10 Septiembre 201723 Tiempo Ord

Homilia de Padre Phil Bloom
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23 Tiempo Ord



Homilia de la Parroquia Nuestra Senora de la Caridad del Cobre, Caracas
Homilia.org
23 Tiempo Ord
Domingo 23 del Tiempo Ordinario - Ciclo "A"
10 de Septiembre de 2017

Las lecturas de este Domingo nos presentan una faceta importante, aunque muy delicada, del amor al prójimo. Se trata de la corrección fraterna; es decir, de cómo corregir a los demás de acuerdo a las instrucciones que nos da Jesús en el Evangelio de San Mateo (Mt. 18, 15-20).

Se trata de la obligación de todos aquéllos que tienen personas a su cargo: padres de familia, educadores, superiores, pastores del pueblo de Dios, etc. de corregir, de no dejar pasar las faltas que deben ser corregidas, pero de hacerlo cómo nos lo indica tan claramente el Señor en este Evangelio.

En la Segunda Lectura, San Pablo nos habla de la "deuda del amor mutuo" que tenemos para con nuestro prójimo (Rm. 13, 8-10). Y una de esas deudas es la corrección debidamente hecha por quien corresponde hacerla.

Sabemos que todos los consejos y exigencias de Dios para con los seres humanos están dirigidos al bien de cada uno de nosotros en particular y al bien de la humanidad en su conjunto. Aún los preceptos más exigentes y que nos parezcan muy difíciles de cumplir, son para nuestro mayor bien.

Veamos sólo unos ejemplos de nuestros días: la perversión sexual ¿qué ha traído como consecuencia? Destrucción de las familias, hijos abandonados, enfermedades incurables, el desprestigio de la Iglesia, etc. La avaricia por dinero y por bienes ha causado robos, asesinatos, tráfico de drogas, corrupción, etc. ¿A qué se deben todos estos males? A que los hombres y mujeres de hoy hemos dejado de cumplir la Ley de Dios. Y así podríamos seguir enumerando situaciones de pecados personales, que causan daño a la misma persona que los comete, a otras personas cercanas y también a la sociedad en su conjunto.

Cuando faltamos a una ley, a una exigencia o a algún consejo de Dios, las cosas salen mal, y sus consecuencias son tanto espirituales, como materiales, y -aunque no nos demos cuenta- son para pocos y son para muchos. Si en alguna situación podemos ver en forma inmediata los efectos negativos que puede tener no seguir la recomendación del Señor es en esto de la corrección a los demás.

En efecto, si no se siguen los pasos que el mismo Jesús nos da en este Evangelio, las consecuencias negativas se sienten y se sufren enseguida. Por cierto, este sapientísimo consejo de Jesús es aplicable tanto al plano espiritual, como a situaciones cotidianas que se nos pueden presentar.

Jesús nos da con mucha precisión la forma como debemos corregirnos unos a otros. Primer Paso: "Si alguien comete un pecado, amonéstalo a solas". Segundo Paso: "Si no te hace caso, hazlo delante de dos o tres testigos". Tercer Paso: "Si ni así te hace caso, díselo a la comunidad". Cuarto Paso: "Si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él". La experiencia muestra que cuando corregimos a otro u otros de una manera distinta a este orden que nos indica el Señor, se crean problemas, pues el corregido se siente atacado injustamente. Por ejemplo, si alteras el orden y haces el segundo o tercer paso de primero, se interpreta que has hecho un chisme. Si haces el cuarto paso, sin pasar por los otros tres, estás faltando a la caridad, pues aunque la persona a corregir sea culpable de algo, no puedes alejarte sin darle alguna explicación o sin que al menos entienda por qué te estás alejando.

Ahora bien... ¿qué significa "apartarse de él"? No significa despreciar a la persona, no tratarla o no saludarla. Apartarse significa diferenciar el pecado del pecador. Significa, ante todo, no seguir sus proposiciones, ni sus caminos. Pero podría significar, además, "sacudirse el polvo de las sandalias" (Mt. 10, 14), como también aconsejó Jesús a sus discípulos para cuando no fueran escuchados.

Otra cosa que hay que tener en cuenta es que corregir -cuando hay que corregir- es una obligación ineludible. Para aquéllos a quienes el Señor les ha dado responsabilidad sobre otros, la corrección no se puede evadir. Esto es especialmente importante para los padres que muchas veces temen corregir a sus hijos por miedo a no ser queridospor ellos.

En la Primera Lectura del Profeta Ezequiel (Ez. 33, 7-9), el Señor es muy severo con respecto a personas que, teniendo la obligación de corregir a otros, no lo hacen.

"Si Yo pronuncio sentencia de muerte contra un hombre, porque es malvado, y tú no lo amonestas para que se aparte del mal camino, el malvado morirá por su culpa, pero Yo te pediré cuenta de su vida. En cambio, si tú lo amonestas para que deje su mal camino y él no lo deja, morirá por su culpa, pero tú habrás salvado tu vida".

¿Qué significa esto? ¿Qué conexión hay entre esta lectura del Profeta Ezequiel y el consejo de Cristo sobre la corrección fraterna? Son los dos extremos, las dos caras de la misma moneda.

Significa que, aquéllos que teniendo responsabilidad para con otros, prefieren no corregir a quienes hay la obligación de corregir y dejan pasar las cosas por miedo a ser rechazados, por miedo a perder popularidad, por miedo a ser tachados de intransigentes o por miedo al conflicto, corren el riesgo de ser ellos mismos amonestados por Dios por no cumplir su responsabilidad.

Ahora bien, no siempre depende de nosotros el buen resultado de la corrección, pues a veces, aún siguiendo el orden que el Señor nos da, el otro puede rechazarla. Por el contrario, depende siempre de nosotros el buen resultado, cuando somos nosotros los corregidos. El dejarse corregir es un deber tan importante, como corregir.

Pero, por otro lado hay que tener en cuenta otra instrucción del Señor, que es muy clara, muy exigente y de mucho cuidado. Es lo opuesto a la corrección. Se trata del juicio a los demás. La admonición de Jesús sobre el juicio a los demás es de tanta severidad, como la de Dios Padre al Profeta Ezequiel por no corregir a alguien. Así nos dice Jesús: "No juzguen y no serán juzgados, y con la medida con que midan los medirán a ustedes. ¿Por qué ves la pelusa en el ojo de tu hermano y no ves la viga en el tuyo? ¿Cómo te atreves a decir a tu hermano: Déjame sacarte esa pelusa del ojo, teniendo tú una viga en el tuyo? Hipócrita, sácate primero la viga que tienes en el ojo y así verás mejor para sacar la pelusa del ojo de tu hermano" (Mt. 7, 1-5).

Sin embargo, con frecuencia nos toca hacer juicios sobre las acciones propias y de los demás. ¿Cómo podemos cumplir la previa instrucción del Señor de corregir, si no nos hacemos un criterio de un acto o una actitud del prójimo? ¿Cómo resolver este dilema? ¿Debemos juzgar o no podemos juzgar? ¿Qué debemos juzgar? ¿Cómo debemos juzgar? Podemos y de hecho a veces tenemos la obligación de juzgar un hecho, una acción, una actitud para hacernos un criterio moral sobre algo que observamos no está bien. Estamos, entonces, juzgando un hecho. Lo que no podemos hacer es juzgar a la persona, mucho menos condenarla.

Con la persona, con el pecador, misericordia. De allí que el Señor después de decirnos: No juzguen y no serán juzgados, enseguida nos diga: con la medida con que midan los medirán a ustedes.

Si somos duros y faltos de misericordia, así seremos tratados y medidos por el Señor. Si, por el contrario, somos capaces de condenar el pecado con toda la fuerza que sea necesaria, pero podemos ser comprensivos y misericordiosos con el pecador, el Señor usará esa medida con nosotros.

De elemental lógica es el siguiente consejo de Jesús: ¿Por qué ves la pelusa en el ojo de tu hermano y no ves la viga en el tuyo? Y en esto fallamos ¡tanto! Estamos muy listos para corregir al otro de algo pequeño y no nos damos cuenta (o no aceptamos ser corregidos) de cosas nuestras mucho más graves.

El Señor concluye su consejo recomendando la oración entre dos o más. "Yo les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre Celestial se lo concederá".

Pareciera que en este caso el Señor pueda estar refiriéndose a que cuando tengamos a alguien cercano a quien hay que sacar del mal, la oración en común por éste no debe faltar. Siempre la oración por la conversión de alguien es bien escuchada en el Cielo. Y estamos seguros que las gracias llegan a esa persona. Claro está: todo depende después de la libertad que cada uno de los seres humanos tiene para recibir o no esas gracias, es decir, para dar un sí o un no a la Voluntad de Dios.

En conclusión:
1.) Una cosa es juzgar el pecado y otra cosa es juzgar al pecador.
2.) No debemos estar juzgando a todo el mundo, pero los que tiene responsabilidad no pueden evadir la corrección cuando sea necesario hacerla.
3.) Pero para que todo salga bien al corregir, para corregir de acuerdo a Dios, debemos corregir siguiendo los pasos de la corrección fraterna que el mismo Señor nos dejó.
4.) Estar pendiente de nuestros defectos, faltas y pecado, más que de los de los demás.
5.) No debemos olvidar orar para que el pecador enmiende su vida.


Fiesta de Nuestra Señora de Coromoto
Tiempo Ordinario - Ciclo "A"
Lunes 11 de Septiembre de 2017


Es la Fiesta de Nuestra Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela. Y ¿por qué y desde cuándo es María en esta advocación criolla Patrona de nuestro país? ¿Por qué, de entre tantas advocaciones a la Virgen nuestros Obispos escogieron precisamente la de Coromoto?

Todas las devociones marianas específicamente venezolanas son dignas de la mayor consideración y aprecio, pero la de la Virgen de Coromoto tiene un característica muy importante que la distingue: esta advocación es la única que se origina en una aparición real de la Santísima Virgen. Ella se apareció a nuestros aborígenes y, además, les dejó su imagen impresa, que es la reliquia de la Virgen de Coromoto que los venezolanos veneramos.
Otro detalle interesantísimo es que ésta es la única aparición mariana en que la Santísima Virgen actúa como evangelizadora: envía a los indios a ser bautizados y a recibir instrucción religiosa. En efecto, la Santísima Virgen se les presentó, con un Niño en sus brazos y caminando sobre las aguas de una quebrada, al Cacique de los Cospes y su mujer, ordenándoles “ir al sitio donde vivían los blancos para recibir el agua sobre la cabeza y así poder ir al Cielo”. (cfr. Hno. Nectario María en Tiempo de los Tiempos).

Y fue así como los indios, guiados por “la hermosa Señora”, recibieron el don de la Fe Cristiana y la gracia del Bautismo, no sin pasar por dudas, penas, vicisitudes, rebeldías, etc., igual que nosotros las pasamos en nuestro camino hacia el Cielo, ese sitio que Dios nuestro Padre nos tiene preparado para después de nuestra vida en la tierra.

Notemos que en esta aparición la Virgen María cumple con el mandato de evangelización que su Hijo nos dejó antes de la Ascensión: “Hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos ... y enséñenles a cumplir todo lo que Yo les he encomendado” (Mt. 28, 19-10). Además esta devoción es la primera en el tiempo, pues se remonta a los tiempos de la Evangelización primitiva de los Indios cuando la Fe apenas empezaba a nacer en tierras Americanas por allá en el siglo XVII.

Así que cuando en 1942 los Obispos venezolanos se dieron cuenta de que la Santísima Virgen María se había aparecido en persona a Coromoto, es decir que ésta era una aparición real y, tomando en cuenta todas las características de esta advocación, decidieron hacer a Nuestra Señora de Coromoto Patrona de Venezuela.

Después de Guadalupe, ésta es la única aparición real de que se tuviera noticias en nuestro continente. Durante esa evangelización primitiva en nuestras tierras costaba mucho convencer a los indios. Por eso la Virgen interviene de manera sobrenatural y visible. La primera Aparición tuvo lugar en el año de 1651 cuando el cacique de los Cospes se dirigía en compañía de su mujer a trabajar en el campo. Al llegar a una quebrada, una hermosa Señora que sostenía en sus brazos un precioso Niño, apareció caminando sobre las aguas diciéndoles en la lengua propia de los Indios "salgan a donde están los blancos para que les echen agua sobre sus cabezas para subir al Cielo".

Al principio el Cacique Coromoto asistió con gusto a las instrucciones catequísticas, pero con el tiempo se fue poniendo molesto, tal vez porque ya no era el que mandaba y ya no tenía la misma libertad al tener que vivir bajo la autoridad de los españoles. Por eso planeó su fuga sin haber recibido el bautismo. Mientras estaba cavilando esto, recostado en su choza, estando también con él su esposa, su hermana Isabel y un hijo de éste llamado Juan, ¿qué sucede? Se vuelve a aparecer la bella Señora. Al verla de nuevo el Cacique le dijo: “¿hasta cuándo me quieres perseguir?”. Ella le miraba sonriente. El insistía: “¡con matarte me dejarás!”. La Virgen se adelantó hacia el Cacique, pero él se abalanzó sobre ella para asirla del brazo y echarla fuera. “Aquí la tengo”, dijo el Indio en tono de furia y triunfo. ¿Qué era lo que tenía? Al abrir su mano lo que tenía era el retrato de la bella Señora, que es la reliquia que conservamos los venezolanos de nuestra Patrona. A veces el Señor nos induce y nos ayuda a reconocer nuestras faltas. Nos busca como buscó a la oveja perdida, por montes y valles, hasta que nos encuentra y nos regresa. A veces nos deja la cuerda bien larga como al hijo pródigo. Con ése esperó que las circunstancias de la vida que había escogido lo hiciera ver su errores. A veces tiene que usar formas diferentes, como hizo con el indio Coromoto.

Sucedió que éste no quería adaptarse a lo que la Señora le había pedido: ir al sitio de los blancos para recibir el Bautismo y así poder ir al Cielo. Coromoto no aguantaba estar sometido a un régimen sedentario y –mucho menos- a una autoridad. Por eso decidió escaparse con sus indios; pero apenas había entrado en la selva, lo mordió una serpiente venenosa. Sólo estando moribundo, comenzó a arrepentirse, pidiendo a gritos el Bautismo.

Dios, que sabe cómo disponer sus planes, permitió esa situación de peligro mortal para que el rebelde Coromoto recibiera el Bautismo de manos de un laico que pasaba por el lugar y que sabía lo que tenía que hacer para bautizar al moribundo. Y Coromoto muere acabado de bautizar, perdonado por el Señor y -además- muere evangelizador como la “Señora”, pues antes de morir ordenó a sus indios que se mantuvieran con los blancos, para recibir la instrucción religiosa y ser bautizados para ser cristianos.

¿No recuerda historia de Coromoto nuestra propia historia de rebeldía o de rebeldías contra Dios? Y esa actitud de independencia ante Dios, de querer disponer nosotros cómo ha de ser nuestra vida, nos puede llevar al pecado y a irnos alejando de Dios, quizá sin darnos mucha cuenta.

Coromoto persistió en su rebeldía hasta el momento mismo de su muerte. Sólo así solicitó el Bautismo. Coromoto murió bautizado ... Y nosotros ... ¿esperaremos el momento de la muerte para reaccionar, para responder al llamado de Dios nuestro Señor?

Dios quiere estar presente en nuestras vidas. Nos ha enviado y nos envía a la Santísima Virgen María, Su Madre -y Madre nuestra también- para que nos lleve a El. Ella, afanosa, busca a todos los "Coromotos", a todos los rebeldes, para llevarnos a su Hijo, para guiarnos por el Camino que lleva al Cielo. ¿Seguiremos siendo rebeldes?

Ahora bien, la mayoría de los hombres y mujeres cristianos recibimos el Bautismo, no como Coromoto justo antes de morir, sino más bien al nacer. Y el desarrollo de nuestra vida espiritual se asemeja mucho a nuestra vida natural: nacemos a la vida del Espíritu con el Bautismo y, para poder llegar a nuestra meta que es el Cielo, necesitamos desarrollar durante nuestra vida en la tierra, esa vida espiritual y la Fe recibida en el Bautismo. Para ir creciendo en la Fe Cristiana y en la vida espiritual tenemos a nuestra disposición los Sacramentos, especialmente la Eucaristía, que es el alimento que nutre esa vida, y la Confesión, que es la medicina que la sana cuando se enferma por el pecado. El agua que hidrata nuestra vida espiritual es la oración, especialmente la oración de recogimiento y silencio.

Oración, Eucaristía y Confesión son los medios que tenemos para desarrollar y guardar la gracia de la Fe Cristiana recibida en el Bautismo.

Fuimos creados por Dios para conocerlo, servirlo y amarlo -amarlo por sobre todas las cosas- durante nuestra vida en la tierra, y así luego ser felices para siempre, estando en Su Presencia durante toda la eternidad en el Cielo, ese lugar imposible de imaginarnos con nuestros razonamientos humanos limitados e imposible de explicar con nuestro lenguaje humano insuficiente, pues el Cielo pertenece a la eternidad, y nuestro razonar y nuestro hablar pertenecen a la temporalidad. (cfr. 1a Cor. 2,9)veneramos

Y Dios -en su Amor y en su Misericordia infinitos- nos llama y nos busca, de muchas maneras. A veces tiene que buscarnos como a Coromoto, para que le respondamos, para que nos arrepintamos, para El podernos perdonar. Dios siempre nos quiere perdonar. No nos busca para reprendernos, ni para castigarnos. Nos busca para perdonarnos. Los Obispos de Venezuela consagraron el país al Corazón Inmaculado de la Virgen de Coromoto el 26 de junio de 2011. Muchas cosas buenas vienen y vendrán de esa Consagración. Pero debemos también consagrarnos nosotros mismos como personas y como familias; también como grupos eclesiales y como Parroquias. Consagrarnos a María significa ponernos en manos de la Santísima Virgen para dejarnos guiar por Ella. Ella nos lleva a su Hijo. La necesitamos, porque Ella es la que comanda las fuerzas del Bien en su lucha contra las fuerzas del Mal.

CONSAGRACION AL INMACULADO CORAZON
DE NUESTRA SEÑORA DE COROMOTO

¡Oh Madre nuestra!
Queremos consagrarnos a tu Inmaculado Corazón
y rogarte por nuestra querida Venezuela.
Primeramente te entrego
mi cuerpo y mi alma,

mi pasado, mi presente y mi futuro,
todo lo que soy y todo lo que tengo.
Enséñame a amar la Voluntad de Dios
y guíame para vivir en ella.
Aleja lo que pueda enturbiar
nuestra fe católica
y lo que pueda ofender a tu Hijo,
a quien aclamamos como
Señor de la historia.
No queremos otras doctrinas,
sino las contenidas en el Evangelio
y enseñadas por el Magisterio de la Iglesia Católica.

Madre amadísima:
Recibe nuestros corazones
para que sean colocados
ante el Trono del Altísimo.
¡Oh Virgen de Coromoto,
Patrona de Venezuela!
Guárdanos en tu Corazón Inmaculado y renueva la Fe en toda la extensión de nuestra patria.
Amén.
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