Para volver a los tres ejemplos de culpabilidad: desperdiciar comida, bueno, permite que Jesús dirija tu Co-Responsabilidad. Tres horas al día en las redes sociales: ore y Jesús acompañará su comunicación con los demás. Y esos pensamientos perturbadores y atormentadores: abre tu corazón a Jesús. Él tiene su forma de desenredar nuestras vidas. Se paciente. Roma no fue construida en un día. Tampoco fue Jerusalén. Como dice nuestro Salmo, "Enséñame tus caminos, oh Señor". Acepta a Jesús Deja que él levante tu culpa. Conviértete en un discípulo misionero. Arrepiéntete y cree en el Evangelio. Amén.

Homilia de la Parroquia Nuestra Senora de la Caridad del Cobre, Caracas
Homilia.org
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DOMINGO 3 del Tiempo Ordinario - Ciclo "B"
21 de Enero de 2018

Cuando Dios escoge ... escoge. Eso lo han sabido muchos santos. Pero nadie lo supo mejor que Jonás, ese interesante y pintoresco personaje del Antiguo Testamento que, según nos cuenta el libro que lleva su nombre, pasó tres días dentro de una ballena. ¿Podrá ser verdad esto? Cuesta pensar en algo así. Pero lo desconcertante es que el mismo Jesús se refiere a la estadía forzada de Jonás dentro de una ballena para tratar algo tan trascendental como su futura Resurrección. ¿Iba el Hijo de Dios a citar un mito? ¿Y a citarlo con el sentido y la precisión que lo hizo? Así: "Estos hombres de hoy son gente mala; piden una señal, pero no la tendrán. Solamente se les dará la señal de Jonás. Porque así como Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive, así lo será el Hijo del Hombre para esta generación" (Lc 11, 29-30).

¿Sin embargo, de Jonás lo más importante no fue si realmente pasó o no tres días dentro de una ballena, sino que no quería hacer lo que Dios le pedía. Dios lo escogió para que se convirtiera él y para que -por la escogencia que Dios hizo de él- muchos también se convirtieran, El Señor escogió a Jonás y a este profeta no le valió de nada escapar en un barco para huir de Dios. El barco se vio metido dentro de una tormenta. Jonás es lanzado al agua al conocerse que la causa de la tormenta es la huída de Jonás. Y luego de ser tragado por una ballena, es lanzado por el animal cerca de las costas de Asia Menor para que de allí fuera a la ciudad de Nínive a predicar lo que el Señor le pedía. El Señor buscaba que la gran ciudad de Nínive se convirtiera de sus vicios y pecados. (Para dar una idea del tamaño de esta ciudad, baste con el dato que nos da la Escritura: se requerían 3 días para recorrerla a pie). Jonás predicó lo que el Señor le indicó: "Dentro de cuarenta días Nínive será destruida". Sin embargo, sorprendentemente, los habitantes de Nínive se convirtieron y creyeron en Dios, e hicieron penitencia todos. Dios, entonces, no destruyó la ciudad.

Otros elegidos de Dios son más dóciles que Jonás. Tal es el caso de los primeros discípulos escogidos por Jesús. Nos cuenta el Evangelio de San Marcos (Mc. 1, 14-20) que cuando Jesús, viendo a Andrés y a su hermano Pedro echando las redes de pescar en el lago de Galilea, les llamó para hacerlos "pescadores de hombres, ...y ellos dejaron las redes y lo siguieron." Respuesta inmediata y obediente a la escogencia del Señor. Los escogidos de Dios son instrumentos suyos para la conversión que Dios desea realizar en medio de su pueblo, es decir, en cada uno de nosotros.

Y la conversión siempre exige un cambio de vida: incluye, primero que todo, dejar el pecado. Pero no basta esto. Es necesario pasar a una segunda fase: "creer en el Evangelio". Y creer en el Evangelio significa vivir según el Evangelio. No basta conocer la teoría del Evangelio: es necesario vivirlo en la práctica. Es necesario cambiar la mentalidad terrena que nos vende el mundo, esa mentalidad a la que estamos muy acostumbrados. ¿Cuál es la mentalidad del mundo? Aquélla que nos lleva a quedarnos en lo temporal y a olvidarnos de lo eterno, a preferir lo terrenal y olvidarnos de lo celestial, a conformarnos con lo humano y a descartar lo divino, a creer en el mundo y a olvidarnos del Evangelio.

Sin embargo, el Señor nos dice: "El Reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio". Ciertamente el Reino de Dios está cerca, pero sólo será una realidad cuando, arrepentidos y convertidos, creamos y vivamos según el Evangelio. Será una realidad cuando vivamos según la Voluntad Divina, cuando -como rezamos en el Salmo (#24)- el Señor "nos descubra sus caminos".

Y, una vez descubiertos los caminos del Señor, podamos seguirlos con docilidad. San Pablo nos recuerda en la Segunda Lectura (1 Cor. 7, 29-31) que "este mundo que vemos es pasajero", yque "la vida es corta". Y nos aconseja cómo conviene que vivamos desapegados de este mundo pasajero y de esta vida corta: "los que sufren, como si no sufrieran; los que están alegres, como si no se alegraran; los que compran como si no compraran; los casados, como si no lo estuvieran". Es decir: "estar en el mundo sin ser del mundo" (cfr. Jn. 17, 14-15). Y cuando el Señor nos llame, no hay que seguir el ejemplo de Jonás: duro para responder. Hay que imitar a otros: a Pedro, Andrés, Santiago, Juan?. Ellos, sin pensarlo mucho, dijeron sí enseguida y siguieron al Señor.
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